EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

Relato en pequeño formato - En mi voz -- Amigos

sábado, 11 de mayo de 2019

_Revista Limache - Chile - Publicó mi Cuento: NUNCA DEBÍ VOLVER

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 — Nunca debí volver — Ada Inés Lerner

—La hipótesis intraterrestre defiende que el origen del fenómeno OVNI —decía Alberto mientras esperaba que su cortado se enfriara —está en el interior de nuestro planeta.
   — ¿Crees en la premisa de la hipótesis intraterrestre? —refutó Jorge G. —explícame porqué todos los países más avanzados los buscan en el Universo.
   —La existencia de civilizaciones en otros planetas es por conveniencias económicas —refutó Alberto  —Si los intraterrestres fueran civilizaciones evolucionadas, no como la que destruyó la Tierra ¿no habría espacio físico independiente ni posibilidades de progreso para los humanos?     
   — Nunca debí volver. --- les dije a modo de reflexión. Fue una mala idea. Ayer pertenecía a la UAC Universal, fui doctorada en exo biología  en sus laboratorios científicos y en los viajes espaciales de investigación a Saturno y a Titán, la aclimatación y sus peripecias me han dejado en el alma y en el cuerpo algunas huellas ---el silencio de mis compañeros de mesa me animó a continuar ---No previne que en mi pueblo y en el planeta todo, el éxodo había cambiado el paisaje, el humor de la gente, la vida en general; mi mejor amiga tiene una relación con un sistema operativo, lo ama, sí, ella lo ama y él a ella.
   La veo caminar por las calles o tomar un cortado mientras escucha sonriendo a su amado por un microscópico auricular insertado en su oído izquierdo.
   Es algo raro, me parece, dice que está enamorada de él no sólo porque es rápido y eficiente, sino porque es cálido y atento, está cerca siempre, en su teléfono inteligente, en su casa, en el trabajo, en fin, ella lo corporiza con el aspecto de George Clooney y donde más lo necesita.
      Dice que hace el amor más ardiente que su ex marido.
   — ¿Cómo? —le pregunté
   —Un grupo de cirujanos especialistas en estética cyborg me implantó un puerto USB, ¡te imaginas dónde! —dijo entre risas —y Georgy tiene una prolongación ideal que no necesita lubricante y me hace feliz.
   — ¡Claro! —dije horrorizada
   —Su voz me acaricia con canciones mientras duermo y me mira arrobado, yo lo acaricio y él aúlla como un lobo —y agregó —como un lobo feroz, dice que yo soy su Caperucita.
   Mientras, mi amiga suspiraba y me presentaba a su amigo en una laptop de cristal negro sentí que ella, en su locura, estaba realmente enamorada.  
   Entiendo que ya es difícil enamorarse en esta época, en esta sociedad… es raro, pero la veo tan feliz que temo llegar a mimetizarme en una relación de a tres.      
   Y no es el único caso porque donde estaba el lugar de la calesita de mi infancia instalaron un gran salón con boxes privados con servicio de bar donde los concurrentes pueden suplantar el silencio de sus vidas.  
   Muchos, demasiados locales han sido absorbidos y están tan al paso…
   En los suburbios más pobres, todavía no llegan, porque hay baldíos marcados por la basura radioactiva que cae de los satélites artificiales. 
   Los cómplices de mi adolescencia se han ido ¡vaya una a saber adónde! y ni las paredes de las casas han quedado en pie en el sitio en que yo había sido muy feliz: a pesar del entrenamiento, resguardo los recuerdos de mi infancia de pueblo. 
   Las antiguas casas de la partera y la farmacia ya no están, Defensa Civil, casi inexistente, alguien levantó un edificio profundo donde funciona un refugio y cada tanto una alarma llama a los sobrevivientes, antes de entrar los examinan con el láser y luego les dan un hogar de acero sin ventanas ni el calor del sol, cada vez más lejano.
   Mi amiga dice que las parejas, algunas casuales buscan “su rincón”, si alguno no tiene casa propia, es ideal.       
   Ayer yo no conocía los resguardos y hoy sé que están obsoletos aunque imprescindibles pero ¡tan cerca de mi escuela! donde todavía se enseña y se aprende,  para una que ya sabe que por ahí no pasará el futuro y porque es difícil regresar donde las ilusiones ya no crecen como la enamorada del muro.
    No, gracias al progreso y a la tecnología nada dura para siempre. Al pasar por esos lugares eché de menos a alguien que en su momento estuvo a mi lado y hoy se fue ¡quién sabe adónde!  Quizás acompañando a otra, que ni siquiera puedo odiar.
     Si él regresa y no me reconoce será porque él tampoco es el mismo.
     Y es posible que lo peor de esta visita sea que pasé por el viejo y ruinoso bar, el único que quedó vivo mostrando la piel ajada de una necesidad humana del vicio y me reconozca, sea “el malo de la historia”  y me diga con la misma  voz burlona.
     — Pero si sos vos, ¡Hola Raquelita!, la novia de la juventud, tengo amores con una extraterrestre, uno de las tantas que invadieron nuestra ciudad. Ahora no existen más los sexos, ellos son los dueños. ¿Querés conocer a mi amiguita? Tenemos un hogar moderno.
     Me alejé rápido de él. Nunca debí volver. Nadie me respondió.       


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