EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

En mi voz

martes, 16 de mayo de 2017

Cuento a tres cabezas

Resultado de imagen para pareja discutiendo dibujo
Tomada de Google
Autores:
Ada Inés Lerner,
   (Argentina)                                                            Omar Chapi
  (Ecuador)
 Fabián Rafael
   (Argentina)              
                                                                                           
Pregunta incómoda                                                                      

—Mamá, si nos portamos mal y hacemos cosas malas, ¿vamos al infierno?— Preguntó el niño, con sus ojos bien abiertos.
—Así es— contestó, su madre sin darle importancia a la pregunta.
 —¿Y, en el Infierno nos queman con hierros calientes, todo el cuerpo?— insistió, el niño moviendo sus manos simulando un brazo quemado.
—Sí, eso dicen—. Contestó, ella ya más atenta a la pregunta.
—Pero, si ya no tenemos cuerpo, ¿cómo sentimos el dolor?— Exhortó el infante y mirando con fijeza a su madre.
—M… la verdad… mejor anda a dormir, mañana seguimos hablando—. Contestó la madre, preocupada.
El niño obedeció.
Al rato llegó el padre.
—Viejo, ¿sabes lo que me preguntó el nene?— Le contó, la mujer al marido.
—No, ¿qué te preguntó?— Contestó, el padre sin dejar de leer el diario.
—Preguntó: ¿si nos portamos mal y vamos al infierno? Y, ¿si no tenemos cuerpo físico, cómo nos pueden causar dolor? La verdad, no supe que contestarle, ¿vos que crees?
—Yo no sé, pregúntale al cura, creo que él si le va a dar una respuesta coherente–. Dijo él.
 —¿Vos crees viejo?, los curas siempre están ocupados en otras cosas—, no para resolver preguntitas de niños— reiteró, la madre -y, ¿qué le vamos a decir al niño, de seguro mañana vuelve preguntar?
 —Caramba mujer, ¿será que buscas algo en Internet y respondes al nene?
—La verdad, es que no se me había ocurrido— dijo ella.
—¿Y el nene, por qué anda preguntando esas boberías?– Cuestionó, por primera vez, el padre ya irritado.
—No sé, la verdad es que desde unos días anda muy raro. ¿Será que tiene algo que no nos quiere decir?–Dedujo la madre.
—Mira, en vez de estar especulando, ¿por qué no vas y hablas con él?– Gritó el hombre.
—No lo sé, porque si me sale con eso del infierno, voy a perder la calma y sería peor, ¿no crees? --La madre, fastidiada por la indiferencia paterna, agregó. —Ya vas. ¡No vamos a discutir por esto!
Se exaltó él y continuó
—¡No me grites! Eres su madre y es lo único que tienes que hacer, yo salgo a trabajar todo el día y ahora me venís con problemas del niño– se paró frente a la mujer y la empujó para pasar. Ella trastabilló, cayó y su cabeza golpeó contra el filo del armario.
--Qué pasó acá– preguntó el Fiscal. Una pregunta incómoda para el padre, porque la madre ya no podía responder.
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