EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

En mi voz

jueves, 22 de junio de 2017

Brevilla: Microrrelatos de Alejandra Basualto


Brevilla:                                                                                                         

 Microrrelatos de Alejandra Basualto:

 ZURDA
En el comedor los ojos de la monja son cuchillos sobre mi mano izquierda. Viene amenazante pero la cuchara sigue firme en mi mejor mano. 
-Niña, ¡Te he dicho que es mala educación comer con la izquierda! Y los puntitos bajo sus cejas gotean piedras sobre el plato que se enfría. 
-¡Toma la cuchara con la derecha y come!
Obedezco, pero la cuchara se vuelve difícil y los garbanzos manchan mi pechera antes de llegar a la boca. Además, se me cerró la garganta, no puedo tragar y, por último, esta comida es mala y no la quiero.


TICSLa niña era tan nerviosa que estaba llena de tics a la hora de la cena.
Papá la observó unos instantes y su cara enrojeció:
-¡Para con eso, que me molesta!
Ella trató pero por más que se esforzó, los incontrolables tics la hacían parpadear y la boca se abría y cerraba sin parar. Apretada la garganta, comenzó a toser.
El padre se puso de pie, la agarró de un brazo y la empujó hacia la puerta de salida. 
–Te irás para afuera y no entrarás hasta que me prometas que te portarás como señorita bien educada.
La noche negra del campo, sin luz que pudiera cobijarla, acogió a la niña. Lloró hasta que los sollozos se le secaron en el pecho y las lágrimas formaron una poza en la tierra.
Cuando la madre vino a rescatarla una eternidad después, la pequeña yacía dormida entre los perros.


UN VASO DE AGUA
-Chani, tráeme un vaso de agua –exigió el tío Pancho desde la comodidad de su sillón, mientras desplegaba el diario dominical. La niña corrió a la cocina, llenó un vaso y volvió rauda a entregárselo.
-Está muy lleno –reclamó el hombrón con una mueca.
La chica volvió a la cocina y vació la mitad del agua en el lavaplatos. Cuando se lo entregó de vuelta, el tío rugió con los ojos encendidos de rabia:
-¡Estúpida, no puedes hacer nada bien! ¡Agrégale más agua!
La niña lo miró silenciosa, cogió su abrigo y salió de la casa de su tío para nunca más volver.

RECUERDO PRENATAL

Mis padres están tensos. Discuten y rezan. Esperan que yo sobreviva, que nazca sana y fuerte. Se han preparado desde hace más de un año. Todos los días vino una enfermera a inyectarlos y acudieron cada semana a que los examinara el doctor. 
––¡Tantos antibióticos! ––oigo decir a mi madre. ––Ojalá que no haya consecuencias. ––Y entonces llora. Y luego dice que extraña a su madre que ya no la visita por su causa. Que toda la ignominia y la humillación que la sobrepasa es por causa de él, que su hijito mayor estaría vivo si él no lo hubiera infectado con su mala vida, que el niño murió por su culpa, que cómo podría ella seguir viviendo si esta guagüita de ahora también nace enferma. 

EL PADRE
Mamá levantaba la mesa cuando se oyó el portazo. Las tres nos miramos aterradas. Papá llegaba de malas…
-¿Qué hay para comer? –preguntó él, sacándose el sombrero alón y la chaqueta de huaso. Luego se sentó a la mesa.
-Creí que no llegabas a comer, como es tan tarde…
-Tú no tienes que creer nada, mujer. La helada está cubriendo la siembra y vamos a perderlo todo si no nos apuramos. Sírveme algo que estoy muerto de hambre y cansancio. ¡Corre!
Mi madre nada dijo y se apuró con la cazuela y el vaso de vino.
Él engulló con avidez la sopa y se tragó el vino a sorbos largos. Luego nos descubrió semi escondidas tras el sofá y gritó:
-¡Qué están mirando, cabras de mierda? ¿Nunca vieron a alguien con hambre? ¡A acostarse, si no quieren que les saque la mugre con el rebenque!

CALLAMPAS
Mamá decidió cocinar tallarines para el almuerzo playero y envió a los niños al bosque por callampas para preparar la salsa.
Bajo los pinos se divisaban gordos hongos de sombreritos color marrón. Como esos eran los que podían comerse, os chicos comenzaron a acumularlos en los canastitos de sus bicicletas.
De pronto, voces airadas surgieron del oscurecido suelo bajo los árboles. La niña menor se arrodilló para oír mejor. Con sus manos escarbó un poco entre las agujetas de los pinos y ahí apareció una diminuta mujer que reclamaba contra los ladrones. 
Asombrados los chicos observaron que bajo las callampas vivía una población de pequeños seres que corrían de un lado a otro portando pancartas en contra de la expropiación.


PRÍNCIPE AZUL
(este es también un poema CON OTRA GRÁFICA)

No desmontes de tu brioso corcel, ni me tomes en tus brazos, ni roces mis labios con tu boca delicada porque, si te miro de frente con mis ojos de bruja verde, y te beso como se debe, y me sueño todo el cuento entre tus sábanas de holanda, mucho me temo que desaparezcas.

FATUM
Emites todas las señales pero, cuando recojo el guante, de tu corazón se escurre un conejo.

ABANDONO
¿Adónde van, adónde van? gritaba el poeta. 
No me dejen aquí, que me muero de frío. 
Desde lejos veíamos cómo trataba de seguirnos, pero no tuvimos piedad. ¿Qué podíamos hacer con un poeta a cuestas? 
¿Cortará la leña, podará los árboles, hará la comida tal vez, lavará los platos, vigilará a los hijos, cuidará los animales, acaso? preguntamos a coro.
Desde el puente lo observábamos, pequeñito, caminando por la llanura con su bolsón lleno de libros y de lápices. 
Sin embargo, traíamos el corazón aterrizado, firme sobre los pies pegados al suelo y no logramos vislumbrar ningún uso posible para tal personaje.
Regresamos a nuestras casas cantando. 


Alejandra Basualto (Rancagua, Chile, 1944). Poeta y narradora. Licenciada en Literatura y egresada de Doctorado en Literatura Latinoamericana, Universidad de Chile.

miércoles, 21 de junio de 2017

imagen de Google

MISANDRIA


                                           MISANDRIA
Un aporte para esclarecer misterios  
 fem. dícese del fastidio que provoca en algunas mujeres
cierto animal bípedo implume del género masculino
de la raza humana. ú.t.c.s.



Desde tiempos inmemoriales he desandado penosos pasillos de bibliotecas cómplices, consultando tratados de conspicuos contenidos.
¿Por qué? podrían preguntarme. Creo que la mejor respuesta es que he decidido reconstruir, desde la literatura y con justicia, el idioma que amo. Es este un plan tan extravagante y asombroso que voy a necesitar de la contribución de cada escritora que desee aportar a posteriores ediciones y a otras ya desaparecidas.
Para este propósito elegí como personaje a un tipo: Félix. Quizás el vocablo que elegí sea culpable de que yo adjetive en exceso. Puede ser. Creo que si hoy me ocupa y me preocupa es porque sugiere dos términos pertinentes a mi situación: en primer lugar, el término Misandria cita a la familia de una trémula y afinada pajarilla entrerriana (........andria) y en segundo lugar a una melodía religiosa del África virgen (misa..........).
Nada en su sonoridad pre-anuncia y de-nuncia la enorme crueldad que se ejerce sobre uno de los géneros de la raza humana. Es notorio analizar que este tipo, personaje llamado Félix (lo utilizo como sustantivo propio a pesar de que representa al tipo común), ya que es un hecho que puede (debidamente) dar sustancia al sujeto principal de mi literatura.
Félix – que de él se trata – ha caminado por tantos de mis cuentos, y ha pasado de ser el jardinero de “una cuadra de viudas” a ser “el hombre de mis sueños”.
Desde su aparición en mis sueños y por ende en mi literatura, Félix es un tipo en abstracto. Se presentó como en un síndrome vertiginoso.
En la literatura subsistente, dominada por siglos de oscurantismo machista, el término “misandria” ha sido injustamente sepultado por la preocupación ilusoria de la pertinente Academia por incluir conceptos, a toda vista nubes de humo, con el pretérito concepto de sustentar la desaparición indefinida de nuestra identidad femenina.
Una de las escuelas lingüistas que más ha investigado la conveniencia de incluir la voz misandria en el uso diario de la lengua, ha sido la liderada por la abajo firmante. Si alguna de nuestras lectoras se siente inclinada a continuar en esta huella, le sugerimos buscar primero a un tipo – como Félix pero no a Félix - que justifique integrarla a su objeto poético, a fin de abonar a un proceso y no ser copartícipe voluntario (ahora que ya lo sabe) de un pasado irrecuperable.
Además debo aclarar que Félix es dueño de entera libertad y sapiencia para el juego amoroso. Félix remite a Feliz y no es fácil de definir, no es rubio ni morocho, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, es un hombre tipo y cuando comienza a surgir va llegando a mi lentamente, con la arritmia que solo me pueden dar los sueños y mi personaje está hecho de sueños.
Para quien se sienta escandalizada le recordamos que ya “Segismundo Froid“ hablaba de la envidia del clítoris que desvela al macho de la especie. Deseo contribuir a fundamentar este postulado científico (con el único fin de apostar al esclarecimiento del tema), que la envidia la genera (en el mismo espécimen) la imposibilidad de la maternidad y que dicho ejemplar – Félix - está demasiado atento a “ocuparse en destruir aquello que no se siente capaz de construir”.
El primer y único proyecto en este sentido que me ha llegado a través de la filosofía fue propuesto por Platón, sabio ermitaño, analfabeto y funcional, que en su dialécto colérico lo definió ajustándose a su perspectiva, a fin de influir en la realidad, cuando se calificó a sí mismo como un “animal bípedo implume”.
Ése es Félix. Mi personaje.
Hasta aquí una síntesis de mi postura, sustentada en principio, en una traducción apócrifa del Journal Femenil de La Banda Roja.

viernes, 16 de junio de 2017

Por donde me lleve el viento


─ Por donde me lleve el viento ─ Resultado de imagen para Viajar por el viento

 Estaba orillando los veinticinco y terminó la universidad, entonces Juan sintió necesidad de viajar y conocer el mundo, no sólo en las lecturas más disímiles sino en el contacto con seres que le contaran las historias de sus antepasados, fueran éstos blancos o negros, amarillos o rojos. Había transcurrido un tiempo prudencial cuando conoció a los zombis, luego a los nigromantes y a los hombres santos.
   Aprendió que para todos, los finales son también principios.
   Aunque sigamos sólo a Juan, todas las historias de todos los hombres están rodeadas de otras personas o vientos, huracanes, y animales vivos o muertos, fantasmas, brujos o duendes.
   Y en su viaje Juan conoció el futuro, viajó por el viento y con la máquina del tiempo. Sintió asombro, sorpresa, admiración, duda. Temor. Juan llegó a situaciones límites. Vio todo lo que hay y todo lo que existe.
   Y llegó al Oráculo de Delfos y supo la verdad: Conócete a ti mismo.


Autora: Ada Inés Lerner

lunes, 12 de junio de 2017

Bificciones - Invisible

Resultado de imagen para Mujeres tristes
imagen Google

                                                                                     



 Invisible -

Ada Inés Lerner &
Ana María Caillet Bois

Cuando él estaba, mi marido, hablaba solo; era el hombre. Luego se fue yendo de viejo y seco nomás. A mí me empezó a ser difícil obtener las palabras de mi pecho, y de soplones ajados, de tanto silencio que habían guardado, desaparecieron. También volaron los recuerdos y la memoria quedó maltrecha y vacía, lo mismo que los hijos, que dejaron de venir. Los adornos antiguos desaparecieron o se fueron rompiendo. Y hasta yo me fui borrando, como un dibujo ajado por el tiempo y el abandono.
   Nadie se percató, porque los viejos se van perdiendo o quedan en un rincón, invisibles; así quedé yo, sorda e inaudible. De vez en cuando sentía cosas, el viento que me rozaba, el calor del sol que calentaba mis frágiles huesos, la lluvia que me mojaba, pero solía pensar que soñaba. Si estaba adentro de la casa no me podía rozar el viento, ni calentar el sol ni mojar la lluvia.
La vivienda, y todo el parque que la rodeaba, se volvieron invisibles, como yo; desapareció el cerco de entrada, ese que estaba rodeado de plantas para no ver el afuera, y los rosales que yo misma había plantado para dar un toque de color a aquella casa, siempre tan oscura como si nadie hubiera vivido en ella, se desdibujaron.
Finalmente solo quedó un espacio vacío.
Principio del formulario

martes, 6 de junio de 2017

BIFICCIONES: Exobiología – Héctor Ranea & Ada Inés Lerner

                     Exobiología – 


Héctor Ranea 

Ada Inés Lerner:          


—¿Seguro que le quiere poner aceite?
 —¿Por qué lo dice?
 —Porque a estas cosas el aceite les cae como el demonio. Se retuercen todas; le retuercen todas, les duele, creo.
—¿Ya lo probó?
—Cientos de veces. Pero no lo hice yo. Gente como usted que viene y si
encuentra uno lo somete al aceite. ¿Lo leyó en algún lado?
—La verdad, no. Ahora que lo dice, no sé por qué lo hago.
—Debe ser que nosotros amamos el aceite.
—Es posible, pero no es mi caso.
—¿Cómo? Espere que llamo a los guardias.
—¿Quiénes son “los guardias”, los biólogos de los xenos? ¿Por qué se meten con los seres vivientes en el vacío del espacio sideral o en las abrasadoras
estrellas?
—Prefiero llamarlos sexobiologos ¿puede que tengan que ver con los xenófobos o los sexófobos? ¿Será por eso lo del aceite? ¿Para torturarlos?.

domingo, 28 de mayo de 2017

El Narratorio blog: ANTOLOGÍA LITERARIA DIGITAL Nro 14

El Narratorio blog: ANTOLOGÍA LITERARIA DIGITAL Nro 14:                                             Disponible para su descarga en: MEDIAFIRE Leer On l...


                     Diálogo
silencioso
                                                        
            
─Gallega ¿cómo
se renueva la esperanza? 
Lázaro me
formula esas preguntas sin esperar respuestas y enfila con los pies pegados al
piso hacia la retirada amputando las raíces de las horas.
 ─Tu tienes una jaula de puerta abierta,
Lázaro, si eres infeliz será porque abandonaste la lucha ¿por qué no huyes para
siempre?
Lázaro se
arrastra buscando un rincón,  se arrastra
desde su incertidumbre hacia una certeza, la certeza cobarde de encontrar en la
televisión una alegría, la alegría pasiva que viene del afuera y que no lo
comprometa.
      ─¿Te lo preguntaste, gallega? 
─Sí,
¡Jesús! sólo que yo no conozco la respuesta, Lázaro, sólo sé que tú solías repetir:
mucha lucha, gallega, mucha lucha.  —Aunque
hubo otro tiempo...
─Creí que
era para toda la vida, gallega, la vida compartida con vos y los chicos, ¡los
chicos! 
Enredados
en las volutas del humo de mis cigarrillos los chicos van acercándose a mí a
destellos, y en las lucecitas que se filtran por el techo veo las caritas
sonrientes y desde las sombras, como espíritus inquietantes, rápido se van
diluyendo sus sonrisas, sus ojitos 
y  ya no me queda nada  ¡Los chicos! ¿Qué pensarán de mí? gallega, ¿Querrán
verme? (Los chicos suelen creer que es por sus travesuras y torpezas que el
mundo es difícil, que quizás por su culpa el papá se fue. ¡Los chicos! los
chicos creen que la fruta más sabrosa es la que está en la rama más alta; en
otro lugar.)
─A eso tú
lo llamas soñar, Lázaro —Él solía recordar su infancia, una infancia con más
dulces que caricias. 
─¡Mucha
lucha, gallega, mucha lucha!, solías repetir, Lázaro, la puerta de nuestra casa
estaba siempre abierta ¡por los clavos Cristo! y yo nunca necesité escapar. Al
parecer yo soy así, ni siquiera soy como me veo en la luna del armario... soy
como él me veía.
─Porque te quería bien,
gallega... ¡carajo con los recuerdos!, maldita memoria que no lo deja olvidar a
uno.  ¿Qué les habrás dicho a los chicos?
La gallega no solía ser amarga o mala, pero ahora, ¡quién sabe cómo será ahora!
Debe haber sufrido cuando me fui, aunque yo no era gran cosa. ¿Estará sola? ¿Se
acordará de mí?
─Y yo... no puedo olvidar, Lázaro, porque esa
vida,  esa vida que alcanzaste a vivir a
medias, yo diría una vida casi entrevista, ése fue nuestro tiempo perfecto y se
nos presenta hoy como la presa del deseo, como una alucinación demencial.  A ti Lázaro, el cobarde, lo vence el
cansancio de recordar el tiempo viejo. Si yo hubiese cruzado esa puerta habría
sido porque yo no formaba parte de los planes de mi familia. No es que yo no
hubiese querido estar sola, sin tener que explicarle al verdulero lo que no
quiero; o  decirle al conductor del
autobús adónde voy. En definitiva, que yo me impaciento con las normas tontas
de esta sociedad, tu Lázaro, tú siempre repetías: mucha lucha, gallega, mucha
lucha.
─Soy un hombre austero y
trabajador, algo distante, es cierto; fueron buenos los primeros
tiempos...  ─mejor no recordar, el primer
laburo, el noviazgo. Gajos de un tiempo sereno
La vida se va sucediendo y llega
el casamiento y los hijos.  Un día todo
está hecho.
─Si, gallega, yo tuve una casa
para volver después del trabajo, comida caliente y sabrosa, la misma buena
mujer en la misma cama mientras mis chicos duermen en la otra pieza.
─Es una casa sencilla y
confortable, Lázaro, tu sabes, esta castellana la mantiene tan ordenadita, tan
limpia.
─Yo hubiera podido llegar a creer
que esta apariencia de agrupación es mi familia. Y que ya no estaré solo. Estos
pensamientos eran los que alimentaban mi esperanza en esos días.
─Algunas veces, en el
medio de la cena, Lázaro, te quedabas solo, ¡qué tío! tu ponías la mirada fija
en el ventanillo de la cocina vacía. Parecía que tú no veías ni oías...
 ─Sólo sentía un zumbido sordo adentro,
gallega, como si un bicho te rascara despacio; como si mi horizonte estuviese
vacío. Y yo no quisiera que lo interpretes distinto. ¡Mucha lucha, gallega,
mucha lucha!
─Ahora
Lázaro, tu te arrellanas,  tu cuerpo se
desvanece en el hueco del sillón desvencijado y sólo queda tu mirada yerta,
fija en la pantalla de la televisión.
─Así voy
atestiguando, gallega, desde otro lugar como pasa la luna por el cielo, y luego
la madrugada, el día pleno con el sol subiendo desde el este, subiendo y muriendo
su luz hacia el oeste se va apagando y de nuevo la noche, gallega. Y sigo
viviendo, después de todo ése es el precio que se tiene que pagar por la vida,
elogiar el pasado y seguir esperando, renovar la esperanza.
─La esperanza,
Lázaro, la esperanza ¿de qué? Tu esperanza es hablar del deseo y nada más, es
sólo aguardar a sobrevivir a hoy, y sobrevivir a hoy es sólo una buena
estrategia.
─Es
importante querer, a toda costa, seguir vivo, gallega, y para eso hay que renovar
la esperanza.
─Otras
veces tu te quedabas ensimismado, parecías perder el hilo de tus pensamientos,
tu te adormecías en el medio de ellos y... y 
ese perder un poco la conciencia pudo haber confundido al destino.  De todas las formas, ¡Jesús, María y José! si
tú te caías en tan largos silencios, creo yo, es que tú ya no estabas
vivo.     
─Algunos días yo llegaba más
temprano del trabajo y me ocupaba del jardín o de arreglar las canillas.  Y mientras vos me alargabas el amargo. Solía
pedirte la latita de los cueritos (que había quedado ahí nomás, sobre la mesa)
y...
─...y yo te alcanzaba la pinza y
la conversación se reducía a eso y poco más. Casi una formalidad. Largas pausas
orillaban la cena interrumpidas por las risitas y el parloteo chillón, medio a
escondidas, de los chicos.
─... y luego de la cena yo
limpiaba la mesa  (porque no me
avergüenzo de eso, de ayudar en la casa, como algunos) y vos, gallega, llevabas
a los chicos a la cama, cerrabas la puerta y ahí no terminaba nuestro día.
─Mucha lucha, gallega, mucha
lucha, tú me repetías como un tanganillo
Ahora estoy solo, realmente solo,
ahora no tengo pasado ni presente, ahora comprendo que el futuro es la muerte.
Ahora comprendo, gallega, que la única vida posible, la única vida que me resta
es quedar entrampado en los recuerdos, que únicamente así viviré por siempre. Y
qué placer si pudiera ir diluyéndome en el vino, en el vino que me ayuda a
huir, a soñar con otra vida. A soñar con renacer una y otra vez y tener muchas
vidas diferentes, sucesivas, ir pasando de vida en vida en un placer sereno,
sin desear nada superfluo, como suele suceder en las familias, y que también
suele llevar por el lugar equivocado. Mucha lucha, gallega, mucha lucha...  del paraíso cercano se escuchan los pájaros
de la madrugada y el sol ya entreteje su luz con las hojas de los árboles,
alumbrando apenas nuestra almohada. Esta mañana me quedo un buen rato echado,
no deseo seguir durmiendo pero tampoco que la realidad venga a mí, me incorporo
con cuidado para no despertar a la gallega y abro la puerta. El sol está casi
asomado frente a la puerta, la tierra húmeda por el rocío me recuerda que
estamos en verano. Pocos ruidos sueltos llegan de las casas cercanas. Algunos
compañeros ya desfilan hacia la estación de tren, pronto deberé seguirlos. Algo
alejadas, algunas casillas precarias detienen mi mirada. Sí, quizás es el temor
a caer en la miseria lo que me hace pensar lo inútil del esfuerzo que ocupa mis
días y agota mis noches.  Temo que sea
posible que caigamos allí.
—Mucha lucha, seguías y
seguías repitiendo, Lázaro. Tú sentías que sobre tus hombros se sostenía el
mundo entero; además, tenías la seguridad de que el único que podía ayudarte
era dios (o la quiniela) aunque dios en este mundo, creo yo, no es más que
dios.
—¿Cómo se renueva la
esperanza?  Así es, me largo a caminar
por mi calle como todos los días pero cuando llego al andén y los compañeros me
apuran sosteniendo la puerta del coche los saludo con el brazo en alto sin
volver la cabeza y no paro, no paro hasta que no veo más el barrio y mi
respiración se hace muy rápida y fuerte y el cansancio me obliga a caer bajo un
árbol, agobiado por el sol del mediodía.
─En el momento, en el
primer momento, el aceptar la situación es lo difícil. Más tarde todo se va
dando, la vida sigue y sigue con un desarrollo gradual, casi sin notarlo.  A pesar del tiempo que pasó o quizás por lo
mismo, tal vez haya cambiado el sentido de mi vida. Hoy recuerdo que Lázaro me
preguntaba:
─Che gallega (nunca pude
hacerle entender que yo no soy gallega sino castellana)
—Che, gallega ¿cómo se
renueva la esperanza?  
                                       



El Narratorio blog: ANTOLOGÍA LITERARIA DIGITAL Nro 15

Resultado de imagen para carnaval de oruro
Foto de Google

El Narratorio blog: ANTOLOGÍA LITERARIA DIGITAL Nro 15:                                             Disponible para su descarga en: MEDIAFIRE Leer On line en  ISSUU:
                                    El Carnaval de mi pueblo


Elca estaba preparada a las diecinueve horas de ese Martes de Carnaval, para que su papá la acercara con auto al centro del Pueblo. Luego él la seguiría de cerca, por las dudas, aunque no se dejaba ver.
Los mozos  eran atrevidos con las chicas bonitas ¡si lo sabía él!.
El disfraz de Elca era un gorro frigio de un rosa deslucido que simulaba tapar el pelo gris deslustrado y de corte desparejo. La careta flexible dejaba entrever sus ojos celestes, burlones y simulaba tener una nariz aguileña enorme sobre una sonrisa guasona. La piel de su cuello y su cuerpo juvenil mal disimulados con una larga camisa del mismo basto rosa sucio que llegaba hasta el piso.
Ella recorría la avenida principal donde los pueblerinos se apiñaban para no perderse las carretas y la diversión. Elca arrastraba con una mano una escobilla de escasos hilos, y en la otra también guantes enormes con largas uñas falsas que aparecían mal pintadas y rotas y que llevaba la bujía de una sola vela apagada.
Entonces Elca se paraba frente a un joven,  le alargaba la bujía y pedía que la encendiera mientras ella, con gesto burlón pero bajando la cabeza con falsa humildad simulaba barrer la calle y las alpargatas de los más cercanos.
Algunos la satisfacían con una sonrisa y ella, si el mozo le agradaba, apagaba la vela y lo miraba pícara para repetir la acción. Cuando terminaba el desfile, ése y también otros elegidos o no, la invitaban a bailar en la pista.
Esa noche,  uno de ellos, la invitó a bailar una polca y la fue llevando fuera de la pista hasta un rincón debajo de un viejo ombú. Elca intentó deshacerse de la opresión y apareció el padre, intentó convencer al joven y como éste no cedía su presa le tiró un golpe debajo de la cintura. Al mismo tiempo, Elca gritó una advertencia a su padre pero fue tarde, éste sintió el metal ardiendo en su espalda
y  a Elca un muchacho la subió a un jeep que se alejó rápido,  mientras alguien conducía otro le arrancó la camisola y buscó su sexo. Triste Miércoles de Ceniza para Elca y su famila.      

martes, 16 de mayo de 2017

Cuento a tres cabezas

Resultado de imagen para pareja discutiendo dibujo
Tomada de Google
Autores:
Ada Inés Lerner,
   (Argentina)                                                            Omar Chapi
  (Ecuador)
 Fabián Rafael
   (Argentina)              
                                                                                           
Pregunta incómoda                                                                      

—Mamá, si nos portamos mal y hacemos cosas malas, ¿vamos al infierno?— Preguntó el niño, con sus ojos bien abiertos.
—Así es— contestó, su madre sin darle importancia a la pregunta.
 —¿Y, en el Infierno nos queman con hierros calientes, todo el cuerpo?— insistió, el niño moviendo sus manos simulando un brazo quemado.
—Sí, eso dicen—. Contestó, ella ya más atenta a la pregunta.
—Pero, si ya no tenemos cuerpo, ¿cómo sentimos el dolor?— Exhortó el infante y mirando con fijeza a su madre.
—M… la verdad… mejor anda a dormir, mañana seguimos hablando—. Contestó la madre, preocupada.
El niño obedeció.
Al rato llegó el padre.
—Viejo, ¿sabes lo que me preguntó el nene?— Le contó, la mujer al marido.
—No, ¿qué te preguntó?— Contestó, el padre sin dejar de leer el diario.
—Preguntó: ¿si nos portamos mal y vamos al infierno? Y, ¿si no tenemos cuerpo físico, cómo nos pueden causar dolor? La verdad, no supe que contestarle, ¿vos que crees?
—Yo no sé, pregúntale al cura, creo que él si le va a dar una respuesta coherente–. Dijo él.
 —¿Vos crees viejo?, los curas siempre están ocupados en otras cosas—, no para resolver preguntitas de niños— reiteró, la madre -y, ¿qué le vamos a decir al niño, de seguro mañana vuelve preguntar?
 —Caramba mujer, ¿será que buscas algo en Internet y respondes al nene?
—La verdad, es que no se me había ocurrido— dijo ella.
—¿Y el nene, por qué anda preguntando esas boberías?– Cuestionó, por primera vez, el padre ya irritado.
—No sé, la verdad es que desde unos días anda muy raro. ¿Será que tiene algo que no nos quiere decir?–Dedujo la madre.
—Mira, en vez de estar especulando, ¿por qué no vas y hablas con él?– Gritó el hombre.
—No lo sé, porque si me sale con eso del infierno, voy a perder la calma y sería peor, ¿no crees? --La madre, fastidiada por la indiferencia paterna, agregó. —Ya vas. ¡No vamos a discutir por esto!
Se exaltó él y continuó
—¡No me grites! Eres su madre y es lo único que tienes que hacer, yo salgo a trabajar todo el día y ahora me venís con problemas del niño– se paró frente a la mujer y la empujó para pasar. Ella trastabilló, cayó y su cabeza golpeó contra el filo del armario.
--Qué pasó acá– preguntó el Fiscal. Una pregunta incómoda para el padre, porque la madre ya no podía responder.

sábado, 13 de mayo de 2017

Cuentos del Can Cerbero


Resultado de imagen para vacas animadas


Cosas del Viento Norte
— Ada Inés Lerner,
Carlos E Saldivar,
Sergio Varela
Dicen los gauchos que por los campos de mi bisabuelo, por allá donde el Viento Norte nace, Viento que es llamado también Bóreas, los que saben dicen que fertiliza a las hembras; por ello las yeguas vuelven con frecuencia sus cuartos traseros al viento y paren potros sin ayuda de un semental. Así fue como explicó Lucía, por qué quedó encinta. Lucía, por si no lo recuerda, don, la más chica de las Del Potro, el patrón de la Estancia. Por supuesto, hay quienes no le creen, se comenta que era una niña bastante traviesa, aunque ¿quién no lo es a los quince años? El responsable pudo haber sido el hijo del alcalde, o el monaguillo de la iglesia, o cualquiera. Pero aquí la gente tiene una imaginación terrible, don, por eso hasta yo estoy dudando, ¿y si en verdad fue el Viento Norte?, ¿y si viene para reclamar al bebé? No es una entidad amable, es de temer. Ese viento siniestro había despabilado al Futre, espectro jinete sin cabeza decapitado por una banda de cuatreros. El gurí de Lucía creció como hijo de un fantasma. Pero los memoriosos distinguimos su parecido con el hijo mocito de un Santa María, que había estado en La Encarnación ofertando un lote de búfalos, en un asado en que chacoteaban que “no el pollo es carne, ni la mujer es crestiano”. Yo mismo preparé ese convite.



sábado, 11 de marzo de 2017

En mi voz





      El diálogo es el camino

Desde el Infinito llegarán los Señores del Tiempo y del Destino, dioses sin altar en este Planeta.
Encarnados en cuerpos de esta única raza vendrán a rescatarla para humillar a todos los hombres por su descarriada conducta.
Quizá sumarán a nuevos seguidores en el Universo.
Caerán los imperios económicos, guerreros, las sectas o falsas religiones del mundo entero.  
Serán los Maestros. Nos enseñarán, por fin, el Diálogo, la ansiada Palabra de  la Libertad y que No hay camino para la Paz.
El diálogo es el camino para la Paz.

lunes, 6 de marzo de 2017

Cuentos del Can Cerbero


Foto de Google Imágenes
Nada dura para siempre

Los tortolitos, todavía huyendo del marido cornudo, se refugiaron en un hostal viejo, casi derruido, un poco lamiéndose las heridas que él les había infligido, pero gozosos de estos momentos de placer, más bien lujuria, que les deparaba la soledad.
Nada dura para siempre, dice la canción, y resultó que el esposo engañado, para tratarlo con respeto, tenía un amigo de un amigo del hermano de un comisario que había pasado por la misma humillación y decidió tomar cartas en el asunto.
El policía se apersonó en ese hotel y solicitó hablar con el amante de la señora adúltera.
En realidad, era ella la que cometía la infidelidad, la falta al matrimonio, aunque en la mentalidad machista del comisario, un hombre sólo podía hablar con otro hombre.
Era él el que se había llevado una hembra que no le pertenecía; ni hablar del hecho de que ella había dado su consentimiento: la voluntad de una mujer casada no valía nada.
La charla giró en torno a asuntos pasados, imposibles de rectificar. El daño ya había sido hecho, nada podía hacerse para reparar el honor del marido engañado.
Ademanes, gritos, contoneos nerviosos y pitadas de cigarros negros se sucedieron en una coreografía infernal que fue caldeando los ánimos hasta que todo se llenó de electricidad.
Tres disparos al amante y siete a la infiel fue el saldo de esta excitante aventura siniestra, que mientras duró, los había hecho sentir tan vivos.
Acerca de los autores:



No es tiempo de juego - Ada Inés Lerner



No es tiempo de juego - Ada Inés Lerner:



“Se repetía de amanecidas en el bar.
Parecía fácil
diluir fantasmas con insistencias de vino tinto.
Soñaba –creo–.
Cuando llegaron las palomas
él había muerto”.
San Juan “Apuntes”. José Campus.


Nunca había visto llorar a un hombre. Llorar así. Pero sucede. Sucede porque los días se escapan veloces, y veloces los tiempos nos abandonan en la distancia y en el olvido, el olvido y la distancia que no podemos comprender.
En un bar de estación terminal yo esperaba para partir, partía no recuerdo adónde, cuando reparé en él. En la mesita lo usual, botella y vaso, vaso y botella y la cabeza cenicienta; la cabeza cenicienta cayendo desamparada sobre los brazos magros. Era tal su soledad como yo no había visto en persona alguna. Parecía no estar allí y al no estar allí los demás lo ignoraban, lo ignoraban con esa crueldad que los humanos, sólo los humanos somos capaces de sentir, de sentir y de demostrar.
Cuando alguien evitaba pasar a su lado deslizaba una mueca, una mueca que no alcancé a descifrar.
—Usted ama a sus pares? —desafiante, las palabras demandaban respuesta. Respuesta que el mozo, después de apoyar la bandeja vacía, desorientado, intentó articular:
—¿Si quiero a mis pares? Sí, creo que sí.
—Puede probarlo?
 El empleado optó por ocultar su desazón, desazón devenida en ignorancia, ignorancia que ocultó en el silencio. El cliente lo miraba de frente, sin pestañear, mientras una foto desorientada giraba entre sus dedos amarillos de tabaco.
—No somos nada, sólo la construcción de algunos otros —guardó la foto en el bolsillo izquierdo de la camisa con un movimiento mínimo de su codo.
El cliente sacó dos cigarrillos y le ofreció uno.
—No debo fumar mientras trabajo, pero lo guardaré para después —y lo ocultó, lo ocultó en su bolsillo. El cliente agotó el último sorbo, vaso y botella, lo usual sobre la mesa y la cabeza cenicienta, la cabeza cenicienta cayendo desamparada sobre los brazos magros. Se quedó solo…
Como el bar me quedaba de paso más de una vez lo frecuenté, lo frecuenté sólo para comprobar la presencia del parroquiano y su soledad, el ritual de su soledad. Era casi una afrenta a los otros, a los otros que se reunían aún sin conocerse, y para conocerse se daban apodos, apodos como “el pelado”, “el negro”, “el gringo” como pretexto, y con el pretexto de unas cartas, cartas españolas o un cubilete para jugarse el tiempo, tiempo que no es más que una convención, convención que no comprenden y para matar la angustia de no comprender de qué la juegan, se juegan el tiempo, matan el tiempo.
Varias veces me invitaron a compartir ese tiempo de juego, juego en el que no lo incluían a él. Recuerdo haber pensado que a nadie le gusta que lo dejen fuera del juego..
Quizás por deformación profesional me subyugan las historias, las historias de los desconocidos, de los solitarios y un día, un día como cualquier otro, fui decidido a su encuentro. Quizás porque frente a una realidad desconocida necesitamos ponerle palabras, nombrarla, hacerla nuestra. Quizás sucedió ese día porque lo vi mirar por la ventana de la ochava, perdido ¡vaya a saber uno! detrás de qué sueño.
Permaneció en silencio, inmóvil. Retiré la silla y me senté enfrente y recién entonces pensé que podría estar enfermo. Además de la adicción, digo. Levantó la cabeza y nuestras miradas se encontraron y vi los surcos, los surcos que antiguas lágrimas habían dejado sobre su piel y no lo resistí, me obligaba a apartar la mirada.
La expresión de sus ojos anticipó las palabras que siguieron, aunque quizás no eran necesarias. Es posible, sólo posible que él haya adivinado el motivo de mi interés porque se volvió hacia la ventana y comenzó a hablar:
—Me muero —dijo— y recién ahora comprendo la belleza de la vida. Ahora que los he perdido, por mi culpa. Mis pares, mis pobres pares quedaron solos cuando me fui tras un sueño loco, un sueño que sólo los que son amados en demasía pueden acuñar, no están necesitados de amor, no conocen los límites, las fronteras del bien y del mal, la sinrazòn de la razón. Me amaban demasiado y lo esperaban todo de mí y yo era sólo uno más y además llevaba sobre los hombros la mochila de su amor. Le juro que busqué y busqué... le juro que recorrí todos los caminos, y que transité todos los senderos, y por todos los atajos, y encontré... encontré desiertos y vergeles, bosques, campos y ciudades, hasta que ya no hubo más, no hubo más nada por conocer y entonces comprendí...
 Permanecimos en silencio un momento y luego casi me gritó:
—¿Pero cómo, usted tampoco lo sabe? —Bajó la voz—. Disculpe, a veces me cuesta entender que yo no era el único que lo ignoraba.
Me estaba hartando el jueguito del borracho que todo lo sabe y quizás adivinó mi intención de borrarlo de mi mapa porque me tomó del brazo con ambas manos, manos con llagas que lastimaron mi piel:
—Yo comprendo que ésos no me entiendan, es mejor para ellos, ¿qué ganarían con saber la verdad?. Pero usted tiene que saberlo. Por eso se acercó a mí. Usted es el elegido. El que quiere saber. —hizo una pausa— ¿Entiende? Era mejor que yo me fuera y sin embargo, la causa de todo mi sufrimiento es este secreto que no supe comprender a tiempo....
 Hizo una convulsión, descansó un instante y sacó la foto de su bolsillo:
—Mire esta foto. ¿No ve nada? ¿Sabe por qué? Porque el paraíso no existe. Sólo hay un paraíso y está dentro de cada uno, búsquelo, búsquelo aunque le duela. Búsquelo.

domingo, 26 de febrero de 2017

Amigos – En mi voz



Amigos – 
Ada Inés Lerner:

Esta mañana caminaba por la plaza, recorría sus veredas centrales cuando me crucé con un ser poco convencional. No me asusté. A mi edad he aprendido que son más peligrosos los “normales”. Los que compran una mascota de pura raza. Aquellos que detrás de un escritorio conspiran por una oficina más grande, por un cartelito en la puerta con su nombre en letras doradas. Temo a los que ambicionan una casa tan grande que no les alcanzaría el día para recorrerla. Un automóvil tan poderoso que difícilmente pueden controlarlo.
El caminante de la plaza era un joven con una mochila de tela en un hombro y una guitarra en el estuche; sonreía a las mariposas, saludaba a los pájaros con su mismo canto y caminaba al compás del sol que ascendía en el cielo. Me saludó con cordialidad, como corresponde a los pares, y siguió caminando hasta que desapareció entre las flores. 
Estoy segura que podría ser mi amigo, uno más de mis amigos, de los que se abrazan con los álamos plateados o los aromos en flor, los que recorren el cielo en globo o los que juegan con los delfines. 
Yo podría regalarles mis mejores palabras y ellos sus melodiosas notas, sus sentimientos más caros o mis lágrimas azules. Todo eso que nadie podría comprar y nos sumaríamos a nuestros sueños para poder volar.



lunes, 30 de enero de 2017

El Universo desconocido

Resultado de imagen para sol
tomado de Google imágenes

                                                                            

 Autor Ada Inés Lerner       
  
 El universo desconocido

“Si la luz del sol es invisible para el búho,
es sólo culpa de ese pájaro y no del sol.”

Cuando la nave bajó en el planetoide LXC 184 nos asomamos en el horizonte. Inspeccionamos la zona de montañas de piedras y cavernas. Después nos acercamos a la zona donde nos habían citado.
   En una sala había algunas pinturas rupestres, examinamos trazos, seres antropomorfos que reconocíamos por  visitas de otros tripulantes ovninautas. Estábamos invitados a un encuentro con otros internautas para asistir a un parlamento.
   El disertante contaba con una pantalla detrás de él que mostraba otros habitantes en las estrellas de un sistema solar.
   —El origen de las naves que ustedes ven puede estar en otros lugares, otros tiempos o en otros planos temporales; sus tripulantes no serían seres humanos sino mutaciones o extraterrestres. —El conferencista hizo una pausa.
   —¿Doctor, usted de qué planeta es? —preguntó un estudiante
   —Del más próximo al sistema solar, Alfa Centauri, nuestras naves vuelan a velocidad desconocida para los terrestres  —aclaró el Doctor Osmayor y continuó  —utilizamos tecnología de avanzada en el espacio y llevamos una extensa historia de viajes interplanetarios.
   —No le creo nada —el estudiante terrestre se retiró del salón colmado de científicos y estudiantes del universo.
   —Mi objetivo aquí es difundir ciencia, no convencer a los tontos. —concluyó el científico y el antiguo docente continuó:
   —Nosotros, si miramos hacia dentro percibimos el espacio, en cambio el humano percibe, se percibe a si mismo sólo en el tiempo. Quizá porque cree  —y creer es lo que nos conecta con las dudas, no lo olviden, repito: —el humano cree que lo único eterno es el tiempo.  Algunos, muy pocos investigadores ya avanzaron sobre otras dimensiones.
   —Profesor —dedujo un alumno nuevo —¿será porque el humano desea la eternidad a toda costa, es egocéntrico y no espera nada del universo, que es fundamentalmente espacio?
    —No lo conozco, por favor, antes de hablar, preséntese a sus compañeros y a la cátedra. Su pregunta es acertada, para nosotros, el espacio infinito existe porque vivimos en él y lo tenemos internalizado.
    —Entonces, Profesor  —dijo Mariska desde el fondo del aula —¿cómo haremos, en un futuro, lejano o cercano, para convivir? ¿Para entendernos?
    —Un alto prelado de una iglesia humana dijo “que la paz es posible”, dudo que se refiriera a sus feligreses. Ellos han colocado un gran cuadrante y dos manecillas, para medir el tiempo, hum. Aún es muy temprano para que el humano comprenda las diferentes dimensiones del universo en que convivimos. Son observadores, pero el criterio es escéptico.
   —¿Deberíamos esperar a que aprendan? —Kuru, mutante de genes venusinos hizo un gesto de impaciencia.
    —Si no esperamos, Kuru, todo será un caos y habrá víctimas inocentes de ambos lados. Además sus religiones principales les han dicho que son los únicos seres inteligentes en la Creación 
    —Son muy primitivos, profesor Osmayor —agregó otro alumno.

    —Es cierto, Clod  —el profesor hizo una pausa reflexiva y los miró a todos —sólo unos pocos respetan la inteligencia de la naturaleza, por ahora todo es investigación y dudas en el humano, esperemos que la paz sea posible.