EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

En mi voz

lunes, 30 de noviembre de 2015

Medio siglo: Bisnes ar bisnes - Daniel Frini



Medio siglo: Bisnes ar bisnes - Daniel Frini: Estoy felizmente casado con Analía; tenemos dos hijas: Luciana, de diez y Marisa que el fin de semana pasado cumplió quince años. Analí...

domingo, 29 de noviembre de 2015

LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO: El trapecista - Rolando José di Lorenzo, Ada Inés ...







LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO: El trapecista - Rolando José di Lorenzo, Ada Inés ...: El trapecista se arriesgaba más y más en cada función. Quería alcanzar marcas que nadie hubiese conseguido, pero con esto no solo él se ...

viernes, 27 de noviembre de 2015

Relato de pequeño formato

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  Ada Inés Lerner & Luciano Doti

Emilia estaba conmocionada por la amabilidad y dedicación de Julio para facilitarle
 su traslado a la universidad, y por cómo se ocupaba de tomar apuntes cuando ella 
faltaba a las clases.
Llegaron los exámenes y él le entregó todo el tiempo que ella necesitaba para 
prepararse, y juntos aprobaron y se felicitaron por los logros obtenidos. 
Obvio es decir que Emilia se enamoró de Julio. ¿Era amor o agradecimiento? 
Ante el silencio de él al respecto, ella se mantuvo discreta y expectante.
Ahora llegaban las vacaciones, y como la familia de Julio tenía una casa espaciosa y cómoda en las playas de Ajó, él la invitó a que fuera con ellos.
Emilia consultó con palabras cuidadas a sus padres. 
Ambos preguntaron con qué intenciones Julio se comportaba así con ella. 
Emilia no supo responder.
Finalmente, aceptó la invitación.
Al arribar, estuvo ansiosa. Pensaba que podía ser inminente algún tipo de desenlace, 
alguna propuesta sexo-afectiva por parte de Julio, pero nada de eso sucedió entonces. 
Por lo demás, él se mostraba tan amable y servicial como siempre.
Un día, Emilia se puso a hurgar en unos cajones y encontró la foto de una chica 
con una discapacidad motriz similar a la suya. Julio la sorprendió por detrás, 
tomó la foto en sus manos y sintió que había llegado el momento.
—Era una chica atormentada; decidió ahogarse en estas playas. 
Con vos tengo una nueva oportunidad de volver a la danza.


jueves, 26 de noviembre de 2015

Relato de pequeño formato

                             

  Titan y Selene en el brocal                         Resultado de imagen para brocal de pozo
Ada Inés Lerner

Anoche observé cómo Titán se deslizó entre los sarmientos de la vid, 
se apoyó en el brocal y sonrió. 
Un momento antes, en ese mismo cielo, las nubes te tejían una mañanita y el viento se apartaba susurrándo: Selene, puedes pasar.
Un ave nocturna silbaba una canción de amor, Selene reflejaba tu silueta desnuda en mi ventana y te acercabas lentamente a mí, exacerbando mi pasión hasta que el deseo se hizo imposible de soportar y te atraje, para besar tus pechos, tu sexo. 
Mi lengua recorrió tu piel en cada hueco hasta que ya desenfrenada acariciabas con la lengua mis miembros viriles.  
Selene, vigilaba nuestros juegos hasta que te penetré. Fueron tuyos los quejidos y nuestro el placer, llegamos a la pequeña muerte una y mil veces. Selene, apasionada, se fue en busca del calor y la luz de Titán.



viernes, 13 de noviembre de 2015

BIFICCIONES: El plagio del juez – Ada Inés Lerner & Raquel Sequ...





BIFICCIONES: El plagio del juez – Ada Inés Lerner & Raquel Sequ...: Mijael Oh, crítico literario de la Editorial Ibrahim que convoca, está preso en La Isla. El juez del caso presentó una novela a concurs...

HOY: POEMA PREMIADO


Plegaria    
              
ay!
mujer desesperada
cuánta sombra ahogan tus estrellas,
una soledad de soledades ciertas
                                                        antiguos rosarios meditas
                                                           en trinos y tristezas,
Quédate en espera                                                                 
        de un momento de sol en tiempo de silencio
         no estará lejos el cruce de caminos

Mientras              escribe el poema de la tarde
                              sueña galopar sobre los mares
Entonces
tal vez allí te encuentre
                      el hechicero de la plegaria
tal vez allí te nombre
                       el fantasma del destino                         
                          para saciar tu sed innecesaria.


 CENTRO DE ESTUDIOS POETICOS
C/Doctor Ulecia 8-Pozuelo de Alarcón-28224-Madrid--Espana
                 Pagina web: http://www.centropoetico.com   Fax 34915630764
Correo electronico: autorizaciones@centropoetico.com

12 de Noviembre  de 2015


Don/Dona Ada Inés Lerner
Tte Camilli 2889
ITUZAINGO
1714 BUENOS AIRES
Argentina
Estimado/a Ada Inés:

Después de leer y estudiar su poema, el Cómite de Selección lo ha catalogado en nuestro concurso, Un Poema en 80 Días, como válido para pasar a la siguiente fase. El jurado está trabajando y esperamos conocer el poema ganador a finales de Noviembre. Como seleccionado tendra usted la oportunidad de ganar el premio de 150 Euros en efectivo. Le deseamos mucha suerte. El poema ganador se publicara en la pagina web en la sección especial  dedicado a los ganadores.







BIFICCIONES: El Purgatorio - Ada Inés Lerner & Luciano Doti





BIFICCIONES: El Purgatorio - Ada Inés Lerner & Luciano Doti: Alejado del grupo de condenados, Teófilo B. cuya identidad no volveremos a mencionar, se acodó en la baranda mientras miraba las riberas...

jueves, 12 de noviembre de 2015

BIFICCIONES: Olimpíada Alien - Alejandro Bentivoglio & Ada Inés...





BIFICCIONES: Olimpíada Alien - Alejandro Bentivoglio & Ada Inés...: Ahora me levanto y termino de escalar el Everest. Sí, tengo sueño y estoy cansado. Pero un esfuercito más puedo hacer. De última me traj...

BIFICCIONES: Indiscreción – Carlos Enrique Saldivar & Ada Inés ...



BIFICCIONES: Indiscreción – Carlos Enrique Saldivar & Ada Inés ...: Me hallaba en una discoteca. Vi a una linda chica pedir un trago en la barra. Quise establecer contacto y usé una táctica espontánea: ...

El ajedrez de los niños

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Desde el ajedrez de los niños 
Ada Inés Lerner

La bruja abrió el Libro Amarillo y recorrió sus páginas sanguinolentas. Escudriñó a un lado y a otro para asegurarse que nadie la espiaba y cuando estuvo segura que estaba sola buscó un potaje secreto y el espejo mágico para embellecer su rostro, quería conquistar al nuevo verdugo. 
Hombre fiel al Rey Blanco y a sus deberes podría suministrarle cabezas decapitadas para sus experimentos. Cuando vio que el día se desmoronaba en nubarrones negros como su alma se acercó volando a la casa de su futuro cómplice. En su ansiedad olvidó cambiar su ropa pero en un toque mágico se vistió de lila. Esperaba ansiosa que él la recibiera.
—¡Verdugo! —gritó frente a su puerta, las paredes se estremecieron —tengo algo importante que ofrecerte —simuló con una vocecita sugestiva y casi femenina —Tú que eres el temor de todos los reyes y peones podrás vivir por siempre si hacemos un arreglo.
Silencio.
 —¡Yo no tengo miedo de los reyes ni peones! —bramó el verdugo —¡Fuera, de mi puerta, vete! —gritó de tal forma que el Rey Negro que cazaba por las cercanías los escuchó. Y también sus alguaciles que en tiempo de paz tocaban en sus laúdes  canciones a las Reinas que jugaban con las Torres. 
Los caballos blancos relincharon fiero y la Reina  Madre Blanca cuchicheó con su par, la Reina Madre Negra, porque a las Madres no les gusta la guerra, y cubrieron de polvo los ojos de la bruja que se retiró desarrapada y sucia y el Verdugo no abrió nunca más su puerta. Allí quedó esclavo. 
—Los peones no tienen que preocuparse todo será paz y alegría porque —sonrieron —los hombres no existen.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Relato de pequeño fornato

Microficción: “La dascha” Por: Abel Maas (*)

MICROFICCION MIERCOLES 11

Al principio, da la impresión que se acercan para compartir intereses culturales o científicos, pero en nuestra familia sabemos olerlos: hay personas  y animales de ambos sexos a los que sólo les interesa abusar de nuestro cuerpo, les gusta hacer eso y no hacen otra cosa que planearlo todo el santo día, buscando el mejor modo de pegar el zarpazo.
Pero no sólo somos víctimas sufrientes de nuestra belleza y atractivo personal, sino también de nuestro encanto arrasador, una mente fuera de lo común, la voz y la mirada, las uñas siempre limpias, y eso nos viene tanto del lado de la rama paterna como de la materna pero más de la paterna.
Una elegancia pero no la de la ropa, sino la del alma, una gracia pero no la de los chistes – hablamos de la gracia de Dios-  un corazón generoso, esa sagrada debilidad, como decía mi tía Beatriz, un estar a merced, siempre sin desatender la evolución de las cotizaciones de la bolsa de valores. Aúllan con todo eso y nos agarran indefensos, pensando en las musarañas.
La leyenda cuenta que la cosa empezó hace tres siglos, en Lubelskie, el día en que un antepasado salió de su dascha mientras caía una fuerte nevada;  se desnudó completamente y con su larga barba blanca cubriéndole los genitales, se paró en el medio de la calle, alzó su cabeza bíblica, abrió lentamente los brazos y dijo: “nijaibudietak”, que en ruso quiere decir: “y sin embargo es gracioso”.
A ciencia cierta, nadie supo nada nunca si la traducción era la correcta y no es asunto que interese, pero eso fue exactamente lo que sucedió. Después pasaron más cosas a las que fuimos sometidos, pero los del concurso exigen las famosas 300 palabras, contando el título.
El autor: Abel Maas (Buenos Aires, 1947). Cursó estudios en la Escuela República del Perú y en el Colegio Nacional J.J.de Urquiza. Ha publicado textos en diferentes medios digitales.
Microficción seleccionada por Luciano Doti (Lomas del Mirador). Twitter: @Luciano_Doti

domingo, 8 de noviembre de 2015

Cuentos de Claudia Cortalezzi: Un oficio



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Cuentos de Claudia Cortalezzi: Un oficio: Una madrugada, hace ya como un año, mi hermano el César volvió a casa más borracho que nunca. Yo, que estaba despierta desde hacía un rato...

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Relato de pequeño formato


Invisible-Man-02-¡Por favor, ayúdame! -dijo Jaime.-¿Qué hiciste esta vez? -preguntó Arturo                         





"Terrorífico"
Escritor invitado
Carlos Enrique Saldívar
-Maté al hombre invisible.
--¿Cómo sabes que era el hombre invisible?.
-¿Qué? ¿Dónde?-En el parque.-¿Cómo fue?-Con el bate de béisbol. 
Lo escuché quejarse y lo sentí, era delgado y pequeño. Cayó sobre el pasto y aplastó las hierbas.
-Pucha, ¿alguien te vio?
-No. No había personas cerca.
-¿Y «ellos»? ¿No te vieron?
-¿Quiénes?
-La gente invisible.
-¿Qué?
-Quizá había más personas invisibles por ahí, pues.
-¡No!
-Podrían tomar represalias.
-¡Mierda!
-¡Corre! ¡Huye de una vez!
-¡Auxilio!
Arturo se rió a carcajadas. De inmediato se dirigió a su casa, satisfecho del gran susto que le diera a su imaginativo amigo.
No escuchó los gritos.
Jaime solo había avanzado dos cuadras cuando fue cogido y destrozado por seres a los que no consiguió mirar. Y a los que nadie más vio vengarse.
(*) El autor: Carlos Enrique Saldivar (Lima, 1982). Estudió Literatura en la UNFV. Es director de la revista Argonautas y del fanzine El Horla. Ha publicado reseñas, artículos, poemas y relatos en diversos blogs, revistas y antologías peruanas e internacionales, y los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008), Horizontes de fantasía (2010) y El otro engendro (2012). Compiló las selecciones Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011) e Infrarrojos: una selección de fantasía, terror y ciencia ficción (2011).
Microficción seleccionada por Luciano Doti (Lomas del Mirador). Twitter: @Luciano_Doti

lunes, 2 de noviembre de 2015

Escritor invitado: Sergio Varela


Mañanas campestres en Nashville/Sergio Varela
Para Gisela Antman
Un bar vacío a las 10 de la mañana en Nashville es un sitio tan desangelado como una prostituta a quien la luz del mediodía desnuda su patetismo sin maquillaje. Había un solitario cantante folk, cuya única audiencia eran un fotógrafo y un periodista argentinos bebiendo café en la barra, en una pausa de su crónica de viajes.
El showman matutino desafinaba como un hipoacúsico y su voz tenía la coloratura de la de un hooligan irlandés desaforado y delirante después de tragar demasiadas pintas de Guinness en un pub. El periodista sintió el impulso de acercarle su block de notas y birome para proponerle una metamorfosis vocacional inversa a la de Leonard Cohen, ya que estaban en Nashville.
El barman se acercó a los parroquianos, golpeteando con gesto inútilmente teatral, shepardiano, la barra con un trapo. Señaló con el mentón al amateur de la tarima con micrófono, acaso excesivo en su amplificación dadas las circunstancias, y les anticipó, confidencial: “Será leyenda”.
Sin apartar la mirada de su taza, el fotógrafo le murmuró a su compañero, en castellano salpicado de cínico lunfardo: “Ya es leyenda. No existe"

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Relato escrito entre tres mujeres

  • Raquel Barbieri, Claudia Isabel Lonfat, Ada Inés Lerner 
      
    Invicta

  •        
  • A los noventa y seis años se dio cuenta al fin de que tenía clítoris.
    Sucedió tomando un baño de inmersión que decidió prepararse al intuir
    que esa misma noche moriría, y ella quería despedirse de este mundo
    con decoro; limpia y perfumada.
    Nunca antes se había dado un baño de ésos.
    La ducha era lo más cerca que había estado del placer.
    Su vida había consistido en lavarse con palanganas, tachos y toallitas enjabonadas y
    enjuagadas, luego una toalla seca, colonia barata y a vestirse. Serena había sido la sirvienta —sí, me refiero así a ella porque fue como la trataron —en casa de los Arrieta. Sus padres habían trabajado toda la vida en esa casa, hasta que murieron como consecuencia de la explosión
    de la caldera, por falta de mantenimiento.
    Se habían lamentado más por la merma del agua caliente que por la pérdida humana.
    La cobijaron, sí, pero no como a una hija, y solo porque el abogado de la familia lo
    recomendó para evitar un chismerío que no los favorecería socialmente.
    Al principio la dejaban almorzar en el comedor con ellos, quizás para expiar sus culpas,
    si es que fueron capaces de sentir algún remordimiento, pero pronto la despacharon
    para el área de la cocina y a darle pequeñas tareas, que poco a poco fueron abarcando
    más, hasta someterla prácticamente a realizar casi todo el trabajo, ya que el resto
    del personal estaba bastante achacado, no tanto por la edad, sino por el abuso
    y la falta de asistencia médica. Cuando Serena llegó a la adolescencia, se convirtió
    en una joven hermosa, de sonrisa fácil y carácter alegre. Atrás había quedado la
    tristeza infantil, producto de su orfandad. Fue en ese momento que Serena tuvo que
    empezar a defender su intimidad del Señor Arrieta y lo hizo a los gritos cuando él le tocó
    sus partes íntimas, esas que ni siquiera ella podía mirar, hasta que la señora Arrieta que no ignoraba las andanzas de su marido con otras mujeres, acalló a la joven, para que el resto
    de los habitantes y algunos invitados no cuchichearan sobre ellos. Tiempo después
    el hijo mayor de los dueños, al terminar una farra de borrachera y algo más, forcejeó la puerta
    de Serena que ya había aprendido a encerrarse con llave y tranca. La Señora Arrieta
    castigaba a Serena por los impulsos pasionales de su familia. Comenzó con pagarle
    el mes con: “mañana, mañana, pasado mañana”, o “todo junto el mes que viene” y también
    utilizó el bajo recurso de victimizarse, echándole en cara el hecho de que le habían dado
    un lugar en la casa cuando sus padres murieron, obviamente la señora se olvidaba
    de mencionar que la muerte de los padres de Serena fue por un accidente dentro de la casa. Tampoco le pagaban el suficiente dinero como para poder irse definitivamente de allí, alquilar un cuarto en una buena casa de familia, hacer la limpieza durante el día y no tener que
    encontrarse en cada rincón de la planta alta con el señor Arrieta. Serena no cambió con
    el correr de los años. Seguía manteniendo su espíritu alegre, a pesar de las circunstancias
    que a veces le tocaba vivir en la casa y se había resignado cuando Arrieta la llevaba a
    un rincón y baboseaba su cuerpo hasta que después de algunos estertores se tranquilizaba.
    Serena pensaba que en esos momentos podría sobrevenirle la muerte, por la manera en que temblaba y sus ojos se ponían en blanco. El señor fue mermando su ímpetu como
    consecuencia de la edad. Era prácticamente un anciano. En cuanto a su hijo, que casi
    nunca estaba en la casa, se casó joven y no tuvo más oportunidad de acosarla,
    ya que su mujer celosa, no lo dejaba ni un segundo cerca de Serena, a quien reconocía
    como una rival por su fresca belleza. Sin embargo fue ella quien la llevó a su casa
    cuando los Arrieta murieron, para que se ocupara primero de sus hijos y después de
    sus nietos. Serena ya era una mujer madura que no había podido cumplir sus sueños
    de un hogar propio e hijos. Las pocas veces que se había cruzado con un hombre
    de su edad, retrocedía, y se escapaba hacia el interior de sí misma aterrorizada,
    aunque no sabía bien por qué. Educada en la ignorancia y el pudor exacerbado
    por la devoción de una fe tergiversada por la clausura malintencionada en que la
    obligaron a vivir, las palabras “amor y sexo” estaban casi prohibidas hasta en su pobre lenguaje. Como había sucedido con el resto del personal, llegó un momento en que Serena ya no
    podía enfrentar todas las tareas del hogar, y sus empleadores prefirieron buscar en un
    pequeño pueblo de provincia otra “Serena” antes que darle dinero y despedirla.
    ¡Total ocupaba poco lugar y comía migajas! Y allí, a tardía edad fue que la real vida
    de Serena comenzó. Nunca antes había sido feliz ni cinco minutos, y ahora, siendo pobre
    y vieja, era dueña de una paz que muchos no llegan a conocer. Su mayor anhelo,
    el de vivir el amor y formar familia, era un sueño ajeno, inasible para ella, paralelo,
    inalcanzable ya a la edad avanzada en la que se encontraba. La paz duradera y
    los largos silencios que redimían su alma después de tanto tiempo constituyeron así
    una especie de felicidad, y ella la saboreó hasta el punto de encontrarse sumergida en
    una bañera con aroma a lavanda en donde sus pobres huesos se abandonaron en una
    especie de letargo placentero y allí se atrevió a tocarse en el sentido exploratorio
    de la palabra. Antes, sus manos sólo habían pasado por allí con la toalla para lavarse;
    ahora, sus flacos dedos acariciaban con curiosidad su vulva, su clítoris y cuando le
    sobrevino el único orgasmo de su vida, Serena dejó este mundo de la mejor manera y
    con esa última sensación de alivio y abandono.
  •    6 de octubre