EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

En mi voz

domingo, 10 de junio de 2018

Persistencia3 - Ficción breve escrita por mujeres-



autor: Varios




La persistencia retiniana permite que veamos películas y videos con la sensación de continuidad. Esa continuidad forma la historia y otras continuidades forman la Historia. En esta antología plasmamos historias breves escritas por mujeres. Más allá de la posibilidad de tener un cuarto propio, como decía Virginia Woolf, estas mujeres, como las de todas las épocas, realizan un sinfín de actividades a las que les roban tiempo para satisfacer la pulsión de escribir, de reflexionar, de imaginar, de expresarse. Tienen, además, una variedad de intereses que se nota en sus ficciones: pasan por lo social y lo filosófico sin dejar de lado la fantasía, lo cotidiano y la ciencia ficción. Te invito a abrir la puerta hacia estos pequeños mundos y a seguir los trabajos de las autoras en los datos de contacto que figuran en cada biografía. Aquí seguimos, en busca de la persistencia de las ideas, de la memoria, de los derechos, de las luchas, de las historias que son la urdimbre de la vida de cada persona.



El ritmo
Por favor, sea breve —dijo el relojero —debo poner en orden los relojes. El
ritmo del tiempo es mi responsabilidad. .Un error podría ser fatal para la
Humanidad. ¡Y para el resto del Universo!   En el Génesis la marcha era
acorde, pude ocuparme de otros asuntos: conciliar con Abraxas, regular a los
demiurgos y otras tareas. El tiempo no pasa en vano y mi misión es promesa de
futuro. No lo digo por soberbia. Soy Dios, sólo soy Dios.

El jardín
Al fin paró de llover. Esta noche la luna la amenaza con su luz, en la humedad del
jardín. Se pueden sentir más frescas y brillantes las hojas. Las guías de la
hiedra avanzan con pasos desordenados. Bajo los pies de ella hierve la vida, la
vida que la rodea, la desconcierta, lentamente la envuelve y la abduce hacia
una estrella lejana.

Morir mañana
En el Orden del Infierno se castiga primero a los pecadores más lejanos a
Dios: los fraudulentos y los traidores, que pusieron el mayor uso de la razón en
pecar.
Vladimir y Joe, entre otras perversidades, son gestores de guerras
donde mueren inocentes por abandono, inanición, explosivos o daños
colaterales.
Aterrorizan a los dos infractores con un moderno método de la inteligencia
artificial. Una diosa menor introduce en los cuerpos de estos sentenciados
pequeñísimos robots, nanites, que penetran en sus cuerpos y son células
dormidas que se activan por una clave binaria.
Las próximas víctimas son oportunamente informadas de que han
sido inoculadas y por siempre temerán que cuando la Justicia lo ordene,
comenzará de inmediato una hemorragia de todos sus órganos y será imposible
que la detenga la medicina tradicional.
Vladimir y Joe sobrevivirán temblando las carnes hasta el Gran Día, y ése será
su Castigo: temer más y más, a cada instante, la posibilidad de morir que a la
muerte misma, a la que, me consta, conocen y frecuentan.

Ada Inés Lerner Goligorsky es argentina y editó los libros La cuadra
de las viudas, cuentos – Faja de honor Sociedad de Escritores Bonaerenses de
La Plata; El hombre de mis sueños – cuentos eróticos.
Es además Socia honoraria de SADE Oeste Bonaerense y fue distinguida con varios premios y menciones en Instituciones argentinas, uruguayas, chilenas y españolas..
Publica en diversas revistas literarias como

http://elnarratorio.blogspot.com.ar/ y http://sognodelminotauro.blogspot.com.ar
http://archivosdelsur.com.ar


jueves, 7 de junio de 2018

Invisible - Bificciones - Ana María Caillet Bois y Ada Inés Lerner

                                                 INVISIBLE


Cuando él estaba, mi marido, hablaba solo; era el hombre. Luego se fue yendo de viejo y seco nomás. A mí me empezó a ser difícil obtener las palabras de mi pecho, y de soplones ajados, de tanto silencio que habían guardado, desaparecieron. También volaron los recuerdos y la memoria quedó maltrecha y vacía, lo mismo que los hijos, que dejaron de venir. Los adornos antiguos desaparecieron o se fueron rompiendo. Y hasta yo me fuí borrando, como un dibujo ajado por el tiempo y el abandono.

Nadie se percató, porque los viejos se van perdiendo o quedan en un rincón, invisibles; así quedé yo, sorda e inaudible. De vez en cuando sentía cosas, el viento que me rozaba,el calor del sol que calentaba mis frágiles huesos, la lluvia que me mojaba, pero solía pensar que soñaba. Si estaba adentro de la casa no me podía rozar el viento, ni calentar el sol ni mojar la lluvia.

La vivienda, y todo el parque que la rodeaba, se volvieron invisibles, como yo; desapareció el cerco de entrada, ese que estaba rodeado de plantas para no ver el afuera, y los rosales que yo misma había plantado para dar un toque de color a aquella casa, siempre tan oscura como si nadie hubiera vivido en ella, se desdibujaron.


domingo, 13 de mayo de 2018

Thelma Nava Tlatelolco

Tomar riesgos está en la naturaleza de lo humano; caso contrario nos hubiésemos quedado resguardados en las cuevas. (anónimo)
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tomada de Google : laizquieradiario.mx
                                                                                               


Thelma Nava

México -1931
Tlatelolco 68
.Es preciso decirlo todo, 
porque la lluvia pertinaz y el tiempo de los niños
sobre los verdes prados nuevamente
podrían lograr que alguien olvide.
Nosotros no.
Los padres de los otros tampoco y los hijos y
los hermanos
que pueden contarnos las historias
y reconstruyan los nombres y vidas de sus muertos tampoco.
                                                                                    II
Tlatelolco es una pequeña ciudad aterrada
que busca el nombre de sus muertos.
Los sobrevivientes no terminan de iniciar el éxodo.
Pequeña ciudad fantasma, húmeda y triste
a punto de derrumbarse si alguien se atreviera
a tocarla nuevamente.
Nada perdonaremos.
Rechazamos todo intento de justificación.
                                                                                    III
Miro pasar las ambulancias silenciosas una tras
otra
mientras aquí en el auto
un anciano que sangra y no comprende nada
está en mis manos.
                                                                                    IV
Que no se olvide nada.
aunque pinten de nuevo los muros
y laven una y otra vez las piedras
y sean arrasados los prados incendiados con pólvora
para borrar, definitivamente
cualquier huella.
                                                                                   V
Ellos ignoran que los muertos crecen,
que han echado raíces sobre las ruinas
aunque los hayan desaparecido
(para que nadie verifique cifras).
Todo ha sido invadido por la sangre.
Aún vuelan partículas por el aire que recuerda.

Es de esperarse nuevamente su visita.


lunes, 7 de mayo de 2018

Carnaval rojo sangre Cuentos a 3 cabezas

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Carnaval rojo sangre -                                                                       

Autores: Ada Inés Lerner, 
Daniel Alcoba & 
Erath Juárez Hernández


Las voces seguían el ritmo de las palmadas; los bailarines atravesaban el salón danzando. 
¡Todos con el antifaz! repetían desde el micrófono.
Julio buscaba a Antonio.
Y todos contaban los segundos que faltaban para el Año Nuevo.
El blanco de Pierrot estaba abrazado a Robin Hood cerca de la tarima de los músicos.
Llegó a él.
¡Seis!... ¡cinco!... ¡cuatro!...
—¡Antonio! dejálo —gritó Julio —yo soy tu Arlequin . ...
—¡tres! ¡dos!... ¡uno!... ¡Año nuevo! —gritó el speaker
—¡Sangre! ¡Sangre! —se oyó.
Al pie de la orquesta, con una flecha de caza atravesándole el cogote, cuyas afiladas cuchillas seccionaron sus carótidas, yacía Julio nadando en su sangre.
 A su lado Pierrot, que tenía en la diestra otras dos flechas idénticas a la de autos, gritaba “¡Yo no he sido!” y Robin Hood señalándose la espalda vociferaba “¡el asesino me robó el arco!”.
–¿Y por qué Colombina va disfrazada de Robín Hood? –Preguntó el inspector Romero.
—Vamos Romero, ¿Y a ti quién te ha invitado? Esto es una fiesta y como todos los años la acabas de echar a perder con ese disfraz.
Julio se levantó, se arrancó las flechas ensangrentadas y las entregó a Romero.
De entre los músicos salió un joven disfrazado de Cupido, ¿podemos continuar la fiesta?
La música sonó de nuevo, Romero besó a Pierrot, Cupido a Julio, Robin Hood a Antonio.
La gente evita pasar por ese edificio en Año Nuevo desde el incendio del 65.




martes, 1 de mayo de 2018

Cuento breve - CHAT


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tomado de Google


 — CHAT — Claudia Lonfat, Ada Inés Lerner, Julio Azzimonti

Selva había conocido a Luis_20 en una sala de chat de poetas.
 Lo único que tenía en común con ellos, era esa necesidad de embellecer lo feo, lo cotidiano, mediante el ardid de las palabras. 
El Nick que utilizaba, era un mazo muy parecido al de Thor, el dios del trueno. 
Me pareció raro, pero no tanto como las razones que, seguramente, lo llevaron a meterse en ese chat de poetas, me lo decía mi olfato de chateadora compulsiva… 
Luis_20 alabó los haikus de Selva. 
Luis no perdía ocasión de halagarla por sus palabras etéreas, sus imágenes sugestivas y los colores y sonidos en metáforas excelsas. 
Los textos de Selva eran espirituales y como lo exige la técnica representaban instantes de la exuberante naturaleza. 
Luis también incursionó en la belleza que se podía adivinar en su avatar, en sus ojos verdes y los cabellos negro azabache, palabras que con el transcurrir del tiempo inexorable, fueron tejiendo una red creciente de íntimas confesiones y de cruces de poéticas que se fueron fusionando en espirales de deseos de mutua aceptación. 
Pero la inexplicable y ansiosa compulsión chateadora de Selva, la llevó a dar un paso que sólo sabe el destino porqué lo dió. Gugleo a Luis_20. 
Lo que vió la congeló. Luis Sartoris fué un escritor que había muerto hace 20 años.
 Había dejado un último y enigmático relato inconcluso que llevaba el nombre " Volverè a la Selva".


CUENTOS DEL CAN CERBERO

domingo, 15 de abril de 2018

EN MI VOZ Los vestidos de novia




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Los vestidos de novia

Ese lunes amaneció brumoso y frío.  Rosita Yamaní, modista sin título y bordadora calificada evaluó, con ojos de experta, la tarea que le esperaba: en un maniquí un vestido de novia para la señorita Mercedes; en el otro, uno terminado que apenas se entreveía,  protegido del polvo.  Se puso el delantal de trabajo con el alfiletero colgado en la cintura, el centímetro al cuello y se alejó un poco para observar la obra en su totalidad.  Rosita era menuda, morena, con una expresión de distancia, como si mirara hacia adentro.
            Con la tela dispuesta se sentó frente a la máquina,  enhebró de un solo movimiento y cuando tuvo acomodadas con firmeza sus manos pequeñas alrededor de la aguja, sólo entonces su pie en la pedalera comenzó el vaivén.  Al parecer estaba concentrada pero no dejaba de observar a su alrededor aún con la vista fija en la costura.
              Al promediar la mañana hizo una pausa para espiar, por la puerta abierta, al sol que comenzaba a pintarse entre la niebla que huía. Pensó con alivio que si el día continuaba así tendría luz hasta entrada la tarde. Decidió que podía tomarse un descanso, un breve descanso para prender el mechero y calentar la matera. Coincidiendo, como instrumentos en un concierto, entró una jovencita.
            - Buen día tenga usted, Rosita
            - Buen día, Lucía, ¿cómo está tu mamá esta mañana?
            - Mejorcita,  gracias a la Virgen. Aquí le traigo el tocado que faltaba, el de la Señorita Mercedes.
            Rosita levantó la cabeza y observó con cuidado las delicadas flores bordadas al tul.
            - Se lo probará cuando llegue, dejálo sobre la mesa. Cariños a la mamá, que continúe la mejoría - y la siguió con la vista hasta que Lucía desapareció tras la puerta entornada.
            Volvió a concentrarse en su tarea, y así continuó sin pausa hasta que advirtió que el sol estaba en lo alto porque en el umbral se recortaba la figura de una esbelta mujer, que obstruía su luz.
            - Buen día, Rosita - dijo la recién llegada
- Buen día. - La modista le extendió el vestido aún tibio como pan recién horneado. - Pruébese - le dijo. - Detrás del biombo encontrará lo necesario.
          Desde ese lugar privilegiado, y creyendo no ser vista, Mercedes tuvo la verdadera dimensión de la pobreza de la costurera. No pudo evitar un estremecimiento al advertir la humedad en las paredes y los rastros que ésta había ido dejando en el mobiliario barato. Aún así el aroma a lavanda envolvía todo. Mercedes reapareció en el centro de la pequeña habitación, y la iluminó con todo el resplandor de su vestido blanco.
Rosita la ubicó frente a la puerta, en el centro de la luz. A sus espaldas el espejo de pie las duplicaba. En silencio observó los detalles, tomó distancia para ver mejor, se acercó para colocar alfileres aquí y allá mientras hacia girar a Mercedes, empujándola suave. 
- No podrá estar listo antes del viernes - dijo la modista
- ¿Por qué?
- Porque se necesita otra prueba el jueves.
Mercedes no pudo sospechar malicia en los ojos de Rosita, sólo aquella mirada esquiva que la hacía sentirse intrusa.
- Qué macana, che. Bueno, pero igual te lo dejo pago - Puso unos billetes sobre la carpeta de la mesa y agregó: volveré el jueves.  Apresurada Rosita los guardó en el bolsillo del delantal.
Mercedes, detrás del biombo, se cambió. Murmuró algo cuando se pinchó varias veces pero Rosita no se inmutó. Estaba muy ocupada destapando con cuidado el otro maniquí, como si en ello le fuera la vida. 
- ¿Para quién es ese vestido? - preguntó la clienta
- Para mí
Ahora sí Mercedes no disimuló su intriga. Miró con detenimiento el vestido; notó que estaba  bordado y finalizado hasta el último detalle.
- ¿Cuándo te casás?
- Pasado mañana
A Rosita le pareció que el espejo le sonreía cuando Mercedes, ya bajo el dintel de la puerta, atinó a volver un poco la cabeza:
- ¿Y con quién, si puede saberse?
- Con su novio, señorita Mercedes. 
                                                                                               



viernes, 13 de abril de 2018

ELLA



: Ella - 




Mi cuñada encabeza la procesión.
En realidad, primero va el rabino orando. Él... Ella...
Me conmueve ese cementerio.
El desamparo en que quedan los muertos; debe ser la falta de árboles y los nubarrones que enlutan el cielo y lo acercan, amenazantes, sobre nuestras cabezas apenas cubiertas, por una mantilla y el kipá.
El rabino le rasgó el abrigo a ella y luego las condolencias. Yo amaba a mi hermano y lo he cuidado por más tiempo y con mayor dedicación.
Y aquí está él.
Todos se retiran.
El rabí dice: por el camino del dolor se pasa una sola vez, cuando se ha amado.
Ella… no...

...