EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

Relato en pequeño formato - En mi voz -- Amigos

domingo, 13 de mayo de 2018

Thelma Nava Tlatelolco

Tomar riesgos está en la naturaleza de lo humano; caso contrario nos hubiésemos quedado resguardados en las cuevas. (anónimo)
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tomada de Google : laizquieradiario.mx
                                                                                               


Thelma Nava

México -1931
Tlatelolco 68
.Es preciso decirlo todo, 
porque la lluvia pertinaz y el tiempo de los niños
sobre los verdes prados nuevamente
podrían lograr que alguien olvide.
Nosotros no.
Los padres de los otros tampoco y los hijos y
los hermanos
que pueden contarnos las historias
y reconstruyan los nombres y vidas de sus muertos tampoco.
                                                                                    II
Tlatelolco es una pequeña ciudad aterrada
que busca el nombre de sus muertos.
Los sobrevivientes no terminan de iniciar el éxodo.
Pequeña ciudad fantasma, húmeda y triste
a punto de derrumbarse si alguien se atreviera
a tocarla nuevamente.
Nada perdonaremos.
Rechazamos todo intento de justificación.
                                                                                    III
Miro pasar las ambulancias silenciosas una tras
otra
mientras aquí en el auto
un anciano que sangra y no comprende nada
está en mis manos.
                                                                                    IV
Que no se olvide nada.
aunque pinten de nuevo los muros
y laven una y otra vez las piedras
y sean arrasados los prados incendiados con pólvora
para borrar, definitivamente
cualquier huella.
                                                                                   V
Ellos ignoran que los muertos crecen,
que han echado raíces sobre las ruinas
aunque los hayan desaparecido
(para que nadie verifique cifras).
Todo ha sido invadido por la sangre.
Aún vuelan partículas por el aire que recuerda.

Es de esperarse nuevamente su visita.


lunes, 7 de mayo de 2018

Carnaval rojo sangre Cuentos a 3 cabezas

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Carnaval rojo sangre -                                                                       

Autores: Ada Inés Lerner, 
Daniel Alcoba & 
Erath Juárez Hernández


Las voces seguían el ritmo de las palmadas; los bailarines atravesaban el salón danzando. 
¡Todos con el antifaz! repetían desde el micrófono.
Julio buscaba a Antonio.
Y todos contaban los segundos que faltaban para el Año Nuevo.
El blanco de Pierrot estaba abrazado a Robin Hood cerca de la tarima de los músicos.
Llegó a él.
¡Seis!... ¡cinco!... ¡cuatro!...
—¡Antonio! dejálo —gritó Julio —yo soy tu Arlequin . ...
—¡tres! ¡dos!... ¡uno!... ¡Año nuevo! —gritó el speaker
—¡Sangre! ¡Sangre! —se oyó.
Al pie de la orquesta, con una flecha de caza atravesándole el cogote, cuyas afiladas cuchillas seccionaron sus carótidas, yacía Julio nadando en su sangre.
 A su lado Pierrot, que tenía en la diestra otras dos flechas idénticas a la de autos, gritaba “¡Yo no he sido!” y Robin Hood señalándose la espalda vociferaba “¡el asesino me robó el arco!”.
–¿Y por qué Colombina va disfrazada de Robín Hood? –Preguntó el inspector Romero.
—Vamos Romero, ¿Y a ti quién te ha invitado? Esto es una fiesta y como todos los años la acabas de echar a perder con ese disfraz.
Julio se levantó, se arrancó las flechas ensangrentadas y las entregó a Romero.
De entre los músicos salió un joven disfrazado de Cupido, ¿podemos continuar la fiesta?
La música sonó de nuevo, Romero besó a Pierrot, Cupido a Julio, Robin Hood a Antonio.
La gente evita pasar por ese edificio en Año Nuevo desde el incendio del 65.




martes, 1 de mayo de 2018

Cuento breve - CHAT


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tomado de Google


 — CHAT — Claudia Lonfat, Ada Inés Lerner, Julio Azzimonti

Selva había conocido a Luis_20 en una sala de chat de poetas.
 Lo único que tenía en común con ellos, era esa necesidad de embellecer lo feo, lo cotidiano, mediante el ardid de las palabras. 
El Nick que utilizaba, era un mazo muy parecido al de Thor, el dios del trueno. 
Me pareció raro, pero no tanto como las razones que, seguramente, lo llevaron a meterse en ese chat de poetas, me lo decía mi olfato de chateadora compulsiva… 
Luis_20 alabó los haikus de Selva. 
Luis no perdía ocasión de halagarla por sus palabras etéreas, sus imágenes sugestivas y los colores y sonidos en metáforas excelsas. 
Los textos de Selva eran espirituales y como lo exige la técnica representaban instantes de la exuberante naturaleza. 
Luis también incursionó en la belleza que se podía adivinar en su avatar, en sus ojos verdes y los cabellos negro azabache, palabras que con el transcurrir del tiempo inexorable, fueron tejiendo una red creciente de íntimas confesiones y de cruces de poéticas que se fueron fusionando en espirales de deseos de mutua aceptación. 
Pero la inexplicable y ansiosa compulsión chateadora de Selva, la llevó a dar un paso que sólo sabe el destino porqué lo dió. Gugleo a Luis_20. 
Lo que vió la congeló. Luis Sartoris fué un escritor que había muerto hace 20 años.
 Había dejado un último y enigmático relato inconcluso que llevaba el nombre " Volverè a la Selva".


CUENTOS DEL CAN CERBERO