EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

En mi voz

lunes, 16 de octubre de 2017

El Viento Zonda Publicado en El Narratorio Octubre 2017



                                       El viento Zonda
                                                                                   
Una tarde de viento oeste, una tarde que paseaba por los senderos de Parque Leloir escuché que alguien comentaba que Ernestina Godoy y Rufino Pocoví se escondían en los jardines de la Clínica del Parque para intercambiar palabras y caricias que les traía la brisa.
            Y dijeron que Rufino Pocoví – después de muchos inviernos viviendo allí, tantos que ya nadie recordaba por qué había ingresado –  logró que el Doctor Mayor le confiara su jardín, con las flores de estación y de las otras y los paraísos y eucaliptos y acacias y pinos negros, blancos, y muchos otros y que Rufino Pocoví le explicó a su mujer que los pinos tienen siempre verdes las hojas y le regaló varias piñas, fruto de sus árboles amados.
Dijeron que Ernestina vivió con su mamá hasta llegar a una edad mediana y que Ernestina era una mujer buena moza que un buen día intentó explicar a quien quisiera oírla una alocada idea (opinaron los médicos, que de eso saben mucho).  Pues bien,  Ernestina afirmaba  que alguien quería prohibir el viento, el viento aquél de su zonda natal, y que querían prohibirlo sólo porque el dulce viento solía escribir en las piedras pensamientos duros y pertinaces mientras soplaba ardiente en los campos de su sanjuan natal.
Y me contaron que por algún raro designio de la ciencia Godoy Ernestina se encontró un buen día internada en una clínica de los buenosaires; fue allí que le contó al bueno de Rufino Pocoví su loca idea e inmediatamente Rufino Pocoví le contestó que al viento hay que respetarlo, porque algunos le dicen viejo, pero viejo y todo, Ernestina, mire como sopla ese viento suyo.
Luego, no sé cuándo, Rufino Pocoví le contó a Ernestina Godoy, recomendándole eso sí, que no lo repitiera jamás, (porque eso de “jamás” es una forma de decir que tienen los doctores), que él, Rufino Pocoví, estaba seguro que Ernestina tenía razón:
       -  el viento zonda forja las dunas de nuestro cuerpo como en un espejo caliente, con un lápiz perfumado - y modela en las sábanas blancas las formas del deseo - agregó Rufino Pocoví
         Aquí debo reconocer que me dijeron que Ernestina se ruborizó un poco, ella que era una señorita pero reconoció entre suspiros secretos que era así nomás, que el viento arrastra las miradas, las abraza y con los quejidos enciende la ternura entre danzas y que algo crece y decrece en la piel.
             Una tarde en que las gotas de humedad muerden y la ñata contra el vidrio estimula las confesiones, Ernestina le contó a María Veydile (la enfermera del segundo piso) que alguien quería prohibir el viento y le confió sobre Rufino Pocoví;   Mary (que es sólo la enfermera del segundo piso), se escandalizó y le aconsejó que se mantuviera apartada del viento porque es peligroso y está prohibido, que no es bueno para ella.
            Ernestina lo pensó y lo pensó pero decidió seguir los vericuetos del viento y lo vio quebrar las fronteras de las rejas del jardín y se imaginó que debía recorrer mapas ignotos y viajar para siempre como aquel río que dicen que se aleja y no vuelve.
            Enterado el Doctor Mayor, que era un buen hombre a pesar de toda su ciencia, quiso prohibir el viento. Fue entonces que Ernestina Godoy y Rufino Pocoví tuvieron que esconderse entre los vericuetos del jardín (que tan bien conocía el jardinero) pero no sería justo reconocer que desobedecieron del todo al Doctor Mayor ni a la enfermera del segundo piso y solían encontrarse atravesando las sombras quiero decir, andaban por ahí sueltos y se escondían  cuando alguien paseaba por los jardines y sus veredas.
             En la realidad Ernestina y Rufino gozaban viendo cómo los vecinos de una quinta lindante con el oeste (donde nace el viento zonda), hacían su labor bienaventurada, porque no hay tarea tan bendita como la de hacer germinar la tierra pensaban Ernestina y Rufino, y los granjeros además del trabajo de la casa cuidaban los gansos, los perros y  las gallinas y a una torcacita que se refugió bajo un alero y se quedó para siempre y no faltaba día que los tres, Ernestina Godoy, Rufino Pocoví y la torcacita reían de buena gana.
         No se si es importante aclarar que Ernestina era de buena familia – de los Godoy y Godoy como dicen en el barrio -, a la señorita se le notan los modales y el porte distinguido, (dijo la moza del comedor) aunque por estos tiempos Ernestina vaya vestida con ropas gastadas y una mantilla tejida al crochet (color amarillo patito) que le cubre los hombros, y por esa mirada altiva de sus ojos empapados de celestes estrellas y orgullosas primaveras.
            Sí, hay algo entre Ernestina Godoy y Rufino Pocoví dicen las coníferas celosas...     
            Una tarde impecable, a Rufino Pocoví le pareció escuchar que los doctores hablaban de que alguien quería prohibir el viento, dijeron que es peligroso cuando atraviesa las sombras y Rufino Pocoví (recordó que alguna vez, en sus mocedades, había sido músico) y quizás pensó que el viento se desliza como un milagro entre las notas blancas de su verdulera correntina; y también que la música puede parir y crecer como los amores locos. Y creo que también pensó que antes de semejante despropósito casi toda la música nacía del viento; aún en más en la verdulera, aunque los doctores, con toda su ciencia, lo ignoren.
            Y fue para entonces, me parece,  que Rufino Pocoví le contó a Ernestina Godoy que en algún tiempo él, Rufino Pocoví, para pensarse  músico se enganchó en una chacarerata  (antigua de verdad), y después se fue a Europa junto a una chica que también andaba en eso de la canción, aunque él ya había olvidado como se llamaba.
             Y también fue por ese tiempo que un martes de visita llegó la mamá de Ernestina;  fue llegando como si se llevara por los cabellos,  de revoloteo, como gallina ponedora que sólo puede levantar vuelo corto, por el peso de los huevos, digo; se le notaba el alboroto gallináceo en el dilatarse de los ojos y en el movimiento de las manos contrahechas y económicas que a Ernestina le hacían acordar cómo andan a los picotazos los pollitos.  El Doctor Mayor llegó después y entró por el caminito rodeado de nomeolvides, subió el escalón de la entrada, siempre seguido por María Veydile (la enfermera del segundo piso).
           - Comprenda, doctor, - decía la mamá de Ernestina - que han corrido rumores -;  la mamá decía eso, pero en realidad todos sabían que la cuentera había sido Mary que esperaba que las visitas llegaran para largar la lengua y forrar los bolsillos. Sólo Ernestina no le dio importancia porque para mi mamá los chismes siempre fueron una preocupación placentera, dijo.
     -  Yo no me fijo, cada cual hace su vida como quiere – decía la señora -  pero mi hija es señorita y tratándose de una discapacitada, usted me entiende, Doctor - y permaneció de pie, con una sonrisa cómplice, las manos escondidas, como si tuvieran vergüenzas entrelazadas en su espalda.
             Al Doctor Mayor, que no por nada era el director se le dibujó una mueca que solía llevar escondida y aunque no se le nota, Ernestina le conocía muy bien.
           - Me gustaría conversar con usted en privado - y esperó para que sus palabras crearan el suspenso necesario -  permítame  invitarla a mi despacho.
          Ahora si a la mamá se le instaló otro gesto que seguro todavía no conseguía encontrar, lo siguió.  Cuando la mamá salió de la entrevista se le había derrumbado la con cara y todo; claro que Ernestina nunca la había visto así: su mamá tan charlatana que no paraba de hablar esa tarde estaba silenciosa como un poste.
            Creo que fue a partir de esa tarde que el Doctor Mayor le encargó a Lady Godiva (que era la psicóloga rubia) que se reuniera con Ernestina Godoy y Rufino Pocoví y Lady Godiva les dijo que era bueno que los dos se sentaran en la playera, en el parque,  para charlar y charlar. Por supuesto María Veydile (la del segundo piso) contó que, los novios, en seguida se abrazaron y se besaron...  y luego él con una mano... pero que parecía que a Ernestina le daba vergüenza (eso creía Mary) pero que Ernestina no parecía hacer nada por safarse.

               Quizás la mamá de Ernestina no entendió  que las piedras estaban escritas por los vientos, incluso el Zonda, desde mucho tiempo antes. Y creo que fue entonces que Ernestina Godoy y Rufino Pocoví pudieron adivinar que el sonido nacería de la verdulera y crecería entre amores locos y que a nadie más se le ocurriría prohibir el viento.  

sábado, 23 de septiembre de 2017

BIFICCIONES: Raza peligrosa – Ada Inés Lerner & Luciano Doti



:




Raza peligrosa 



– Ada Inés Lerner & Luciano Doti:



   Una numerosa y pacífica raza de extraterrestres se ha
mezclado entre nosotros. Algunos han tenido que emigrar a otros puntos del
planeta más tolerantes con su color de piel o sus rituales religiosos. Por eso
varios viven en mi barrio. 
Su programación es muy rudimentaria: parecen venir
especialmente a reproducirse y por eso andan detrás de cada humano que pasa.
Nos hemos visto obligados a proteger a nuestros ejemplares con cinturones de castidad.   Esto no los arredró porque poseen un probóscide flexible y finito. 
A menudo tuvieron que apañárselas lo mejor que pudieron con situaciones bastante peligrosas. Hembras humanas han reaccionado violentamente cuando al pasar frente a los extraterrestres recibieron miradas lascivas. 
  Todo eso ha hecho que seamos considerados “raza peligrosa” y que el operativo de mestizaje interplanetario esté condenado al fracaso; salvo que aparezca una humana despechada y decida aparearse con cualquier espécimen que se cruce en su camino.

viernes, 15 de septiembre de 2017

El rollo que vuela - publicado en Elnarratorio.blogspot.com

 el rollo que vuela                                                           
                                                    
















 De nuevo alcé mis ojos y miré,
                                                      y he aquí un rollo que volaba.
                                                        Y me dijo: ¿Qué ves?
                                                                                                                              Y respondí:
                                               Veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo,
                                                                              y diez codos de ancho.
                                                                 Cap.5 – Zacarías – Antiguo Testamento                                                                 

       —Madre Dolores, que en paz descanse… necesito de usted
       —Me sentiré muy honrada, hijo ¿que ocurre?
   —Nada grave, pero he tenido un sueño muy extraño, con cierto misticismo y pienso que usted puede ayudarme a interpretarlo…  —Vea madre, soñé que galopábamos, Zacarías y yo. Ya entrada la noche íbamos al norte,  estábamos apenados, en silencio con esas tristezas de las que los hombres no hablan, ¿vio? Al girar los caballos al este, y a lo lejos, vimos algo que volaba.
      —¿Qué ves, patrón? —me preguntó Zacarías.
      —Veo un rollo que vuela —le contesté yo —Los caballos, asustados, ocuparon toda nuestra atención, no era cosa de quedarnos de a pie. Dominadas las bestias, sin consultarnos siquiera los dos seguimos el mismo rumbo: para las casas.  Íbamos llegando cuando un espectáculo infernal se ofreció a nuestros ojos. Mudos,  asombrados, vimos que era una nave espacial, un ovni que le dicen, bien definida por luces propias; se había adelantado a nosotros. Hombres, mujeres y animales parecían enloquecidos, corriendo de un lado a otro, como  perseguidos por ánimas malditas.
Madre Dolores se persignó.
   Pedro conducía atento al camino como si ahí, en el sendero que marcaba el asfalto gris, estuvieran escritos sus sueños.
  —Los animales de la granja yacían muertos por todas partes Madre, destrozados a dentelladas por los perros.
  —¡Pedro! ésa es una cita del Antiguo Testamento, estoy segura, no recuerdo a qué libro, ni el versículo, pero puedo encontrarlo.
    —¿Vio? a mí me parecía... Los chicos saltaban en un extraño baile de muertos. Todos parecían contagiados del furor que había prendido en los irracionales. Como si Mandinga…
   Ante la mención del Maligno doña Dolores se persignó nuevamente y besó la cruz que llevaba en el pecho.
  —Como si Mandinga se hubiera enseñoreado del pueblo y hubiera querido herirlo con una plaga, la peor de todas: la locura.
  Habían llegado hasta el campo que fuera de sus padres y Pedro detuvo la camioneta, le abrió la puerta a Madre Dolores y la ayudó a bajar. Se sentaron en la sala.  Les sirvieron dos cafés y ya cómodamente instalados:
   —El ovni se acercó hasta que Zacarías y yo pudimos advertir que, efectivamente, se trataba de una nave espacial. Se apoyó en el suelo, se abrió la puerta que daba al este. Nos acercamos sin poder evitarlo, era más fuerte que nosotros. Pudimos ver un salón circular con tres puertas iguales. La disposición, tan exacta  y simétrica, me recordó a un laberinto que recorrí en Cruz del Eje.  Me sentía frente a un desafío del destino: los extraños me daban a elegir entre las tres salidas como si fueran tres dilemas, tres disyuntivas y yo debía optar por una. Los tripulantes nos observaban en silencio, sentados alrededor de una  mesa redonda. Los vi,  Madre Dolores, como la veo a usted ahora...  Entonces uno me dijo: Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta (como está de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que jura falsamente (como está del otro lado del rollo) será destruido y dice Jehová de los ejércitos, y vendrá a la casa del ladrón, y a la casa del que jura falsamente en mi nombre; y permanecerá en medio de su casa y la consumirá, con sus maderas y sus piedras... Y salió aquel ángel que hablaba conmigo, y me dijo: Alza ahora tus ojos, y mira qué es esto que sale y  dije:
   —¿Qué es?
   Y él dijo:
   —Este es un día en todo que sale. Además dijo: Esta es la iniquidad de ellos en toda la tierra.
   Y he aquí, levantaron la tapa de plomo, y un calendario estaba grabado allí y él dijo:    
   —Esta es la Maldad; y la echó dentro y echó masa de plomo en la boca del día 11 del 11 de 2001
    Alcé luego mis ojos, y miré, y dos mujeres que salían y traían viento en sus alas, y tenían alas como de cigüeña, y alzaron el vuelo entre la tierra y los cielos.
   Madre Dolores tenía la mano acalambrada de persignarse. Pedro,  sentado a su lado, gesticulaba, contra su costumbre, como si estuviera muy exaltado:
   —Y así, sin hablarnos, sentí que comprendieron que los habíamos entendido; pensé seguro fue nuestro Señor que nos ayudó con ese  Concejo...   Luego volvimos todos los del pueblo, cristianos, monturas y perros, Zacarías y yo,  cada uno a su tarea.

  

viernes, 1 de septiembre de 2017

Escritor invitado: Sergio Varela

Hay otros mundos y están en este — Sergio Varela



   
Aparté con delicadeza de cirujano, o acaso de ladrón descuidista, el ejemplar de El hacedor archivado sin urgencia en la biblioteca, entre otros volúmenes económicos de Borges y Bioy Casares, ofertados como suplementos semanales por un diario que nadie leería en la casa, ni siquiera con ánimo de refutación.
Lo resucité del sarcófago de celofán que lo aprisionaba intacto como una contraseña inviolable.
Después de saborear un bizcochuelo legendario en sus reverberantes perfumes alimonados, y un café con leche callejero no menos memorable, al pie del andén de la estación Ituzaingó, abrí más tarde sus páginas, ya vagamente sentado junto a las puertas de un moderno vagón chino del Ferrocarril Sarmiento.
Y los bastos arrabales suburbanos del Oeste transmutaron en espejos, tigres, laberintos, duelos a cuchillo donde el honor era una música de milonga, cosmogonías apócrifas, Shakespeare, Cervantes, Rosas, Quiroga, Perón y otros sueños.
Al llegar a Once, aquel antiguo escenario de una (otra) batalla perdida contra los ingleses, de aquella al menos la cronología me había concedido, acaso, la ausencia, comprobé que en ese momento yo también padecía de irrealidad, como tantos de ellos.

jueves, 31 de agosto de 2017

Bificción - Ada Inés Lerner y Ana María Caillet Bois

Resultado de imagen para el viejo que saltó por la ventana y se largó
foto tomada Google




                               



                                  Invisible




Cuando él estaba, mi marido, hablaba solo; era el hombre. Luego se fue yendo de viejo y seco nomás. A mí me empezó a ser difícil obtener las palabras de mi pecho, y de soplones ajados, de tanto silencio que habían guardado, desaparecieron. También volaron los recuerdos y la memoria quedó maltrecha y vacía, lo mismo que los hijos, que dejaron de venir. Los adornos antiguos desaparecieron o se fueron rompiendo. Y hasta yo me fuí borrando, como un dibujo ajado por el tiempo y el abandono.

Nadie se percató, porque los viejos se van perdiendo o quedan en un rincón, invisibles; así quedé yo, sorda e inaudible. De vez en cuando sentía cosas, el viento que me rozaba,el calor del sol que calentaba mis frágiles huesos, la lluvia que me mojaba, pero solía pensar que soñaba. Si estaba adentro de la casa no me podía rozar el viento, ni calentar el sol ni mojar la lluvia.

La vivienda, y todo el parque que la rodeaba, se volvieron invisibles, como yo; desapareció el cerco de entrada, ese que estaba rodeado de plantas para no ver el afuera, y los rosales que yo misma había plantado para dar un toque de color a aquella casa, siempre tan oscura como si nadie hubiera vivido en ella, se desdibujaron.


Ada Inés Lerner y Ana María Caillet Bois

miércoles, 26 de julio de 2017

Relato breve - Leo Mercado

Difundido por:

Piedra y nido


Posted: 23 Jul 2017 05:20 PM PDT
Carolina sueña que los perros la cercan, que la angustia, corrosivo líquido, segregación interna, le amalgama la sangre. Carolina mira el negro cielo y ve a la luna redonda, enorme.
Yo me sueño lobo, en el otro extremo de la almohada.


Leo Mercado(Salta, Argentina, 1982). En poesía publicó “Viento norte” (Color Pastel, 2005; 2009 intervenido por artistas plásticos). En 2008 creó el sello independiente “Viento Norte, ediciones de alambre”. Allí publicó “Bocanada” (2008, plaquette), “mil200” (2011) y “39” (2012).
En prosa, formó parte de la “I Antología Triple C”, (Macedonia, 2012), de “El barco de papel. Antología Argentina de microrrelato infantil y relatos breves” (UNT 2014), “Fútbol en breve. Microrrelatos de jogo bonito” (Puertabierta editores, 2014), “Ballenas en hormigueros. Antología Hispanoamericana de Minificción” (Ojo de pez, 2014), “Borrando Fronteras. Antología trinacional de microficciones” (Macedonia 2014) y “¡Nocauts! Microrrelato internacional de boxeo” (Dirección de Fomento Editorial de la BUAP, 2015). Editó junto a Caro Fernández “Hacer el cuento, microcrónicas” (Macedonia, 2012) y (también a dúo con Caro Fernández) “Volver a hacer el cuento, microcrónicas” (Ediciones Sherezade, 2015). Es Co-Director de la  “Cofradía del Cuento Corto”.


LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO: Vito -

LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO:


- Ada Inés Lerner, 

Sebastian Ariel Fontanarro,

Claudia Isabel Lonfat

 Vito desapareció. Lo busqué por los lugares donde solíamos pasear cada tarde, también por los alrededores. Nada. Pegué fotos en cada cuadra, en las vidrieras de los negocios. Le pregunté a cada vecino. Nadie lo había visto. Decir que Vito se perdió sería injusto, porque él no era un perro común y corriente; sí, ya sé que todos dicen que su mascota es única y la más inteligente, pero en el caso de Vito es cierto. Lo encontré caminando por la costa, como todas las mañanas para oxigenar mi sistema circulatorio, mi silueta y en mi cerebro, se aclaran las ideas. Vito comenzó a seguirme y llegamos hasta el Faro, luego volvimos. Lo despedí varias veces, no hizo caso y cuando llegué al departamento se sentó al lado de la puerta y no se movió de allí. Lo llamé Vito en honor a Vito Dumas, porque lo encontré o él me encontró frente al mar

Llegado un atardecer un viejo pescador al verme llorar sentada en la costanera intentó consolarme revelándome la supuesta historia de Vito.
 —La mayoría de las cosas que recordamos están muertas, señora. Vito es la energía de la ilusión de un ser no nacido. Murió hace mucho dentro del vientre de su madre, una perra que salvó, allá en la villa, a toda mi familia de morir en un incendio. Vito coexiste con intermitentecias entre soledades humanas muy especiales. Sentirse agradecido por la experiencia maravillosa es la mejor manera de no sufrirlo. 

martes, 4 de julio de 2017

Minimalismos: Todo lo sólido se desvanece en el aire - Saurio

Minimalismos: 

Todo lo sólido se desvanece en el aire 

- Saurio:

Empezó con uno de esos mails virales que en cuestión de horas se propagan por todo el mundo, y luego siguió viralmente pero boca a boca. La consigna era simple: para vencer la desigualdad social la
gente debería negarse a trabajar y a consumir más allá de lo estrictamente
necesario para la subsistencia. Haciendo esto, el sistema perverso caería. No,
no era otra huelga más, acá no había ningún reclamo, ninguna exigencia,
simplemente se trataba de negarse a trabajar. Y funcionó.

No de inmediato, claro, la patronal, las jerarquías sindicales y los otros
engranajes del sistema reaccionaron y reprimieron. Pero la gente, gracias a
este mensaje viral, había perdido el miedo y se defendió. Muchos murieron,
pero, como eran más, vencieron. Además, el sistema necesitaba de consumidores,
y si nadie consumía la producción de bienes perdía todo sentido.

Así fue cómo el sistema cayó.

Alcanzada la victoria, lo lógico hubiera sido repartir las riquezas en forma
igualitaria. Pero la riqueza había perdido valor en un mundo no consumista, y
el acto mismo de repartir era trabajo, así que millones de bienes que en otras
épocas hubieran sido codiciados quedaron abandonados y olvidados.

Cuando se agotaron los alimentos y los recursos acumulados la gente se enfrentó
con otro problema, ya que procurarse el sustento era trabajar, y trabajar era
lisa y llanamente resucitar al sistema.

Así fue como la gente se extinguió.

Alguien escribió que si a un grupo de chimpancés se les dieran computadores y
tiempo suficiente, alguno de ellos terminaría escribiendo las obras de
Shakespeare. Pero nunca se les ocurrió que antes de eso podría escribir un mail
viral y enviarlo.

Así fue como llegamos a ser la especie dominante en el planeta.

viernes, 30 de junio de 2017

PERSISTENCIA: Ficción breve escrita por mujeres


Gracias Alejandra Jamieson escritora, Patricia Nasello, https://www.facebook.com/adaines.lerner#

 #OutsiderLaRevistahttp://www.eloutsiderdigital.com/bibl.../4-persistencia.html
Está disponible en .epub y también en .mobi


file:///C:/Documents%20and%20Settings/Alejandro/Mis%20documentos/Downloads/1497205672.pdf

El mito


Por favor, sea breve —dijo el relojero —debo poner en orden los relojes. El ritmo del tiempo es mi responsabilidad. Un error podría ser fatal para la Humanidad. ¡Y para el resto del Universo!
En el Génesis la marcha era acorde, pude ocuparme de otros asuntos: conciliar con Abraxas, regular a los demiurgos y otras tareas.
El tiempo no pasa en vano y mi misión es promesa de futuro.
No lo digo por soberbia. Soy Dios, sólo soy Dios.



El jardín

Al fin paró de llover.
Esta noche la luna la amenaza con su luz, en la humedad del jardín. Se pueden sentir más frescas y brillantes las hojas. Las guías de la hiedra avanzan con pasos desordenados.
Bajo los pies de ella hierve la vida, la vida que la rodea, la desconcierta, lentamente la envuelve y la abduce hacia una estrella lejana.


Morir mañana
En el Orden del Infierno se castiga primero a los pecadores más lejanos a Dios: los fraudulentos y los traidores, que pusieron el mayor uso de la razón en pecar.
Vladimir y Joe, entre otras perversidades, son gestores de guerras donde mueren inocentes por abandono, inanición, explosivos o daños colaterales.
Aterrorizan a los dos infractores con un moderno método de la inteligencia artificial.
Una diosa menor introduce en los cuerpos de estos sentenciados pequeñísimos robots, nanites, que penetran en sus cuerpos y son células dormidas que se activan por una clave binaria. Las próximas víctimas son oportunamente informadas de que han sido inoculadas y por siempre temerán que cuando la Justicia lo ordene, comenzará de inmediato una hemorragia de todos sus órganos y será imposible que la detenga la medicina tradicional. Vladimir y Joe sobrevivirán temblando las carnes hasta el Gran Día, y ése será su Castigo: temer más y más, a cada instante, la posibilidad de morir que a la muerte misma, a la que, me consta, conocen y frecuentan.

Ada Inés Lerner Goligorsky es argentina y editó los libros "La  Cuadra de las Viudas", FAJA DE HONOR de la SOCIEDAD DE ESCRITORES DE LA PROV. DE BUENOS AIRES
"El hombre de mis sueños" - cuentos eróticos -

Colabora con diversas revistas literarias:
Traducida al italiano en “Il sogno del minotauro”
Traducido al inglés en “Cuentos argentinos en otros idiomas” 
Ha obtenido la categoría de finalista y distinguida con la  participación en las Antologías:
 
Inmigrantes y emigrantes - Edinexus – Málaga – España; III Conc.Cuento y Poesía de Arte y Cultura de Merlo – Bs.Aires; Conc.Macedonio Fernández –
Osmecon CMLZ – Bs. Aires; Microrrelatos Moncada Radio – Cataluña – España; A:C: ;
Provincial I.S.Letras y Literatura Nª 35 – Monte Grande – Bs. As;
Plaqueta del Grupo editor: “La piedra en la honda” – San Juan;
II Antología de Poetas de Morón – Prov.Buenos Aires –
Antología “Universo Roberto Arlt” de la Univ.del Centro - Tandil

Antologias: “Gritos y Silencios” / “Globalización y Barbarie” – “El lago”
 “Las Damas de la Mesa Cuadrada” / “Wakefiel y otros textos”

 1º premio en cuento en Torneos Bonaerenses en el año 2004 (Premios Municipal y Provincial);
1º premio en poesía en  Torneos Bonaerenses 2005/08 (Premios Municipal y Provincial);
 2º y 3º premios en Torneos Bonaerenses en cuento y poesía (Premios Municipales 1999/2000/01/02/03/04/05/06/07/08/09;
1º, 2º, 3º premios y menciones en diversos  concursos provinciales, nacionales y de instituciones privadas. (Conc. Lit. UE de Moreno y Editorial Botella al Mar; /  Rotary Club; Circ. Lit. Bme. Mitre;
Soc. de Escritores de Aimogasta – La Rioja; Cultura, Educación y Deportes –
 Teatro LyF;
Conc. Lit. La Tradición ;
 3º PREMIO POESIA III Conc Lit. Nac.
Asoc. Arte y Cultura de Merlo;
3ª PREMIO CUENTO Casa Italiana en SAN PEDRO
Conc. Lit. Organiz. Solarte – Zárate; 60º Aniv.. Clínica Modelo de Morón;
Reunión Escrit. Indep. de Avellaneda;
MENCION Poesía en honor a Palestina – Embajada de Palestina en Buenos Aires
2º PREMIO Poesía – Colegio de Abogados de la Ciudad de Mercedes
MENCION Cuento – Universidad Notarial de Buenos Aires

En muchos de ellos y otros fui incluída en Antologías






















jueves, 22 de junio de 2017

Brevilla: Microrrelatos de Alejandra Basualto


Brevilla:                                                                                                         

 Microrrelatos de Alejandra Basualto:

 ZURDA
En el comedor los ojos de la monja son cuchillos sobre mi mano izquierda. Viene amenazante pero la cuchara sigue firme en mi mejor mano. 
-Niña, ¡Te he dicho que es mala educación comer con la izquierda! Y los puntitos bajo sus cejas gotean piedras sobre el plato que se enfría. 
-¡Toma la cuchara con la derecha y come!
Obedezco, pero la cuchara se vuelve difícil y los garbanzos manchan mi pechera antes de llegar a la boca. Además, se me cerró la garganta, no puedo tragar y, por último, esta comida es mala y no la quiero.


TICSLa niña era tan nerviosa que estaba llena de tics a la hora de la cena.
Papá la observó unos instantes y su cara enrojeció:
-¡Para con eso, que me molesta!
Ella trató pero por más que se esforzó, los incontrolables tics la hacían parpadear y la boca se abría y cerraba sin parar. Apretada la garganta, comenzó a toser.
El padre se puso de pie, la agarró de un brazo y la empujó hacia la puerta de salida. 
–Te irás para afuera y no entrarás hasta que me prometas que te portarás como señorita bien educada.
La noche negra del campo, sin luz que pudiera cobijarla, acogió a la niña. Lloró hasta que los sollozos se le secaron en el pecho y las lágrimas formaron una poza en la tierra.
Cuando la madre vino a rescatarla una eternidad después, la pequeña yacía dormida entre los perros.


UN VASO DE AGUA
-Chani, tráeme un vaso de agua –exigió el tío Pancho desde la comodidad de su sillón, mientras desplegaba el diario dominical. La niña corrió a la cocina, llenó un vaso y volvió rauda a entregárselo.
-Está muy lleno –reclamó el hombrón con una mueca.
La chica volvió a la cocina y vació la mitad del agua en el lavaplatos. Cuando se lo entregó de vuelta, el tío rugió con los ojos encendidos de rabia:
-¡Estúpida, no puedes hacer nada bien! ¡Agrégale más agua!
La niña lo miró silenciosa, cogió su abrigo y salió de la casa de su tío para nunca más volver.

RECUERDO PRENATAL

Mis padres están tensos. Discuten y rezan. Esperan que yo sobreviva, que nazca sana y fuerte. Se han preparado desde hace más de un año. Todos los días vino una enfermera a inyectarlos y acudieron cada semana a que los examinara el doctor. 
––¡Tantos antibióticos! ––oigo decir a mi madre. ––Ojalá que no haya consecuencias. ––Y entonces llora. Y luego dice que extraña a su madre que ya no la visita por su causa. Que toda la ignominia y la humillación que la sobrepasa es por causa de él, que su hijito mayor estaría vivo si él no lo hubiera infectado con su mala vida, que el niño murió por su culpa, que cómo podría ella seguir viviendo si esta guagüita de ahora también nace enferma. 

EL PADRE
Mamá levantaba la mesa cuando se oyó el portazo. Las tres nos miramos aterradas. Papá llegaba de malas…
-¿Qué hay para comer? –preguntó él, sacándose el sombrero alón y la chaqueta de huaso. Luego se sentó a la mesa.
-Creí que no llegabas a comer, como es tan tarde…
-Tú no tienes que creer nada, mujer. La helada está cubriendo la siembra y vamos a perderlo todo si no nos apuramos. Sírveme algo que estoy muerto de hambre y cansancio. ¡Corre!
Mi madre nada dijo y se apuró con la cazuela y el vaso de vino.
Él engulló con avidez la sopa y se tragó el vino a sorbos largos. Luego nos descubrió semi escondidas tras el sofá y gritó:
-¡Qué están mirando, cabras de mierda? ¿Nunca vieron a alguien con hambre? ¡A acostarse, si no quieren que les saque la mugre con el rebenque!

CALLAMPAS
Mamá decidió cocinar tallarines para el almuerzo playero y envió a los niños al bosque por callampas para preparar la salsa.
Bajo los pinos se divisaban gordos hongos de sombreritos color marrón. Como esos eran los que podían comerse, os chicos comenzaron a acumularlos en los canastitos de sus bicicletas.
De pronto, voces airadas surgieron del oscurecido suelo bajo los árboles. La niña menor se arrodilló para oír mejor. Con sus manos escarbó un poco entre las agujetas de los pinos y ahí apareció una diminuta mujer que reclamaba contra los ladrones. 
Asombrados los chicos observaron que bajo las callampas vivía una población de pequeños seres que corrían de un lado a otro portando pancartas en contra de la expropiación.


PRÍNCIPE AZUL
(este es también un poema CON OTRA GRÁFICA)

No desmontes de tu brioso corcel, ni me tomes en tus brazos, ni roces mis labios con tu boca delicada porque, si te miro de frente con mis ojos de bruja verde, y te beso como se debe, y me sueño todo el cuento entre tus sábanas de holanda, mucho me temo que desaparezcas.

FATUM
Emites todas las señales pero, cuando recojo el guante, de tu corazón se escurre un conejo.

ABANDONO
¿Adónde van, adónde van? gritaba el poeta. 
No me dejen aquí, que me muero de frío. 
Desde lejos veíamos cómo trataba de seguirnos, pero no tuvimos piedad. ¿Qué podíamos hacer con un poeta a cuestas? 
¿Cortará la leña, podará los árboles, hará la comida tal vez, lavará los platos, vigilará a los hijos, cuidará los animales, acaso? preguntamos a coro.
Desde el puente lo observábamos, pequeñito, caminando por la llanura con su bolsón lleno de libros y de lápices. 
Sin embargo, traíamos el corazón aterrizado, firme sobre los pies pegados al suelo y no logramos vislumbrar ningún uso posible para tal personaje.
Regresamos a nuestras casas cantando. 


Alejandra Basualto (Rancagua, Chile, 1944). Poeta y narradora. Licenciada en Literatura y egresada de Doctorado en Literatura Latinoamericana, Universidad de Chile.

miércoles, 21 de junio de 2017

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MISANDRIA


                                           MISANDRIA
Un aporte para esclarecer misterios  
 fem. dícese del fastidio que provoca en algunas mujeres
cierto animal bípedo implume del género masculino
de la raza humana. ú.t.c.s.



Desde tiempos inmemoriales he desandado penosos pasillos de bibliotecas cómplices, consultando tratados de conspicuos contenidos.
¿Por qué? podrían preguntarme. Creo que la mejor respuesta es que he decidido reconstruir, desde la literatura y con justicia, el idioma que amo. Es este un plan tan extravagante y asombroso que voy a necesitar de la contribución de cada escritora que desee aportar a posteriores ediciones y a otras ya desaparecidas.
Para este propósito elegí como personaje a un tipo: Félix. Quizás el vocablo que elegí sea culpable de que yo adjetive en exceso. Puede ser. Creo que si hoy me ocupa y me preocupa es porque sugiere dos términos pertinentes a mi situación: en primer lugar, el término Misandria cita a la familia de una trémula y afinada pajarilla entrerriana (........andria) y en segundo lugar a una melodía religiosa del África virgen (misa..........).
Nada en su sonoridad pre-anuncia y de-nuncia la enorme crueldad que se ejerce sobre uno de los géneros de la raza humana. Es notorio analizar que este tipo, personaje llamado Félix (lo utilizo como sustantivo propio a pesar de que representa al tipo común), ya que es un hecho que puede (debidamente) dar sustancia al sujeto principal de mi literatura.
Félix – que de él se trata – ha caminado por tantos de mis cuentos, y ha pasado de ser el jardinero de “una cuadra de viudas” a ser “el hombre de mis sueños”.
Desde su aparición en mis sueños y por ende en mi literatura, Félix es un tipo en abstracto. Se presentó como en un síndrome vertiginoso.
En la literatura subsistente, dominada por siglos de oscurantismo machista, el término “misandria” ha sido injustamente sepultado por la preocupación ilusoria de la pertinente Academia por incluir conceptos, a toda vista nubes de humo, con el pretérito concepto de sustentar la desaparición indefinida de nuestra identidad femenina.
Una de las escuelas lingüistas que más ha investigado la conveniencia de incluir la voz misandria en el uso diario de la lengua, ha sido la liderada por la abajo firmante. Si alguna de nuestras lectoras se siente inclinada a continuar en esta huella, le sugerimos buscar primero a un tipo – como Félix pero no a Félix - que justifique integrarla a su objeto poético, a fin de abonar a un proceso y no ser copartícipe voluntario (ahora que ya lo sabe) de un pasado irrecuperable.
Además debo aclarar que Félix es dueño de entera libertad y sapiencia para el juego amoroso. Félix remite a Feliz y no es fácil de definir, no es rubio ni morocho, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, es un hombre tipo y cuando comienza a surgir va llegando a mi lentamente, con la arritmia que solo me pueden dar los sueños y mi personaje está hecho de sueños.
Para quien se sienta escandalizada le recordamos que ya “Segismundo Froid“ hablaba de la envidia del clítoris que desvela al macho de la especie. Deseo contribuir a fundamentar este postulado científico (con el único fin de apostar al esclarecimiento del tema), que la envidia la genera (en el mismo espécimen) la imposibilidad de la maternidad y que dicho ejemplar – Félix - está demasiado atento a “ocuparse en destruir aquello que no se siente capaz de construir”.
El primer y único proyecto en este sentido que me ha llegado a través de la filosofía fue propuesto por Platón, sabio ermitaño, analfabeto y funcional, que en su dialécto colérico lo definió ajustándose a su perspectiva, a fin de influir en la realidad, cuando se calificó a sí mismo como un “animal bípedo implume”.
Ése es Félix. Mi personaje.
Hasta aquí una síntesis de mi postura, sustentada en principio, en una traducción apócrifa del Journal Femenil de La Banda Roja.

viernes, 16 de junio de 2017

Por donde me lleve el viento


─ Por donde me lleve el viento ─ Resultado de imagen para Viajar por el viento

 Estaba orillando los veinticinco y terminó la universidad, entonces Juan sintió necesidad de viajar y conocer el mundo, no sólo en las lecturas más disímiles sino en el contacto con seres que le contaran las historias de sus antepasados, fueran éstos blancos o negros, amarillos o rojos. Había transcurrido un tiempo prudencial cuando conoció a los zombis, luego a los nigromantes y a los hombres santos.
   Aprendió que para todos, los finales son también principios.
   Aunque sigamos sólo a Juan, todas las historias de todos los hombres están rodeadas de otras personas o vientos, huracanes, y animales vivos o muertos, fantasmas, brujos o duendes.
   Y en su viaje Juan conoció el futuro, viajó por el viento y con la máquina del tiempo. Sintió asombro, sorpresa, admiración, duda. Temor. Juan llegó a situaciones límites. Vio todo lo que hay y todo lo que existe.
   Y llegó al Oráculo de Delfos y supo la verdad: Conócete a ti mismo.


Autora: Ada Inés Lerner

lunes, 12 de junio de 2017

Bificciones - Invisible

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 Invisible -

Ada Inés Lerner &
Ana María Caillet Bois

Cuando él estaba, mi marido, hablaba solo; era el hombre. Luego se fue yendo de viejo y seco nomás. A mí me empezó a ser difícil obtener las palabras de mi pecho, y de soplones ajados, de tanto silencio que habían guardado, desaparecieron. También volaron los recuerdos y la memoria quedó maltrecha y vacía, lo mismo que los hijos, que dejaron de venir. Los adornos antiguos desaparecieron o se fueron rompiendo. Y hasta yo me fui borrando, como un dibujo ajado por el tiempo y el abandono.
   Nadie se percató, porque los viejos se van perdiendo o quedan en un rincón, invisibles; así quedé yo, sorda e inaudible. De vez en cuando sentía cosas, el viento que me rozaba, el calor del sol que calentaba mis frágiles huesos, la lluvia que me mojaba, pero solía pensar que soñaba. Si estaba adentro de la casa no me podía rozar el viento, ni calentar el sol ni mojar la lluvia.
La vivienda, y todo el parque que la rodeaba, se volvieron invisibles, como yo; desapareció el cerco de entrada, ese que estaba rodeado de plantas para no ver el afuera, y los rosales que yo misma había plantado para dar un toque de color a aquella casa, siempre tan oscura como si nadie hubiera vivido en ella, se desdibujaron.
Finalmente solo quedó un espacio vacío.
Principio del formulario

martes, 6 de junio de 2017

BIFICCIONES: Exobiología – Héctor Ranea & Ada Inés Lerner

                     Exobiología – 


Héctor Ranea 

Ada Inés Lerner:          


—¿Seguro que le quiere poner aceite?
 —¿Por qué lo dice?
 —Porque a estas cosas el aceite les cae como el demonio. Se retuercen todas; le retuercen todas, les duele, creo.
—¿Ya lo probó?
—Cientos de veces. Pero no lo hice yo. Gente como usted que viene y si
encuentra uno lo somete al aceite. ¿Lo leyó en algún lado?
—La verdad, no. Ahora que lo dice, no sé por qué lo hago.
—Debe ser que nosotros amamos el aceite.
—Es posible, pero no es mi caso.
—¿Cómo? Espere que llamo a los guardias.
—¿Quiénes son “los guardias”, los biólogos de los xenos? ¿Por qué se meten con los seres vivientes en el vacío del espacio sideral o en las abrasadoras
estrellas?
—Prefiero llamarlos sexobiologos ¿puede que tengan que ver con los xenófobos o los sexófobos? ¿Será por eso lo del aceite? ¿Para torturarlos?.

domingo, 28 de mayo de 2017

El Narratorio blog: ANTOLOGÍA LITERARIA DIGITAL Nro 14

El Narratorio blog: ANTOLOGÍA LITERARIA DIGITAL Nro 14:                                             Disponible para su descarga en: MEDIAFIRE Leer On l...


                     Diálogo
silencioso
                                                        
            
─Gallega ¿cómo
se renueva la esperanza? 
Lázaro me
formula esas preguntas sin esperar respuestas y enfila con los pies pegados al
piso hacia la retirada amputando las raíces de las horas.
 ─Tu tienes una jaula de puerta abierta,
Lázaro, si eres infeliz será porque abandonaste la lucha ¿por qué no huyes para
siempre?
Lázaro se
arrastra buscando un rincón,  se arrastra
desde su incertidumbre hacia una certeza, la certeza cobarde de encontrar en la
televisión una alegría, la alegría pasiva que viene del afuera y que no lo
comprometa.
      ─¿Te lo preguntaste, gallega? 
─Sí,
¡Jesús! sólo que yo no conozco la respuesta, Lázaro, sólo sé que tú solías repetir:
mucha lucha, gallega, mucha lucha.  —Aunque
hubo otro tiempo...
─Creí que
era para toda la vida, gallega, la vida compartida con vos y los chicos, ¡los
chicos! 
Enredados
en las volutas del humo de mis cigarrillos los chicos van acercándose a mí a
destellos, y en las lucecitas que se filtran por el techo veo las caritas
sonrientes y desde las sombras, como espíritus inquietantes, rápido se van
diluyendo sus sonrisas, sus ojitos 
y  ya no me queda nada  ¡Los chicos! ¿Qué pensarán de mí? gallega, ¿Querrán
verme? (Los chicos suelen creer que es por sus travesuras y torpezas que el
mundo es difícil, que quizás por su culpa el papá se fue. ¡Los chicos! los
chicos creen que la fruta más sabrosa es la que está en la rama más alta; en
otro lugar.)
─A eso tú
lo llamas soñar, Lázaro —Él solía recordar su infancia, una infancia con más
dulces que caricias. 
─¡Mucha
lucha, gallega, mucha lucha!, solías repetir, Lázaro, la puerta de nuestra casa
estaba siempre abierta ¡por los clavos Cristo! y yo nunca necesité escapar. Al
parecer yo soy así, ni siquiera soy como me veo en la luna del armario... soy
como él me veía.
─Porque te quería bien,
gallega... ¡carajo con los recuerdos!, maldita memoria que no lo deja olvidar a
uno.  ¿Qué les habrás dicho a los chicos?
La gallega no solía ser amarga o mala, pero ahora, ¡quién sabe cómo será ahora!
Debe haber sufrido cuando me fui, aunque yo no era gran cosa. ¿Estará sola? ¿Se
acordará de mí?
─Y yo... no puedo olvidar, Lázaro, porque esa
vida,  esa vida que alcanzaste a vivir a
medias, yo diría una vida casi entrevista, ése fue nuestro tiempo perfecto y se
nos presenta hoy como la presa del deseo, como una alucinación demencial.  A ti Lázaro, el cobarde, lo vence el
cansancio de recordar el tiempo viejo. Si yo hubiese cruzado esa puerta habría
sido porque yo no formaba parte de los planes de mi familia. No es que yo no
hubiese querido estar sola, sin tener que explicarle al verdulero lo que no
quiero; o  decirle al conductor del
autobús adónde voy. En definitiva, que yo me impaciento con las normas tontas
de esta sociedad, tu Lázaro, tú siempre repetías: mucha lucha, gallega, mucha
lucha.
─Soy un hombre austero y
trabajador, algo distante, es cierto; fueron buenos los primeros
tiempos...  ─mejor no recordar, el primer
laburo, el noviazgo. Gajos de un tiempo sereno
La vida se va sucediendo y llega
el casamiento y los hijos.  Un día todo
está hecho.
─Si, gallega, yo tuve una casa
para volver después del trabajo, comida caliente y sabrosa, la misma buena
mujer en la misma cama mientras mis chicos duermen en la otra pieza.
─Es una casa sencilla y
confortable, Lázaro, tu sabes, esta castellana la mantiene tan ordenadita, tan
limpia.
─Yo hubiera podido llegar a creer
que esta apariencia de agrupación es mi familia. Y que ya no estaré solo. Estos
pensamientos eran los que alimentaban mi esperanza en esos días.
─Algunas veces, en el
medio de la cena, Lázaro, te quedabas solo, ¡qué tío! tu ponías la mirada fija
en el ventanillo de la cocina vacía. Parecía que tú no veías ni oías...
 ─Sólo sentía un zumbido sordo adentro,
gallega, como si un bicho te rascara despacio; como si mi horizonte estuviese
vacío. Y yo no quisiera que lo interpretes distinto. ¡Mucha lucha, gallega,
mucha lucha!
─Ahora
Lázaro, tu te arrellanas,  tu cuerpo se
desvanece en el hueco del sillón desvencijado y sólo queda tu mirada yerta,
fija en la pantalla de la televisión.
─Así voy
atestiguando, gallega, desde otro lugar como pasa la luna por el cielo, y luego
la madrugada, el día pleno con el sol subiendo desde el este, subiendo y muriendo
su luz hacia el oeste se va apagando y de nuevo la noche, gallega. Y sigo
viviendo, después de todo ése es el precio que se tiene que pagar por la vida,
elogiar el pasado y seguir esperando, renovar la esperanza.
─La esperanza,
Lázaro, la esperanza ¿de qué? Tu esperanza es hablar del deseo y nada más, es
sólo aguardar a sobrevivir a hoy, y sobrevivir a hoy es sólo una buena
estrategia.
─Es
importante querer, a toda costa, seguir vivo, gallega, y para eso hay que renovar
la esperanza.
─Otras
veces tu te quedabas ensimismado, parecías perder el hilo de tus pensamientos,
tu te adormecías en el medio de ellos y... y 
ese perder un poco la conciencia pudo haber confundido al destino.  De todas las formas, ¡Jesús, María y José! si
tú te caías en tan largos silencios, creo yo, es que tú ya no estabas
vivo.     
─Algunos días yo llegaba más
temprano del trabajo y me ocupaba del jardín o de arreglar las canillas.  Y mientras vos me alargabas el amargo. Solía
pedirte la latita de los cueritos (que había quedado ahí nomás, sobre la mesa)
y...
─...y yo te alcanzaba la pinza y
la conversación se reducía a eso y poco más. Casi una formalidad. Largas pausas
orillaban la cena interrumpidas por las risitas y el parloteo chillón, medio a
escondidas, de los chicos.
─... y luego de la cena yo
limpiaba la mesa  (porque no me
avergüenzo de eso, de ayudar en la casa, como algunos) y vos, gallega, llevabas
a los chicos a la cama, cerrabas la puerta y ahí no terminaba nuestro día.
─Mucha lucha, gallega, mucha
lucha, tú me repetías como un tanganillo
Ahora estoy solo, realmente solo,
ahora no tengo pasado ni presente, ahora comprendo que el futuro es la muerte.
Ahora comprendo, gallega, que la única vida posible, la única vida que me resta
es quedar entrampado en los recuerdos, que únicamente así viviré por siempre. Y
qué placer si pudiera ir diluyéndome en el vino, en el vino que me ayuda a
huir, a soñar con otra vida. A soñar con renacer una y otra vez y tener muchas
vidas diferentes, sucesivas, ir pasando de vida en vida en un placer sereno,
sin desear nada superfluo, como suele suceder en las familias, y que también
suele llevar por el lugar equivocado. Mucha lucha, gallega, mucha lucha...  del paraíso cercano se escuchan los pájaros
de la madrugada y el sol ya entreteje su luz con las hojas de los árboles,
alumbrando apenas nuestra almohada. Esta mañana me quedo un buen rato echado,
no deseo seguir durmiendo pero tampoco que la realidad venga a mí, me incorporo
con cuidado para no despertar a la gallega y abro la puerta. El sol está casi
asomado frente a la puerta, la tierra húmeda por el rocío me recuerda que
estamos en verano. Pocos ruidos sueltos llegan de las casas cercanas. Algunos
compañeros ya desfilan hacia la estación de tren, pronto deberé seguirlos. Algo
alejadas, algunas casillas precarias detienen mi mirada. Sí, quizás es el temor
a caer en la miseria lo que me hace pensar lo inútil del esfuerzo que ocupa mis
días y agota mis noches.  Temo que sea
posible que caigamos allí.
—Mucha lucha, seguías y
seguías repitiendo, Lázaro. Tú sentías que sobre tus hombros se sostenía el
mundo entero; además, tenías la seguridad de que el único que podía ayudarte
era dios (o la quiniela) aunque dios en este mundo, creo yo, no es más que
dios.
—¿Cómo se renueva la
esperanza?  Así es, me largo a caminar
por mi calle como todos los días pero cuando llego al andén y los compañeros me
apuran sosteniendo la puerta del coche los saludo con el brazo en alto sin
volver la cabeza y no paro, no paro hasta que no veo más el barrio y mi
respiración se hace muy rápida y fuerte y el cansancio me obliga a caer bajo un
árbol, agobiado por el sol del mediodía.
─En el momento, en el
primer momento, el aceptar la situación es lo difícil. Más tarde todo se va
dando, la vida sigue y sigue con un desarrollo gradual, casi sin notarlo.  A pesar del tiempo que pasó o quizás por lo
mismo, tal vez haya cambiado el sentido de mi vida. Hoy recuerdo que Lázaro me
preguntaba:
─Che gallega (nunca pude
hacerle entender que yo no soy gallega sino castellana)
—Che, gallega ¿cómo se
renueva la esperanza?