EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

Relato en pequeño formato - En mi voz -- Amigos

domingo, 20 de diciembre de 2015

Relato a 4 manos


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   Amor pernicioso —                                                  
     Ada Inés Lerner, Diego Alejandro Majluff










Franco estaba decepcionado  con su último romance. Juliana no 
se sintió conmovida por las atenciones de su amante y una vez que 
creyó que se conocían lo suficiente y después de haber cedido su 
cuerpo entero a una pasión demoníaca, según su entender, se alejó de él 
para buscar otras experiencias.
   Franco, estaba realmente enamorado y sintió necesidad de 
perseguir a la mujer que lo había conmovido con malas artes. 
Le recomendaron una poción que lo conectaba a un totem y a través 
de ese brebaje y a pesar de su escepticismo penetró visiones en 
la mente de ella.
   Se lo vendió un nigromante. Consiguió entrar en los sueños de 
Juliana. En realidad buscaba que ella experimentara una súbita 
pesadilla que se repitiera tantas veces que, desesperada, regresara 
a buscarlo. Franco no reparó en gastos para lograrlo y hasta 
él mismo ingirió una pócima oscura y presenció rituales del vudú 
haitiano que lo convirtió en un ser malvado con tétricos impulsos de 
violencia  homosexual, heterosexual e incluso zoofilias.
   Ya su corazón había negado a Juliana tres veces cuando ésta volvió 
a buscarlo y él no la reconoció. Negó enfáticamente haberla amado 
y cuando ella le espetó con bronca que estaba embarazada de él, 
Franco se abalanzó con uñas como garras que la lastimaron tanto 
que quedó internada y con una amnesia postraumática que los médicos 
dudaban que pudiera superar. Incluso sospechaban que el feto 
había sido maltratado con tanto sadismo que ellos dudaban de 
permitir que continuara desarrollándose.
   Ya fuera de sí Franco siguió con sus rituales, su rostro mostraba una 
expresión infantil y al mismo tiempo su mirada era caótica. 
Se le prohibió visitar a Juliana porque le provocaba reacciones 
negativas en su salud, tales como sangrías, sarpullidos, fiebres 
de origen desconocido. Era un amor pernicioso.     



sábado, 19 de diciembre de 2015

Ficciones en mi voz

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Saturno y sus lunas

Ada Inés Lerner

                                            — Nunca debí volver —

Nunca debí volver. Fue una mala idea. Ayer pertenecía a la UAC Universal, fui doctorada en exo biología  en sus laboratorios científicos y en los viajes espaciales de investigación a Saturno y a Titán, la aclimatación y sus peripecias me han dejado en el alma y en el cuerpo algunas huellas.
    No previne que en mi pueblo y en el planeta todo, el éxodo había cambiado el paisaje, 
el humor de la gente, la vida en general; mi mejor amiga tiene una relación con un sistema 
operativo, lo ama, sí, ella lo ama y él a ella.
   La veo caminar por las calles o tomar un cortado mientras escucha sonriendo a su amado
por un microscópico auricular insertado en su oído izquierdo.
   Es algo raro, me parece, dice que está enamorada de él no sólo porque es rápido y
eficiente, sino porque es cálido y atento, está cerca siempre, en su teléfono inteligente, en
su casa, en el trabajo, en fin, ella lo corporiza con el aspecto de George Clooney y donde
más lo necesita.
   Dice que hace el amor más ardiente que su ex marido.
   —¿Cómo? —le pregunté
   —Un grupo de cirujanos especialistas en estética cyborg me implantó un puerto USB,
¡te imaginas dónde! —dijo entre risas —y Georgy tiene una prolongación ideal que no
necesita lubricante y me hace feliz.
   —¡Claro! —dije horrorizada
   —Su voz me acaricia con canciones mientras duermo y me mira arrobado, yo me acaricio
 y él aúlla como un lobo —y agregó —como un lobo feroz, dice que yo soy su Caperucita.
   Mientras, mi amiga suspiraba y me presentaba a su amigo en una laptop de cristal negro
sentí que ella, en su locura, estaba realmente enamorada.  
   Entiendo que ya es difícil enamorarse en esta época, en esta sociedad… es raro,
pero la veo tan feliz que temo llegar a mimetizarme en una relación de a tres.      
   Y no es el único caso porque donde estaba el lugar de la calesita de mi infancia instalaron
un gran salón con boxes privados con servicio de bar donde los concurrentes pueden
suplantar el silencio de sus vidas.  
   Muchos, demasiados locales han sido absorbidos y están tan al paso…
   En los suburbios más pobres, todavía no llegan, porque hay baldíos marcados por la
basura radioactiva que cae de los satélites artificiales. 
   Los cómplices de mi adolescencia se han ido ¡vaya una a saber adónde! y ni las paredes
de las casas han quedado en pie en el sitio en que yo había sido muy feliz: a pesar del
entrenamiento, resguardo los recuerdos de mi infancia de pueblo. 
   Las antiguas casas de la partera y la farmacia ya no están, Defensa Civil, casi inexistente,
alguien levantó un edificio profundo donde funciona un refugio y cada tanto una alarma
llama a los sobrevivientes, antes de entrar los examinan con el láser y luego les dan un
hogar de acero sin ventanas ni el calor del sol cada vez más lejano.      
   Ayer yo no conocía los resguardos y hoy sé que están obsoletos aunque imprescindibles
pero ¡tan cerca de mi escuela! donde todavía se enseña y se aprende,  para una que ya sabe
que por ahí no pasará el futuro y porque es difícil regresar donde las ilusiones ya no crecen
como la enamorada del muro.
    No, gracias al progreso y a la tecnología nada dura para siempre. Al pasar por esos
lugares eché de menos a alguien que en su momento estuvo a mi lado y hoy se fue
¡quién sabe adónde!  Quizás acompañando a otra, que ni siquiera puedo odiar.
   Por si fuera poco aunque él regrese y no me reconozca será porque él tampoco es
el mismo.
   Y es posible que lo peor de tal visita sea que pasé por el viejo y ruinoso bar, el único
que quedó mostrando la piel ajada de una necesidad humana del vicio y me reconozca
“el malo de la historia”  y me vuelva a decir con la misma  voz burlona.
—Hola Raquelita, pero si sos vos, vos, la novia de la juventud, tengo amores con una
muñeca. Ahora sos investigadora ¿Querés ver mi antigua farmacia?
Nunca debí volver     


jueves, 10 de diciembre de 2015

Medio siglo: Emigrantes – Ada Inés Lerner



Medio siglo: Emigrantes – Ada Inés Lerner: Medio siglo: Emigrantes – Ada Inés Lerner : Nos detenemos un segundo antes de entrar al fango de aldeas situadas frente al flanco violento ...

Escritor invitado: Sergio Varela


"Película de guerra"

Se zambulló en el beso con sed. Cada gota del dulce néctar de la saliva caliente de ella lo revivía. Ella profanó con fetichismo precoz aquella chaqueta azul luftwaffe del uniforme de gala de la Fuerza Aérea Argentina.MICR0FICCION VIERNES 11

La penumbra del cine los cobijaba en aquel cuerpo a cuerpo febril en el que él repetía un ritual de antiguos guerreros, quienes tras las batallas se desprendían de la muerte y recuperaban el alma en brazos de sacerdotisas del erotismo.
Era el 20 de junio de 1982, y él sabía que transcurrían sus últimos minutos de libertad hasta que culminara su servicio militar. Su frase en el discurso del brigadier sobre cómo “le hicimos la guerra al colonialismo inglés y su hermano putativo el imperialismo yanqui” había hecho las delicias de los tercermundistas pilotos peruanos de los MIG 23, pero poca gracia había causado entre los asesores israelíes que verificaban la eficacia de los Dagger, los aviones Mirage mejorados por el largo brazo tecnológico de Sión.

Los disimulados orgasmos en las butacas oficiaban de exorcismo para olvidar aquella otra jornada cinematográfica en el interior de la Base, cuando para “entretener a la tropa” habían proyectado Apocalipsis Now, con Marlon Brando clamando “¡The horror! ¡The horror!” en el más 
estremecedor drama bélico de la historia del cine.
Ni al más psicópata personaje de ese film se le hubiera ocurrido una idea así.
Como la de semejante guerra.
(*) El autor: Sergio Varela es un escritor argentino nacido en 1962, residente en Ituzaingó 
 Bs. As. Fue finalista del III Concurso de TwiteRelatos por la Identidad, del Concurso Internacional de Microrrelatos de Homenaje a Cortázar (España) y del Premio Alejandría 
de Cuento Breve 2011.
Microficción seleccionada por Luciano Doti (Lomas del Mirador). 
Twitter: @Luciano_Doti
Co

Minimalismos: Por escrito gallina una - Julio Cort...



Minimalismos: Por escrito gallina una - Julio Cort...: Minimalismos: Por escrito gallina una - Julio Cortázar : Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos...

Los cuentos del Can Cerbero



¿Adónde va mi sombra? Ana María Caillet Bois, Ada Inés Lerner, María Jesus Valenzuela

Hoy tengo unas ganas locas de caminar por el parque, de echarme sobre el pasto y mirar las nubes que con total libertad son llevadas por el viento. Hoy no quiero extrañar a nadie, 
ni recordar el pasado. El otoño cruje debajo de mis pies. Pero es inevitable, él viene y 
se posesiona de mi mente.
—¡Basta! —exclamo. Sigo mi marcha presurosa, como para ganarle a los 
pensamientos. El día declina. Me vuelvo para observar mi sombra delineada que camina 
adelante; la dejo pasar, ahora la sigo, escucho un murmullo; es ella que se acerca a mi oído; siento su aliento junto a mi cara, quiere que juguemos con otras sombras.
En un minuto se juntaron varias y comenzó el juego: uno, dos, tres, cuatro, cinco,
listo el que no se escondió se embromó, arroz con leche me quiero casar. La farolera
tropezó y… las risas de las sombras que volvieron a los juegos de sus dueños en la infancia,
cuando se escuchaban en todo el parque hoy ya no están.
Son otras risas, otros juegos, otros niños. Entonces busco mi sombra y veo que está lejos,
debilitada, pequeña. Ya no quiere jugar,  desaparece entre las hojas amarillas del sendero,
y él vuelve, con un abrazo se apodera de mi sombra. En silencio caminamos juntos,
es mágica la tarde a su lado, se escuchan los pájaros despidiendo el día.
El crepúsculo nos va uniendo cada vez más.
Ahora son nuestras sombras entrelazadas en caricias las que se unen en el horizonte.

Acerca de los autores:
Ana María Caillet Bois