EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

En mi voz

viernes, 31 de julio de 2015

Bificciones en las voces de Marcelo Sosa y Ada Inés Lerner

Creating Art - Raquel Sequeiro

 


                          — Entre la niebla  —

                                
Marcelo Sosa, 
Ada Inés Lerner 

La angustia parecía no tener fin.
 Nadie nos daba ningún indicio de que existiera algún fondo por tocar, una maldita tregua que nos permitiera respirar sin esa sensación asfixiante que se apoderaba de nuestras gargantas cada día al despertar. Los monótonos programas de la televisión satelital obligaron a mi pulgar a realizar un frenético zapping. Tetas y culos se bamboleaban delante de mí produciéndome una sensación de vacío abismal que sólo acentuaba mi desesperación. No obstante la idea de apagar el televisor me condenaba a la tiranía del tiempo que seguramente pasaría lentamente sólo para volverme más loco de lo que estaba. Así y todo el teléfono sonó.
— ¿Salió?
—No. Diego murió.
La voz de Eduardo se deshizo en mis oídos como un terrón de azúcar al preparar un ajenjo. Las palabras se diluyeron en un diálogo forzado que ya no tenía ton ni son para mí.  Mi angustia había aflojado. La muerte de un allegado suscitaba en mi una sensación de contrariedad. Pero el muerto era Diego,  <el muerto es él; no soy yo>. Inevitable pensar que yo quedaba libre. La niebla en que estaba sumido se disipó.
En el funeral el muerto yacía <por tratarse de judíos> con el ataúd cerrado, los espejos y obras de arte cubiertos por níveas sábanas. Estaba la Estrella de David sobre el negro manto, las velas, gemidos, lágrimas, sollozos. Y los cuchicheos sobre los posibles traslados y ascensos que podrían resultar.

jueves, 30 de julio de 2015

Medio siglo: Cosa’e Mandinga - Jorge Ariel Madrazo







Medio siglo: Cosa’e Mandinga - Jorge Ariel Madrazo: Tanto poder. Y para qué. Si ella, la diabólica, no lo amaba. Dijo: “Deshágase el cielo”. Y se deshizo. Y tanto sol, ¿para qué? Ord...
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Los cuentos del Can Cerbero

Las noches y el mar —Resultado de imagen para el mar de noche


Graciela Yaracci, - 
Maria Jesús Valenzuela -
Ada Inés Lerner



Se despertaba en las noches con un alarido mudo. En un momento dado, alguien, le tocaba el pie derecho. Sentía el tacto gélido alrededor del tobillo. Una tarde soleada ella nadaba indolente por el mar abierto. Silvia intentaba gritar. Sólo tragaba agua. Y el agua iba llenando sus pulmones. En la mañana todo el horror se había diluido y el día se presentaba cálido y prometedor, hasta que Julio le sugirió ir de vacaciones al mar.
Tembló de solo pensar en sus terribles sueños. Reaccionó. Julio tenía derecho a unas vacaciones y año tras año caminaban la playa con el rugido del agua acompañándolos. No dudó en sonreir y aceptar la propuesta. La cabaña de la costa estaba como siempre. Limpia, con aroma a lavanda y el paisaje de las olas rompiendo los límites de la pared vidriada. Cualquiera pensaría que aquello era maravilloso. Silvia se preguntaba qué pasaría en las noches. La tarde se despedía sangrando el mar. Entró y se acomodó en el sillón. Esperó que Julio echara la red , en una de esas por la mañana aparecía un pez y sería un sabroso almuerzo. En un instante fugaz todo oscureció.

—¿Qué sucede? —Gritó,
 —Calma, es el viento, dijo Julio y al levantarse fue succionado por una ola gigante.
 La cabaña se estremeció. Silvia se aferró a una viga de hierro. Ahora era una marioneta que giraba sin control, igual que en el sueño…él moría y ella quedaba muerta en vida, entonces se soltó…

sábado, 25 de julio de 2015

Cuentos de pequeño formato - Luciano Doti


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La Conversión                     - Luciano Doti                       


Anoche salí con la chica que conocí por chat. 

Terminamos en su hogar, una vieja

 casona “okupada”.

 En el fragor del encuentro, ella me dio un fuerte beso en el cuello

 que me dejó marca. Hoy, noté que el sol me hace doler los ojos y arder la piel. Intento 

verme en el espejo, pero no me reflejo en él.


Minimalismos: La última cena - Saurio





Cuando Jesús dijo que el pan era su cuerpo le pareció bien, un sacrificio humano llevado al plano de lo simbólico era un buena idea. Cua...

viernes, 24 de julio de 2015

Cuentos del Can Cerbero

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Luciano Doti,
Ada Inés Lerner,  
Rolando José Di Lorenzo

Ese 9 de julio, Luis y sus amigos irían a cabalgar un rato, para hacer una conmemoración bien criolla de la fecha de la independencia. Vivir en la zona aún algo agreste de La Matanza, que surca la autopista Richieri, les permitía tener caballos en el centro tradicional en el cual solían reunirse. Recorrerían un poco la costa del río, del lado de Ezeiza. A poco de salir, los atacó una garúa fría, y el cielo plomizo era anuncio de lluvia inminente.
Siguieron a paso lento un par de leguas hasta que los primeros caballos se asustaron e intentaron retroceder. Los de atrás los imitaron y los jinetes no distinguían qué asustó a los animales pero por las dudas uno de ellos sacó un arma de la montura y con señas les pidió silencio a los otros. Luis se le acercó y cabalgó al lado del amigo intentando otear más allá. Entre la maraña, la garúa y el cielo tan gris era difícil distinguir
Algo se movió y estuvieron a punto de dispararle, detrás de las ramas asomó la cabeza un viejo, un gaucho de antes , no se podía levantar y miraba asombrado el aspecto de los jóvenes. Luis, desmontó y se acercó:
—¿Que hace aquí, está herido, necesita algo?
—Estaba arriando los animales a campo abierto, iba a festejar en la pulpería el día de la patria, pero me quedé dormido ¿se ha hecho tarde? —El viejo susurró.

jueves, 23 de julio de 2015

Ficción del Can Cerbero

Resultado de imagen para El río de los yacarés

                                            — El río de los yacarés —
Ada Inés Lerner, 
Omar Chapi 
& Luciano Doti
El pueblo estaba convulsionado por lo ocurrido el día anterior. 
La policía se asombró de la fácil muerte de un antisocial y siguen sin localizar el cuerpo del culpable. 
Al parecer, Clarisa se encontró con el violador, forcejearon y ella se liberó. 
Luego corrió y corrió por el monte, y cayó desde el viejo puente de madera sobre el Río de los Yacarés. Nadó ágilmente hasta la orilla derecha, pero el delincuente se tiró detrás de ella. 
Habría logrado someterla y, en el momento en que arrancaba sus ropas, un hombre apareció sobre el viejo puente de madera dando varios gritos que el delincuente no logró escuchar por el ruido del río y los otros gritos de la mujer. 
Clarisa lo miró cuando sacó el arma, llena de terror advirtió al violador que regresó a ver justo cuando sonó el disparo. Entonces, el puente cedió y el hombre cayó al agua; lo miró chapotear río abajo.
Clarisa se encuentra ya con asistencia psicológica. Teme volver a ser atacada por el mismo hombre. Le explican que él ya no podrá ultrajarla. Ella, hecha una maraña de nervios, asiente con la cabeza y al rato vuelve a sus temores.
A partir de ahora, Clarisa y el resto del pueblo estarán más protegidos. No sólo por la muerte de ese violador.
El justiciero que chapoteó río abajo sobrevivió y no piensa entregarse a la Justicia. Vivirá en la clandestinidad, dedicado a ajusticiar malvivientes.

sábado, 18 de julio de 2015

Encuentro muy cercano — Cristian Cano y Ada Inés L...


Encuentro muy cercano                                                                 


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El albedrío falso entre las especies - Cristian Cano y Raquel Sequeiro

Microficcionería: El albedrío falso entre las especies - Cristian Ca...: El comedor fue un charco putrefacto en donde aquél reptiloide revolcaba enamorado de alguna repugnancia que desconozco. Se me acercaba exta...

viernes, 17 de julio de 2015

New England

Han cambiado las formas de mi sueño;
ahora son oblicuas casas rojas
y el delicado bronce de las hojas
y el casto invierno y el piadoso leño.
Como en el día séptimo, la tierra
es buena. En los crepúsculos  persiste
algo que casi no es, osado y triste,
un antiguo rumor de Biblia y guerra.
Pronto (nos dicen) llegará la nieve
y América me espera en cada esquina,
pero siento en la tarde que declina
el hoy tan lento y el ayer tan breve.
Buenos Aires, yo sigo caminando
por tus esquinas, sin por qué ni cuándo. 
Jorge Luis Borges – Cambridge en 1967
tomado de poeticaargentina.wordpress.com

martes, 14 de julio de 2015

Poemas en la voz chilena de Ernesto Gatica Benavides

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Isla Negra

                                                                                                           

Al oido

Amor...si los escuchas, no les creas
uno se llama Pablo, otro García Lorca
el apenado César Vallejo, o quizás una Gabriela.
No les creas amor, a ellos no les creas
escucharon las silenciosas voces de mi amor
y lo escribieron, no les creas mi amor
debí decirlo yo, debí escribirlo yo 
ellos lo hicieron antes, y escogieron las palabras
les resultó lindo, amor, lo reconozco
así habla mi corazón callado....pero 
no les creas a ellos mi amor, créeme a mi
debí decirlo yo, debí escribirlo yo
pero estaba muy ocupado
entre mi amor
entre mis celos...

AUTOR; Ernesto Gatica Benavides

LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO: Fotógrafo criminal - Ada Inés Lerner, Alberto Jaum...







LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO: Fotógrafo criminal - Ada Inés Lerner, Alberto Jaum...: Ángeles, la novia de Diatchenko, presentó una denuncia ante el Juez acusando a este de haber cometido un crimen mientras ella estaba de...

LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO: Fotógrafo criminal - Ada Inés Lerner, Alberto Jaum...







LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO: Fotógrafo criminal - Ada Inés Lerner, Alberto Jaum...: Ángeles, la novia de Diatchenko, presentó una denuncia ante el Juez acusando a este de haber cometido un crimen mientras ella estaba de...

domingo, 12 de julio de 2015

sábado, 11 de julio de 2015

BIFICCIONES: Transformación – Javier López & Ada Inés Lerner





BIFICCIONES: 

Transformación –

 Javier López & Ada Inés Lerner: Faltaba una hora para que se pusiera el sol y en el bosque no se apreciaba nada de particular, aunque un pinsapar ya de por sí sea un lu...

Bificciones - con Luciano Doti


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 Abasiofilia  

Ada Inés Lerner & Luciano Doti

Emilia estaba conmocionada por la amabilidad y dedicación de Julio para facilitarle su traslado a la universidad, y por cómo se ocupaba de tomar apuntes cuando ella faltaba a las clases.
Llegaron los exámenes y él le entregó todo el tiempo que ella necesitaba para prepararse, y juntos aprobaron y se felicitaron por los logros obtenidos. Obvio es decir que Emilia se enamoró de Julio. ¿Era amor o agradecimiento? Ante el silencio de él al respecto, ella se mantuvo discreta y expectante.
Ahora llegaban las vacaciones, y como la familia de Julio tenía una casa espaciosa y cómoda en las playas de Ajó, él la invitó a que fuera con ellos.
Emilia consultó con palabras cuidadas a sus padres. Ambos preguntaron con qué intenciones Julio se comportaba así con ella. Emilia no supo responder.
Finalmente, aceptó la invitación.
Al arribar, estuvo ansiosa. Pensaba que podía ser inminente algún tipo de desenlace, alguna propuesta sexo-afectiva por parte de Julio, pero nada de eso sucedió entonces. Por lo demás, él se mostraba tan amable y servicial como siempre.
Un día, Emilia se puso a hurgar en unos cajones y encontró la foto de una chica con una discapacidad motriz similar a la suya. Julio la sorprendió por detrás, tomó la foto en sus manos y sintió que había llegado el momento.
—Era una chica atormentada; decidió ahogarse en estas playas. Con vos tengo una nueva oportunidad.


Bificciones en pequeño formato


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- Escarabajo del Antiguo Egipto - 
Ada Inés Lerner & Luciano Doti

Esa mujer que caminaba delante de mí en el parque llevaba un traje antiguo y varios collares que desentonaban con su pobreza y descuido. Cuando llegué a un banco a la sombra me senté con la pretensión de releer El escarabajo de oro.
—Soy Elisa Amanda —se presentó y me extendió una mano huesuda, al tiempo que se sentaba. Al dorso entre sus arrugas sobresalía un tatuaje muy viejo de una araña en su red. Se dio cuenta que yo observaba el dibujo.
—Alguna vez fui más joven que usted —no supe distinguir en su tono o en sus palabras si era agresión o solo una forma de poner en su lugar algo que le preocupaba, y agregó— No soy una bruja, pero esta araña marciana me ha dado superpoderes.
Era extraña, tenía un aire de dama decimonónica que me llevaba a pensar en tiempos pasados. Nació en mí la inquietud de averiguar cuántos años llevaba caminando esta tierra. Así que, la dejé hablar, a ver si su discurso me lo revelaba.
Me contó que “Para Elisa” había sido escrita para ella. Inmediatamente le pregunté si había conocido a Beethoven. Me pareció que su respuesta daba a entender que sí, aunque no lo confirmaba. También comenté acerca de que varias películas de terror tienen esa melodía.
—Los artistas y sus demonios… El que me hizo este tatuaje era fanático de la ciencia ficción y de Poe —dijo señalando mi libro.


 Arañas marcianas

UNA FINA CUERDA DE INCERTIDUMBRE: QUIETUD REAL




UNA FINA CUERDA DE INCERTIDUMBRE: 
                                                                 QUIETUD REAL

jueves, 9 de julio de 2015

Medio siglo: Las cartas olvidadas - Ada Inés Lerner







Medio siglo: Las cartas olvidadas - Ada Inés Lerner: Mary atraviesa la placita con la brisa precoz de la mañana; se menea con paso desparejo y torpe, mientras atisba el futuro de costad...

Relatos de pequeño formato de Cuentos del Can Cerbero

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José Carnero

Ada Inés Lerner, Luciano Doti, Rolando J.Di Lorenzo 

—Vladimir tiene relaciones sentimentales con nuestras vecinas. Además organiza fiestas hasta horarios intempestivos —se quejaron varios colindantes.
   Un quisquilloso denunció a Vladimir de haber organizado una orgía y ocultado el crimen de Anastasia, una oveja negra, en el fondo del terreno lindante, mientras él y su familia estaban de vacaciones. La policía investigó, punteó la zona denunciada.
    Vladimir dijo en su descargo que la relación sentimental había terminado hacía tiempo, pero ella se negó a abandonar la casa que fuera cobijo de aquel hermoso amor. El hombre siguió explicando que, luego del terrible desencuentro, pasaron unos días sin hablarse; porque aseguró que lo hacían.
   —¡Aunque parezca mentira ! —dijo con dramatismo—, con las miradas nos comunicábamos, porque el amor todo lo puede. Pero luego de eso, Anastasia, que decía no amarme más, no se iba, me decía que quería volver a la normalidad y encontrar un bello macho de su especie —Él sentía que todo eso era para martirizarlo.
   La policía siguió investigando el caso durante un tiempo, hasta que al comisario se le ocurrió que si se matan ovejas a cada rato para comer, qué diferencia podía haber entre matar para un asado de cordero o matar por una sexopatía, dado que las víctimas eran las mismas. El vecino quisquilloso no compartía ese criterio, y se quejó. Lo tildaron de loco, de estar él celoso de la oveja.                                                                                                                    
Su nombre se prestaba para ello. ¡También, llamarse José Carnero!

                                   — Zoofilia — 

  

viernes, 3 de julio de 2015

jueves, 2 de julio de 2015