EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

Relato en pequeño formato - En mi voz -- Amigos

domingo, 24 de junio de 2018

Noche de San Juan - Cuento de Luciano Doti


                                                                           Resultado de imagen para caballos alados de tarquinia 




Noche de San Juan
por Luciano Doti
Las ferias han sido desde antaño un ámbito en el cual se dan cita las expresiones más populares de cada tiempo y lugar. En la edad media tuvieron su apogeo, siempre vinculadas al sentir religioso. La de la Noche de San Juan fue acaso la única que logró sobrevivir hasta nuestra era. Su origen se remonta a la Europa pagana, no por nada solía coincidir con el solsticio de verano, y aquí con el de invierno; esto último le ha dado un tono tipo Halloween del sur. Decenas de leyendas se asocian a esta festividad.
Por aquellos días, se celebraba una nueva edición de la Noche de San Juan. Ahora, mientras escribo esto, no puedo recordar con exactitud si era esa noche o ya había sido la anterior, o la próxima; por eso prefiero decir que fue por aquellos días. Más teniendo en cuenta que la celebración cae casi encima de la del Nacimiento del Sol, de origen incaico. Y a veces ambas se unifican.
Me hallaba yo en la Feria de Mataderos, ese día había muchos números artísticos dedicados a ambas fiestas, aunque la de los aborígenes tenía epicentro en la Reserva Ecológica. Bebí bastante. Un poco había empezado a hacerlo yo solo, pero luego me encontré a unos amigos, y la ronda de vino patero y empanadas continuó extendiéndose. Como un regreso rutilante al medio-evo, me entregué a un pantagruélico festín. Tinto va, tinto viene, iba adentrándome en un soporífero trance, bajo la orbita de quién sabe que ídolo. Pudo ser, Inti, Baco o cualquier otro dios. De seguro no era Dios, no Jehová, pese a la invocación de San Juan.
En qué momento me sentí inmerso en ese océano sin tiempo y lugar en que habitan los seres que salen en la noche a atormentar las almas penantes, no lo sé con propiedad. Esta historia tiene más dudas que certezas al respecto. Quizás en esas dudas sobre el tiempo radique la principal certeza, ya que la ausencia de un orden cronológico indica la entrada a una dimensión diferente a la que habitamos en cuanto cuerpo. Estoy sí convencido de que había llegado a la feria de día, y que para entonces era ya de noche. Brillaban fulgurantes las fogatas encendidas en toneles de metal colocados para la ocasión. El rumor de la gente era un murmullo envolvente, cargado de una atmósfera siniestra. Me quedé atónito observando tal enjambre de personas, objetos y expresiones culturales; comidas cuyos aromas impregnaban el aire, un partido de fútbol improvisado en plena calle con una pelota que ardía en llamas, jineteadas… A lo lejos se oía el galopar de una tropilla de equinos, un eco distante que a cada segundo se volvía más y más próximo. Cuando ya estuvieron junto a mí, me di cuenta de que las bestias no eran simples caballos, ni los jinetes personas comunes y corrientes. Las bestias eran más bien una especie maldita, que pretendiendo emular a nuestros nobles equinos, se les mimetizaban sin alcanzar a ser iguales, principalmente porque éstos tenían alas. Los jinetes serían los del Apocalipsis, ¿quién sabe?; estaban enmascarados y no hacían más que galopar en círculo, en rededor nuestro, contemplando las fogatas. Después levantaron vuelo. Yo seguía observando, atónito. Un poco porque el consumo de vino me había quitado las ganas de hablar, experimentaba un estado de narcolepsia, frecuente en tales circunstancias, y a eso se le sumaba que esos jinetes y sus bestias me habían robado parte de mi voluntad, me habían despojado de toda fuerza al remontar vuelo.
Pasaron el resto de la noche volando también en círculos. De vez en cuando alguno se mandaba una caída libre hacia nosotros para luego regresar al aire, describiendo una suerte de “U”. En cualquier caso, no lograban tocarnos. Finalmente, el amanecer los disipó.
Es una noche mágica la de San Juan, desde el medio-evo se la ha elegido como celebración cargada de misticismo. Cuenta una leyenda que viene de aquellos tiempos, que en la región del antiguo reino de Asturias, unos caballos con alas y de diferentes colores suelen sobrevolar los campos montados por misteriosos jinetes, y los pastores encienden fogatas, ya que es creencia popular que el fuego es el mejor antídoto para ahuyentarlos.

lunes, 18 de junio de 2018

LOS CUENTOS DEL CAN CERBERO: El brujo y los demonios – Luciano Doti, Sergio Gau...

 El brujo y los demonios – 

La fama del brujo había trascendido por toda la región, y yo fui a su guarida acompañando a mi amigo Leandro, a quien le habían aconsejado ir a verlo por un tema de amores contrariados. El viejo era de raza negra, o al menos mulato; al parecer eso hacía más creíble que fuera poseedor de un saber que, supuestamente, los blancos occidentales ignoramos. Mi amigo hizo su consulta en primer lugar, y me convenció para que luego le siguiera yo. El viejo me miró fijo, sin pestañear; tenía la vista como perdida; estaba, o fingía estar, en trance.
—Debes luchar contra tus demonios interiores —dijo al fin.
—¿Perdón? —No hizo ninguna aclaración, dando por hecho que lo había escuchado bien.
—Si no luchas, ellos te dominarán. Y si lo haces solo, sin la ayuda de un experto, no se irán tan fácilmente.
—¿Entonces?
—Yo te puedo ayudar haciendo un “trabajo” de liberación, para que esas entidades no te molesten.
—Nunca he notado que me molesten esas entidades…
—Tus problemas y nerviosismo se deben a ellos —insistió el brujo.
Quedé en que, si acaso decidiera hacer ese “trabajo”, regresaría, pero tenía que pensarlo. Créase o no, el poder de la sugestión de estos sujetos es muy grande, y durante los días siguientes comencé a pensar, y acabé por sentir, que lo que me había dicho el viejo reflejaba algo que en verdad me molestaba. Estaba un poco amoscado porque no me gustaba reconocer que un desconocido fuera capaz de ver en mí cosas que guardo celosamente y tampoco estaba dispuesto a admitir que me hablaran de mis demonios interiores. Había evadido recurrir a un psiquiatra o psicólogo profesional y me decía a mí mismo que todo estaba bien, que tenía un buen trabajo, que no me iba nada mal en la vida. Pero ahora este brujo andrajoso…  me recordaba algo que yo quería olvidar. ¿Olvidar qué? Que Mariela había desaparecido, que quizás había muerto. La busqué durante mucho tiempo y no encontré rastros de ella en ninguna parte; los amigos en común eran incapaces de darme datos fidedignos sobre su paradero y nunca había regresado a los lugares que solíamos frecuentar. Lo único extraño era que la vida seguía como si nada hubiera pasado, como si el 18 de agosto de 1994 nunca hubiera existido. Ese día fatídico habíamos firmado el contrato de propiedad de un departamento para irnos a vivir juntos. Pero no hubo futuro, solo seguir y seguir, una sobrevida absurda y sin sentido. Ese duelo marcaba mis horas. Y el brujo maldito que sacaba a relucir el asunto de mis demonios interiores.
Me encontré con Leandro a tomar un café. Después de todo, él era una especie de cómplice de mi incursión en el submundo de la brujería.
—Hay que creer o reventar —dijo Leandro para romper el hielo. Pero yo era un hueso duro de roer.
—¿Qué querés decir?
—Que el negro dio en la tecla, quiero decir. Me solucionó todos los problemas. —Me miró extrañado—. ¿Qué te pasa a vos? Es como si no pudieras aceptar lo que salta a la vista.
—¿Ah, sí? —dije—. ¿Y que salta a la vista?
—Que arrugaste cuando estabas a punto de irte a vivir con Mariela, que la asesinaste para no enfrentar el drama existencial que te mortifica.
—¿Estás hablando en serio? —Empujé el cuerpo hacia atrás y la silla chirrió al frotarse contra el suelo de mosaicos del bar.
—Estoy hablando en serio, Marcelo.
—¿Quién te dijo eso?
—Tus demonios interiores se lo dijeron a los míos.
No podía creer lo que estaba escuchando de boca de mi amigo, y lo hubiera estrangulado a él también si no fuera porque los demonios interiores, saliendo por todos los orificios de mi cuerpo, me aferraron los brazos y piernas para impedirlo.

Acerca de los autores:
Ada Inés Lerner
Luciano Doti
Sergio Gaut vel Hartman

domingo, 10 de junio de 2018

Persistencia3 - Ficción breve escrita por mujeres-
















Foto de Calíope y Euterpe.



autor: Varios






La persistencia retiniana permite que veamos películas y videos con la sensación de continuidad. Esa continuidad forma la historia y otras continuidades forman la Historia. En esta antología plasmamos historias breves escritas por mujeres. Más allá de la posibilidad de tener un cuarto propio, como decía Virginia Woolf, estas mujeres, como las de todas las épocas, realizan un sinfín de actividades a las que les roban tiempo para satisfacer la pulsión de escribir, de reflexionar, de imaginar, de expresarse. Tienen, además, una variedad de intereses que se nota en sus ficciones: pasan por lo social y lo filosófico sin dejar de lado la fantasía, lo cotidiano y la ciencia ficción. Te invito a abrir la puerta hacia estos pequeños mundos y a seguir los trabajos de las autoras en los datos de contacto que figuran en cada biografía. Aquí seguimos, en busca de la persistencia de las ideas, de la memoria, de los derechos, de las luchas, de las historias que son la urdimbre de la vida de cada persona.

El resto de los cuentos se pueden leer con .epub. .mobi.




Los que siguen son de Ada Inés Lerner

El ritmo
Por favor, sea breve —dijo el relojero —debo poner en orden los relojes. El
ritmo del tiempo es mi responsabilidad. .Un error podría ser fatal para la
Humanidad. ¡Y para el resto del Universo!   En el Génesis la marcha era
acorde, pude ocuparme de otros asuntos: conciliar con Abraxas, regular a los
demiurgos y otras tareas. El tiempo no pasa en vano y mi misión es promesa de
futuro. No lo digo por soberbia. Soy Dios, sólo soy Dios.

El jardín
Al fin paró de llover. Esta noche la luna la amenaza con su luz, en la humedad del
jardín. Se pueden sentir más frescas y brillantes las hojas. Las guías de la
hiedra avanzan con pasos desordenados. Bajo los pies de ella hierve la vida, la
vida que la rodea, la desconcierta, lentamente la envuelve y la abduce hacia
una estrella lejana.

Morir mañana
En el Orden del Infierno se castiga primero a los pecadores más lejanos a
Dios: los fraudulentos y los traidores, que pusieron el mayor uso de la razón en
pecar.
Vladimir y Joe, entre otras perversidades, son gestores de guerras
donde mueren inocentes por abandono, inanición, explosivos o daños
colaterales.
Aterrorizan a los dos infractores con un moderno método de la inteligencia
artificial. Una diosa menor introduce en los cuerpos de estos sentenciados
pequeñísimos robots, nanites, que penetran en sus cuerpos y son células
dormidas que se activan por una clave binaria.
Las próximas víctimas son oportunamente informadas de que han
sido inoculadas y por siempre temerán que cuando la Justicia lo ordene,
comenzará de inmediato una hemorragia de todos sus órganos y será imposible
que la detenga la medicina tradicional.
Vladimir y Joe sobrevivirán temblando las carnes hasta el Gran Día, y ése será
su Castigo: temer más y más, a cada instante, la posibilidad de morir que a la
muerte misma, a la que, me consta, conocen y frecuentan.

Ada Inés Lerner Goligorsky es argentina y editó los libros La cuadra
de las viudas, cuentos – Faja de honor Sociedad de Escritores Bonaerenses de
La Plata; El hombre de mis sueños – cuentos eróticos.
Es además Socia honoraria de SADE Oeste Bonaerense y fue distinguida con varios premios y menciones en Instituciones argentinas, uruguayas, chilenas y españolas..
Publica en diversas revistas literarias como

http://elnarratorio.blogspot.com.ar/ y http://sognodelminotauro.blogspot.com.ar
http://archivosdelsur.com.ar, etc


jueves, 7 de junio de 2018

Invisible - Bificciones - Ana María Caillet Bois y Ada Inés Lerner

                                                 INVISIBLE


Cuando él estaba, mi marido, hablaba solo; era el hombre. Luego se fue yendo de viejo y seco nomás. A mí me empezó a ser difícil obtener las palabras de mi pecho, y de soplones ajados, de tanto silencio que habían guardado, desaparecieron. También volaron los recuerdos y la memoria quedó maltrecha y vacía, lo mismo que los hijos, que dejaron de venir. Los adornos antiguos desaparecieron o se fueron rompiendo. Y hasta yo me fuí borrando, como un dibujo ajado por el tiempo y el abandono.

Nadie se percató, porque los viejos se van perdiendo o quedan en un rincón, invisibles; así quedé yo, sorda e inaudible. De vez en cuando sentía cosas, el viento que me rozaba,el calor del sol que calentaba mis frágiles huesos, la lluvia que me mojaba, pero solía pensar que soñaba. Si estaba adentro de la casa no me podía rozar el viento, ni calentar el sol ni mojar la lluvia.

La vivienda, y todo el parque que la rodeaba, se volvieron invisibles, como yo; desapareció el cerco de entrada, ese que estaba rodeado de plantas para no ver el afuera, y los rosales que yo misma había plantado para dar un toque de color a aquella casa, siempre tan oscura como si nadie hubiera vivido en ella, se desdibujaron.