EL UNICO ESCRITOR SOY YO - DON QUIJOTE

En mi voz

jueves, 12 de noviembre de 2015

El ajedrez de los niños

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Desde el ajedrez de los niños 
Ada Inés Lerner

La bruja abrió el Libro Amarillo y recorrió sus páginas sanguinolentas. Escudriñó a un lado y a otro para asegurarse que nadie la espiaba y cuando estuvo segura que estaba sola buscó un potaje secreto y el espejo mágico para embellecer su rostro, quería conquistar al nuevo verdugo. 
Hombre fiel al Rey Blanco y a sus deberes podría suministrarle cabezas decapitadas para sus experimentos. Cuando vio que el día se desmoronaba en nubarrones negros como su alma se acercó volando a la casa de su futuro cómplice. En su ansiedad olvidó cambiar su ropa pero en un toque mágico se vistió de lila. Esperaba ansiosa que él la recibiera.
—¡Verdugo! —gritó frente a su puerta, las paredes se estremecieron —tengo algo importante que ofrecerte —simuló con una vocecita sugestiva y casi femenina —Tú que eres el temor de todos los reyes y peones podrás vivir por siempre si hacemos un arreglo.
Silencio.
 —¡Yo no tengo miedo de los reyes ni peones! —bramó el verdugo —¡Fuera, de mi puerta, vete! —gritó de tal forma que el Rey Negro que cazaba por las cercanías los escuchó. Y también sus alguaciles que en tiempo de paz tocaban en sus laúdes  canciones a las Reinas que jugaban con las Torres. 
Los caballos blancos relincharon fiero y la Reina  Madre Blanca cuchicheó con su par, la Reina Madre Negra, porque a las Madres no les gusta la guerra, y cubrieron de polvo los ojos de la bruja que se retiró desarrapada y sucia y el Verdugo no abrió nunca más su puerta. Allí quedó esclavo. 
—Los peones no tienen que preocuparse todo será paz y alegría porque —sonrieron —los hombres no existen.


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