EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

En mi voz

miércoles, 17 de enero de 2018

El vendedor - publicado El Narratorio 23





El vendedor

 –Lotes en Marte, pronto partirá la nave, a diez pesos cada uno -- el niño, vestido con ropa del finado (que era de mayor talle), los dedos de los pies fuera de unas zapatillas que siempre le han quedado chicas, carita iluminada con ojitos de hambruna añeja recorre la taberna portuaria y deja en cada mesa unos papelitos que pasa a buscar luego y controla si el supuesto cliente falla

   –Déle, don, es un viaje corto y ya va reservando su lotecito
   –Gracias no tengo interés – Gideon se siente desdichado porque el niño no lo mira de frente, ¿su respuesta no es importante? Es la primera sílaba que acudió a sus labios. No tiene intención de lastimar al niño con una negativa.
   –Mire que la nave ya está por salir, podrá ubicarse donde quiera y recién se está poblando el planeta rojo, estará cerca del Super Chino, de los cines – repite el precoz vendedor sin mirar a nadie en particular y la vista fija en la mesita mugrienta y los platitos con algunos restos.
Lorenzo observa al niño como si no lo hubiera escuchado y le tiende los palitos salados que el rapaz devora al instante.
   —Déle don, -- el niño se vuelve a Lorenzo. Lorenzo le acerca unas aceitunas flacas y arrugadas que desaparecen – será dueño, con su amigo, de un lote para un bar – la mirada abarca el local -- más grande que éste.
  —Eh! mocoso, ¿qué te pasa? encima que te dejo entrar – protesta el tronpa detrás del mostrador. La panza no lo deja acercarse al escaño y la diabetes ya le ha atacado las piernas, así que se bambolea con un ritmo irregular según el dolor. No escucha gran cosa y ve menos. El aludido, como si no hubiera registrado que se dirigen a él se vuelve al tercero en la mesa.
   —Y usted señor – la diferencia en el trato la hace el viejo fieltro que tapa la calva de don Ferro y su chaleco rayado bajo un ropaje que no se caracteriza por su armonía. La camisa ostenta el cuello despeluchado y las mangas no aparecen por ningún costado —usted que es un señor querrá tener una parcela mayor en el centro mismo.
Don Ferro, elevado de categoría por el rapaz, quiere ser generoso y le estira su jarra de cerveza.       —¡Animal! los chicos no… Sin dudarlo el vendedor traga de un sorbo los restos de la bebida. Esto fue algo imprevisto a más no poder, aun sin ser exactamente una iglesia,  Lorenzo se siente un tanto azorado, pero también nota que le suda la región baja de la espalda, justo por encima de su cinturón de cuero de ocasión.
   —¿Y las llevas encima? – murmura Lorenzo.
   —Sí, don, la nave ya da vueltas –el vendedor hace un aspa con un brazo  –y da vueltas y más vueltas y da vueltas sin parar, y así pronto partirá sin tiempo hacia el futuro.
   —Sí –dice Gideon –tomá diez pesos para que de vueltas sin fin.
   —Gracias, don, señor –como si fuera a partir ya a velocidad supersónica –gira y gira. Pueden verla en la esquina…
Don Ferro no supo dónde meterse. Incapaz de sonrojarse, fue más copioso su sudor. Nunca le había ocurrido nada como aquello, jamás. Se sentía desarmado, desmontado del caballo, y triste. Los ojos de todos ellos, los estibadores de hombros encorvados, los ferroviarios enzarzados en un truco tramposo o haciendo eses de camino a casa quedaron excluidos del todo, o tal vez aún mejor, eran del todo desconocidos y mucho más terrible, los ojos del niño se han clavado en él. Gideon sintió el rabo entre las piernas. Se le conocía allí dentro, en el sentido de que su grotesca apariencia externa tiempo atrás había dejado de contrariar y distanciar a los camareros. Aquel condenado chaval, con sus trapos y su presencia magnética los tenía a su merced.
   –No – farfulló Gideon –no, muchas gracias, esta noche no, gracias.
   –Sólo me quedan las últimas se las dejo por nada, yo también parto, ¿para qué quedarse, no les parece?
   –¿Y cómo sabré –musita Lorenzo con un hilillo de voz –que no me estás metiendo el perro?
   --La nave gira y gira y nos promete un futuro mejor...
– --Dios lo bendiga, señor –el niño hace ademán de marcharse.
  --Eh –exclama don Ferro  --que me debés las entradas… me debés dos.
   –Gideon no reclamó. Se metió la lengua para dentro.
   --Allá nos encontramos –dice el niño con claridad
   – Amén –don Ferro miró el fondo del vaso.
   –Lotes en la luna –arrimó otro –el viejo cuento de Buenos Aires porteño
   – Los mejores lotes –don Ferro rugió –Para huir de este mundo, de nuestras penas, diez pesos por los mejores sueños
   Esto fue imprevisto, aún en el remedo de fraude todos se sintieron cómplices del fracaso de los seres humanos a la hora de comunicarse. El niño desplegó un par de alitas y desapareció.
   --¿Una ronda más, compañeros?

lunes, 15 de enero de 2018

Breves no tan breves: Teatro – Ada Inés Lerner

 Teatro – Ada Inés Lerner





.—Así, algo así, adviene con los zombis
—señaló el antropólogo Ernesto Sabes—, criaturas de origen vudú, ajenas al
lenguaje y el deseo. Esto fue producto de una situación ajena a sus deseos pero
necesaria para enfrentar a su enemigo. Atrincherarse bajo tierra para emerger
desde ahí y poner en fuga a los invasores. Claro que ya no volvieron a ser los
mismos.


El público, la mayoría estudiantes blancos,
algunos indiferentes, otros horrorizados, permanecían en silencio durante la
hora que duró la conferencia.

—Ahora son indiferentes y harapientos —continuó el científico—, víctimas de
pócimas o de magia, los zombis son una multitud sin liderazgo. Y transitan
sordos a lo que no sea su hambre de carne humana…

Un murmullo se levantó desde el público hasta convertirse en un grito de
horror, dos seres como los descriptos por el antropólogo se dirigían hacia él
con un gemido nauseabundo. La sola presencia de los sujetos en el escenario
hizo huir a un público delirante, sin que nadie volviera la vista atrás.

El antropólogo tendió sendos billetes a los dos actores, recogió sus
pertenencias y los tres se alejaron por la puerta trasera del salón.

miércoles, 10 de enero de 2018

3er CONCURSO DE NARRATIVA BREVE


FINALISTA EN ESTE CONCURSO DE LA UNA "UNIVERSIDAD NOTARIAL ARGENTINA


Obra: Una entrevista especial

Caminaba yo por la calle Perú hacia la Avenida de Mayo La noche se presentaba sombría con sus ráfagas de viento cuando me parece que lo veo en un barcito en una mesa cercana a la puerta.
Está solo y quizás por eso me animo a entrar; debería lograr interesarlo en mis preguntas y conseguir el reportaje ¿y entonces? Todo el aplomo del primer impulso se desarma en mi interior. ¿Cómo abordar a un muerto célebre, a ese hombre, a ese escritor magnífico, que lee absorto frente a mí?
No se me ocurre absolutamente nada. Busco apoyo en el respaldo de la silla y me enderezo un poco; me quedo mirándolo, sin poder articular palabra. Roberto Arlt, de él se trata, sigue concentrado en lo que hace. Repite la lectura, busca ¡vaya a saber una! qué secretos. Todos los movimientos los hace con calmada precisión, con obstinación, tal como se adivina en sus labios finos y apretados. ¿Es esta una intromisión de la eternidad en la vida? ¿Desaparecerá de pronto?
Periodista —Disculpe la interrupción ¿Usted es Roberto Arlt?
Roberto Arlt —Otras personas me han preguntado: ¿Dígame, ese Arlt no es seudónimo? Me llamo Roberto Godofredo Christophersen Arlt
P —Bueno, eso ya lo sé, la historia de su familia inmigrante y todo eso...
RA—Entonces usted comprende que no es cosa agradable andar demostrándole a la gente que soy quien soy y que una vocal y tres consonantes pueden ser un apellido. Yo no tengo la culpa que un señor ancestral, nacido vaya a saber en qué remota aldea de Germanía o Prusia, se llamara Arlt. No, yo no tengo la culpa pero creo ser el que usted piensa.
P —No, claro que no, quiero decir sí, si .
¿Será un sueño? Ahora pierdo de a poco la timidez y sigo observándolo casi con descaro. ¿Cómo serán los pensamientos de un muerto? Me agacho como si se me
hubiera caído algo, para hacer tiempo. Al enderezarme, quizá el mismo movimiento,
me hace tropezar
RA - Perdón, ¿gusta sentarse, señorita? – las cejas tan pobladas, la mirada
contrariada y ése rictus... me hacen dudar pero ya estoy jugada.
Me siento frente a él, parece haber aceptado un contrato implícito.
P - ¿Le molesta si abro mi Notebook? Tengo parte de su biografía aquí. Casi como
si lo hubiera estado buscando.
RA - ¡Qué invento ése, no? Permítame ver ... impresionante, lleva todo aquí
P - ¿Le molesta si primero le hago algunas preguntas personales? La verdadera
fecha de su nacimiento, por ejemplo.
RA - ¿Es importante? Nací el 2 de abril de 1900 y me anotaron el 26 de abril.
P – Bueno, pertenece usted a dos signos zodiacales, Aries y Tauro. A usted le
interesaban las ciencias ocultas, de hecho escribió sobre ellas. En 1920 publica Las
ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires.
RA – Hablemos de mi obra, ¿quiere? Algunos dicen que soy anarquista, otros un
precursor del existencialismo, he colaborado con periódicos de izquierda Extrema
Izquierda, Izquierda y Última Hora. y fui columnista de los diarios más importantes
de la ciudad, hasta de La Nación... Después comienzo a publicar cuentos en Mundo
Argentino, colaboro en Ultima Hora, Claridad y El Hogar,
P – y también en la Revista Don Goyo, de su amigo Nalé Roxlo
RA – bueno, verá yo era muy joven y él fue siempre mi amigo, un amigo entrañable,
la revista era humorística y me gustaba...
P – ¿se casó muy joven? Allá por 1922, en Córdoba con Carmen Antinucci ¿verdad?
RA – está informada, sí, allí en 1923: en Cosquín nace nuestra hija Mirta Electra,
pero esto pertenece a mi vida privada y habíamos quedado...
- P - Ya en Buenos Aires ... por 1927 se inicia como cronista policial en el diario
Crítica. El 4 de marzo muere su padre Karl Arlt,.
RA - Mi padre, como todo militar, tenía su lado sádico y perverso. Yo era travieso y
solía hacer alguna de las mías, mi padre me amenazaba, mandándome a dormir y
diciéndome que apenas saliera el sol me despertaría para darme flor de paliza. No
dormía en toda la noche, torturado por la idea de que se hiciera de día El insomnio
ocasionado por esta tortura psicológica me acompañó toda la vida, siempre fui
silencioso y huraño. Yo tenía 17años cuando dejé mi familia, como le dije mi padre
era un tipo difícil, un padre kafkiano. ¿quiere un café?
- P -. cortado, por favor. Lo busqué por los cafetines de Boedo y el barrio de Flores,
leí que allí transcurrió buena parte de su infancia y adolescencia. y mire dónde lo
vengo a encontrar
RA - Yo aprendí todo en las calles del barrio de Flores, La necesidad me llevó a
trabajar como pintor de brocha gorda, en una librería, aprendiz de hojalatero, en una
fábrica de ladrillos. Algo sucede todos los días y uno no puede ser el mismo. Ahora
soy cronista, un cronista meditabundo y aburrido. Aunque confieso que quiero ser
rico.
-
P - Para no sufrir las humillaciones de ser pobre, como Remo Augusto Erdosain o
se siente más cerca de Silvio Astier? Hay quien dice que El juguete ... se acerca más
a una autobiografía ¿quizá siente que a veces, usted es Erdosain o Astier? ¿O alguno
de los dos es usted? - No me contesta, mira hacia fuera, marcas gestuales perpetradas
en su rostro joven le dan un aire rudo; me siento incómoda – Le gusta escribir teatro,
es evidente en su bibliografía: estrena, en1932: «El humillado», fragmento de Los
siete locos, en el Teatro del Pueblo, la escenificación pertenece a Leónidas Barletta.
RA - (se toma tiempo para el café y reclamar el vaso de agua, que no nos trajeron)
... del tiempo del grupo de Boedo ... gran amigo, excelente actor y director. En ese
grupo estaban escritores como Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón, Alvaro
Una entrevista especial Seudónimo: Periodista
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Yunque y Elías Castelnuovo; nos reuníamos en la Editorial Claridad, en Boedo al
800, ahí se publicaron algunas de mis obras. Sí, me fascina el teatro.
P - ¿Para usted, la vida, qué sentido tiene? ¿Qué objetivo? – Ay otra vez, qué
pregunta estúpida.
RA No,
ninguno. Siempre admiré a quienes mostraran poseer la fortaleza
necesaria para sobrevivir solos en un medio social hostil. Quisiera organizar mi vida
sobre lo que me apasiona, ser inventor pero aún así le digo que si logro miles de
pesos me retiraré del oficio de inventor para vivir definitivamente de mis rentas.
P - ¿Y quien hará la revolución social?
RA - La voz de los postergados por el sistema social vigente, ¿no dice algo así el
farmaceútico Ergueta?
P - Usted es el autor. Creo que sí. Dígame si me equivoco: En 1926 aparece su
primera novela, El juguete rabioso, con un marcado acento existencialista. Comienza
a escribir en la revista Mundo Argentino, es redactor de los diarios El Mundo y La
Nación, el diario Crítica,
RA - Allí conocí a Salvadora Medina Onrubia, la mujer de Natalio Botana,
agitadora anarco feminista, personalidad polémica incluso entre los anarquistas, fue
una gran amiga.
P - En 1931 aparece Los lanzallamas, segunda y última parte de Los siete locos,
después aparece su última novela, El amor brujo, y comienza con el teatro,
estrenando su obra 300 millones, participando del Teatro del Pueblo, fundado por
Leónidas Barletta. Las Aguafuertes porteñas y sus cuentos en El jorobadito, Mundo
Argentino y las Aguafuertes españolas,
RA - tuve oportunidad de viajar a España, una España en la que ya se vivía la
revolución social en las calles,
Una entrevista especial Seudónimo: Periodista
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P - y la pronta llegada de la guerra civil.
RA - Sí, los futuros académicos argentinos me reconocerán, y yo habré tenido el
placer de haberme muerto sabiendo que años después me levantarán una estatua –
volvía la ironía del narrador. Me pareció Erdosain el que sonrió halagado: - Yo
siempre me ocupo de cartas de lectores, suelo admitir que se me hacen algunos
elogios. Pero no creo que usted sea de las que...
P - No, yo no. Luego estrenó La isla desierta en 1937, África en 1938, y La fiesta
del hierro en 1940. Prueba de amor, «boceto teatral irrepresentable ante personas
honestas», las «burlerías» La juerga de los polichinelas y Un hombre sensible , y El
desierto entra en la ciudad, una farsa dramática: A veces parecía usted indagar en
territorios de imaginación, rondar la literatura fantástica. Ha sido un autor prolífico y
transitado varios géneros. Aunque usted parece conocer bien a la gente y a la
sociedad
RA Sí,
algo estudia uno para destruir esta sociedad. La sociedad actual se basa
en la explotación del hombre, de la mujer, y del niño. Si quiere tener conciencia de lo
que es la explotación capitalista, vaya a las fundiciones de hierro de Avellaneda, a
los frigoríficos y a las fábricas de vidrio, manufactura de fósforos y tabaco. Sobre
esta tierra quién tendrá piedad de nosotros. Míseros, no tenemos un Dios ante quien
postramos y toda nuestra pobre vida llora.
-
P - Usted, crítico ácido de la sociedad burguesa estuvo relacionado con el grupo de
Florida y con el de Boedo: desde este barrio popular defendían un arte comprometido
con los problemas del hombre.
RA - No me casé con nadie, frecuenté el grupo de Florida, los llamados
martinfierristas que se reunían en el café Richmond
P – el de Tucumán y Florida
Una entrevista especial Seudónimo: Periodista
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RA – ya no recuerdo, no me sentía cómodo con esa gente aunque reconozco una
deuda con Güiraldes. A mí me divertía contar de mis amistades con rufianes,
falsificadores y pistoleros, de las que saldrían muchos de mis personajes: Dios
canalla. A nosotros. Te hemos llamado y no has venido ... a veces se me ocurre que
algunos santos eran tremendamente ateos. Y los de Florida eran hijos de gente
bien... usted me entiende...
P - Sí, claro, Borges, Ricardo Güiraldes, Pasemos a su salud en 1939 el médico
comienza a advertirle sobre sus problemas de salud, sobre todo cardíacos.
RA – Sabe usted eso? Si, es cierto... - después de un silencio, sorbe un traguito de
café y dice suavemente: en el 40 muere Carmen. ...
P - Según mis notas se edita El criador de gorilas, una selección de cuentos, y su
última obra de teatro El desierto entra a la ciudad, S e casa con Elizabeth Schine en
el Uruguay hasta que finalmente, el 26 de julio de 1942 muere en Buenos Aires tras
un infarto. Su esposa declaró ―Nunca vi morir a nadie de un ataque al corazón, pero
lo de él fue muy angustioso‖
La mirada se pierde y el silencio nos abraza. En el confín, tristemente iluminado por
oscilantes lunas eléctricas, se veían deslizarse vertiginosas cordilleras de nubes.
P - No debí decirle eso, no lo sabía – Hace una seña para restarle importancia y
continúa con su obsesión por la riqueza.
RA - ...en definitiva, el dinero concederá a las ideas el peso y la violencia
necesarios para arrastrar a los hombres.
P - ¿No ve en la literatura una posibilidad de contribuir a la transformación de la
sociedad? -
RA – No, pero es una forma de poner la sociedad al desnudo. La literatura se muestra
capaz de revelar las dimensiones profundas de la personalidad, mire, aunque Astier
Una entrevista especial Seudónimo: Periodista
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formó "el club de los caballeros de la media noche", las empresas colectivas no me
interesan, incluso yo, Roberto Arlt formé una sociedad para patentar unas medias
reforzadas, gomificadas, que no llegaron a ser comercializadas, y al decir de un
amigo parecían botas de bombero. .Buscaba hacerme rico con mis inventos. No, no
me gustan las empresas colectivas
P - ¿Ni siquiera cuando van encaminadas a mejorar las condiciones de vida
de los desheredados?
RA - No, soy individualista, aunque reincidí en la institución familiar tengo
una visión negativa... Puede verlo en mis personajes. Quizá sea temor a la
miseria
P - o...
RA - o en un mundo que se desmorona. - Me parece oír la voz burlona,
cínica del narrador... - la falsedad de los valores, la inutilidad de los






esfuerzos, lo insensato de las ilusiones, el fracaso inevitable de los
proyectos y lo terrible del fin.
P - Sin embargo los hombres de ésta y de todas las generaciones tienen
absoluta necesidad de creer en algo ¿usted no? En El amor brujo usted
insiste en la presentación de personajes obsesionados...
RA ... por la felicidad ¿es muy humano, no le parece? es que la fantasía
permite evadirse de una existencia gris. Mis detractores aseguran que soy
un canalla monstruoso, Soy un hombre que ha padecido mucho.No negaré
que dichos padecimientos han encontrado su origen en mi exceso de
sensibilidad, tan agudizada que cuando me encontraba frente a alguien he
creído percibir hasta el matiz del color que tenían sus pensamientos,
P - ¿No se ha equivocado?
RA - Percibo los furores que encrespan los instintos y los deseos que
conllevan las intenciones de hombres y mujeres
P - ¿y cómo se siente, entonces?
RA - Entonces jamás estuve más solo si ellos y ellas son transparentes para
mí. Me ha convertido en un sujeto taciturno e irónico. Es en ese momento que
recuerdo a algunos de sus personajes y al narrador de que le hablaba antes. Esta vez él
está sentado allí, atendiendo a hombres y mujeres que se acercan a saludarlo, me repito
varias veces: yo estoy despierta y no soy la única en este lugar que lo reconoce. Se lo
ve... tiene esa presencia porteña... peinado al medio, con el mechón cano que cae sobre
la sienes, ceñudo entre cejas pobladas y oscuras. Desde que tengo memoria he visto el
mismo rostro en las revistas y en los cuadros.
P - La noche ululaba como si fuera un bosque en el que me sentía perdida
como solía sucederme entre sus personajes.
Comprendía que mi silencio involuntario llevaba la entrevista a su fin.
RA - Señorita, soy un escritor y caminante: debo continuar, pero no crea
mucho en lo que le digan de mí, más bien de fe a lo que le dice mi literatura.
Los hombres se declararán en huelga hasta que Dios se haga presente...
Es necesario cambiar la vida. Destruir el pasado. Quemar todos los libros que
apestaron el alma del hombre. Hay que hacer la revolución social.
Y así como lo encontré, desapareció. Yo pienso que le era imposible seguir la tarea en
su época, en aquel mundo convulsionado.. Por eso se fue y por eso parece querer volver:
nuestra realidad necesita un pintor que utilice los materiales de la ironía y la furia de su
errabunda vida de inventor.
Al atravesar el mundo Arlt y entrar en la redacción me doy cuenta de que mis
pensamientos están desordenados y confusos. ¡Qué oportunidad que me dio la vida o la
muerte!: conocer mejor a este hombre que sigue vivo en el corazón de muchos Astier, o
en algunas Tacuara y en tanta gente más de ésta Buenos Aires que le pertenece a él y a
mí, como su lectora.

En mi voz - Andresito Guacurary y Artigas






Andresito


Oculta en la maraña del monte, Cecilia Cuyay sigue las sendas que le permiten avanzar entre los juncos del bañado, mientras busca los vados del río. Silenciosa y atenta, sabe que la selva amiga la ayudará para evitar las huellas que, entre los altos pastos, fue dejando la partida invasora al mando de José Francisco de Canto.
   Lleva en el nido de sus brazos al pequeño Andresito Guacurary(*); en el asilo de su almita viven los gritos de dolor de sus hermanos, indígenas guaraníes pacíficos, asaltados, perseguidos y reducidos a la esclavitud por las huestes paulistas de los Bandeirantes que venían bajando desde el Río Pardo y las gargantas de la sierra de Maracayú, y se echaron sobre religiosos y familias de San Francisco Borja.
   La fugitiva desconoce el destino que encontraron los prisioneros. Pero intuye que nada bueno debe ser si los enemigos entraron en su pueblo saqueando y matando. Sus ojos aterrados vieron tambalear y caer, sobre el techo de palmas de la capilla, la cruz de troncos de laurel negro; agonizaba herido de flecha el cacique Corubá, mientras se escuchaban los gritos de horror de las jóvenes mancilladas. 
    A Cecilia la guían las voces de los ancianos, aquellas que narraban en su lengua ancestral las antiguas desventuras de la raza. La valiente guaraní va abriendo con su machete la esperanza; lleva una larga caminata entre pantanos, malezales y campos desiertos; acosada por las fieras. Sin embargo la temida yarará jaspeada, oculta en los matorrales la mira pasar compasiva, el yaguareté moteado la vigila en las sombras, y hasta el pitanguá calla su canto de mal agüero.
   —Aloja, aloja. —Reclama su boca seca; mitiga el hambre de su niño con las raíces y los aguaí silvestres de la tierra generosa; de los pechos rojos, como la tierra misionera, mana el alimento para su añá (3).
¡Chabé! Cruzando el río está la misión de Santo Tomé, allí, allí nomás.
(*) Andres Guacurari y Artigas: guaraní; caudillo artiguista.
(1) aloja: refresco de agua y miel de caña
(2) aguaí: árbol frutal
(3) añá: hijo
4) Chabé: cuidado!

                            
                                              
                                                        

Con mi voz - El método





El método

Antes de la partida del avión. Era vital. Una y otra vez el lado derecho. De atrás para adelante.
Ser cuidadoso.
Del izquierdo. De adelante para atrás.
Nada. No desesperar.
En los pequeños de arriba, a la izquierda, a la derecha no.
El método.
De atrás para adelante, sin saltearse ninguno. Nada.
Controlar los interiores.
¡Uff! ¡Menos mal!. Sólo hay del lado izquierdo. Uno por uno… de adelante para atrás.
Nada.
No darse por vencido… tiene que estar…
Ejecutan su danza… burlándose de mí …
¿Alguno oculto? No.
Yo corté la tela. Abrí el gran rollo, los armé y los cosí, los conozco al dedillo.
Sí, pero no aparece. Tampoco se oye nada… ¿Y si no está ahí…?
¡No empecemos con las dudas!.
¡Tiene que estar ahí!…
A ver.. prolijo … con método…
Al revés los izquierdos. De adelante para atrás.
¡Con método!.
Los derechos. De atrás para adelante.
Nada. No desesperar.
Los pequeños de abajo… ¿abajo?, ¡Claro! ¡Detrás del grande!. Decidí ponerlos a la derecha!. ¡Ocultos! ¡Lo había olvidado!.
No hay nada como renovar la esperanza.
Esos condenados bolsillos pequeños… ¡Con botoncito!
El método.
De adelante para atrás, sin saltearse.
Nada.
Los interiores.
¡Uff! Se oyen los altavoces. Va a partir el avión.
Del lado izquierdo. Uno por uno… de atrás para adelante…
Nada.
Todo ha terminado para mí. Me alejo unos pasos y los observo.
Todos están ahí… ¿todos? ¡Vamos…! ¿están todos? ¡Los he contado!.
De izquierda a derecha… Uno, dos, tres… seis, siete, ocho, nueve… doce… ¿éste lo conté?...
Con método… por pares… dos, cuatro, seis… catorce, dieciséis, dieciocho… veintidós… están todos… Por cinco… un total de …
Tendría que notarse el bulto en los bolsillos y al danzar las perchas ella hubiera hecho ruido…
¡Menos mal que lo pesqué justo cuando revisaba los uniformes!
Ese comandante de avión…
¿Por qué querría robarse mi cajita de alfileres voladores?


Con mi voz La espiral de la historia




La espiral de la historia

Los designios del Señor son insondables y mi historia, aunque pueda sorprenderlos, es una confirmación de Su Grandeza.  Nací de hombre y mujer en un bello paraje del sur, cuando mis padres decidieron emigrar por una peste que venía desde el este y no había dejado sobrevivientes.
   Cruzamos senderos y bosques y cuando llegamos al lugar que la tribu había decidido elegir para establecer mis padres y todos los adultos eran ancianos seniles y nosotros ya hombres y mujeres jóvenes.  Acomodamos una familia en cada cueva y observando la campiña aprendimos a mantenernos sembrando semillas comestibles y compartiendo la carne de lo que cazábamos y pescábamos.
    Aprendimos todo esto de los más avispados y también de las bestias mismas. Los peligros que corríamos no iban más allá de caernos de un árbol por buscar la miel de los panales o ser picados por una abeja y no llegar al auxilio a tiempo. También que los animales grandes nos atacaran pero esto no era frecuente.
   Una noche, a la que temíamos, descendió una luz y de ella surgieron personajes que robaron algunos de nuestros niños, a los que nunca más volvimos a ver.
   Este fue otro de los peligros a los que nos vimos expuestos, el más incomprensible de todos.
   Varias parejas, de entre los mayores y también mi mujer y yo habíamos envejecido y nuestra senilidad obstruía el esfuerzo de los más jóvenes de modo que en reunión secreta decidimos escondernos en una cueva que elegimos por estar aislada. 
   Cuando los jóvenes percibieron nuestra ausencia ya estábamos lejos y creemos que comprendieron. 
   Una noche, la entrada de la caverna se vio iluminada por la presencia de un joven que iluminaba desde su cuerpo con grandes alas como los pájaros del cielo. Su luz cegadora nos dejó dormidos y cuando despertamos a la mañana, no sin sorpresa, nos sentimos jóvenes y fuertes y con deseos de seguir caminando hacia el futuro y en sentido contrario de donde veníamos.  
   Pasados los tiempos aparecieron otros seres bastante parecidos a nosotros, aunque su piel era más clara y llevaban extraños palos relucientes en sus manos y nuestros nietos intentaron conversar con ellos. Lo que sigue ustedes lo saben, yo sólo querían contarles lo que algunos ángeles nos refirieron acerca de la evolución de algunos planetas. Ya no me intereso por esos temas, ahora estoy dedicado a escribir las historias que me cuentan los recién llegados, e incorporar en conjunto de hojas a la Biblioteca Celestial, que así la llamamos.
    Algunos dicen que son leyendas, otros me dicen “te contaré un mito venusino” y otros, más enigmáticos hablan de seres inmortales que son llamados dioses, ignoran el misterio de su origen, en qué lago apagan su sed y los hay que muestran rostros de miedo.
   Una hembra de los hielos me contó que había guerra en su lugar, y fuego en los bosques como nunca había visto, que no todos sabían de éste lugar acá arriba y les daba miedo.
   Concluí que así es la ignorancia: como la Montaña de la Bestia, aterroriza y no permite avanzar. Cuando tenga algo más que contarles volveré a escribirles.

domingo, 31 de diciembre de 2017

La vida de un ávalo


La vida de ávalo
La cueva está cerca y los enemigos hocican el aire, trasponen en declive. Todo lo que queda de la covacha es una entrada. Cuántas veces escapó a las redes tendidas por múltiples enemigos, también hubo quienes se sumergieron en su habitáculo por zòcalos y ventanas. Por momentos cree que està loco, pero es su destino de miserò insecto ser perseguido por dementes lepidòpteros, y himenopteros y dìpteros. Juegan con èl a las escondidas mientras lo rozan agresivos con la intenciòn de aterrarla. La pariciòn de cada avàlo  engendradado y sus pequeños cosquillean entre las revàlidas  de las cosas. Por el piso cruza un rehilete. Su cuerpo  disyuntivo es alcanzado y muere. Logrò fugarse. Desencantado, doblò el envite y tupiò el retozo. La luz se apaga y los àvalos huyen hasta ser menos que enervados insectos en vuelo. El resto es solo pedruzcos. A veces soy hombre ò antròpodo.