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En mi voz

domingo, 5 de junio de 2016

El rollo que vuela

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    El rollo que vuela
    Ada Inés Lerner                                                
                                                     De nuevo alcé mis ojos y miré,
                                                      y he aquí un rollo que volaba.
                                                        Y me dijo: ¿Qué ves?
                                                                                                                              Y respondí:
                                               Veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo,
                                                                              y diez codos de ancho.
                                                  Cap.5 – Zacarías – Antiguo Testamento                                                                 

—Madre, necesito de usted, que en paz descanse...
    —Me sentiré muy honrada, hijo ¿que ocurre?
    —He tenido un sueño muy extraño, con cierto misticismo y pienso que usted puede ayudarme a interpretarlo… Vea madre, soñé que galopábamos, Zacarías y yo. Ya entrada la noche íbamos al norte,  estábamos apenados, en silencio con esas tristezas de las que los hombres no hablan, ¿vio? Al girar los pingos al este, y a lo lejos, vimos algo que volaba.
   —¿Qué ves, patrón?  —me preguntó Zacarías.
  —Veo un rollo que vuela —le contesté yo  —Los caballos, asustados, ocuparon toda nuestra atención, no era cosa de quedarnos de a pie. Dominadas las bestias, sin consultarnos siquiera los dos seguimos el mismo rumbo: para las casas.  Íbamos llegando cuando un espectáculo infernal se ofreció a nuestros ojos. Mudos,  asombrados, vimos que era una nave espacial, un ovni que le dicen, bien definida por luces propias; se había adelantado a nosotros. Hombres, mujeres y animales parecían enloquecidos, corriendo de un lado a otro, como  perseguidos por ánimas malditas.
Madre se persignó.
   Pedro conducía atento al camino como si ahí, en el sendero que marcaba el asfalto gris, estuvieran escritos sus sueños.
  Los animales de la granja yacían muertos por todas partes Madre, destrozados a dentelladas por los perros.
   —¡Pedro! ésa es una cita del Antiguo Testamento, estoy segura, no recuerdo a qué libro, ni el versículo, pero puedo encontrarlo.
  —¿Vio? a mí me parecía... Los chicos saltaban en un extraño baile de muertos. Todos parecían contagiados del furor que había prendido en los irracionales. Como si Mandinga…
   Ante la mención del Maligno, Madre  se persignó nuevamente y besó la cruz que llevaba en el pecho.
  —Como si Mandinga se hubiera enseñoreado del pueblo y hubiera querido herirlo con una plaga, la peor de todas: la locura.
    Habían llegado hasta el campo que fuera de sus padres y Pedro detuvo la camioneta, le abrió la puerta y la ayudó a bajar. Se sentaron en la sala.  Pedro  hizo mate y Madre los cebaba. Ya cómodamente instalados:
    —El ovni se acercó  y al bajar una luz blanca iluminó todo, hasta el horizonte, cegándonos y dejó un gran círculo  de pasturas quemadas. Zacarías y yo pudimos advertir que, efectivamente, se trataba de una nave espacial. Se apoyó en el suelo, en la parte superior se advertían escotillas oscuras. En un enorme círculo inferior se abrió una puerta que daba al este. Nos acercamos sin poder evitarlo, era más fuerte que nosotros. Subimos unos pocos escalones y entramos. Pudimos ver un salón circular con tres puertas iguales. La disposición, tan exacta  y simétrica, me recordó a un laberinto que recorrí en Cruz del Eje.
     Me sentía frente a un desafío del destino: los extraños me daban a elegir entre las tres salidas como si fueran tres dilemas, tres disyuntivas y yo debía optar por una. Los tripulantes nos observaban en silencio, sentados alrededor de una  mesa redonda. Los vi,  Madre, como la veo a usted ahora... Entonces uno me dijo: Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta (como está de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que jura falsamente (como está del otro lado del rollo) será destruido y dice Jehová de los ejércitos, que vendrá a la casa del ladrón, y a la casa del que jura falsamente en mi nombre y permanecerá en medio de su casa y la consumirá, con sus maderas y sus piedras...
     Y salió Áquel que hablaba conmigo y me dijo: Alza ahora tus ojos y mira qué es esto que sale.  Y  dije: ¿Qué es? Y Él dijo: Este es un día en todo que sale. Además dijo: Esta es la iniquidad de ellos en toda la tierra.
      Y he aquí (levantaron una tapa de plomo), y un calendario estaba grabado allí y Él dijo: Esta es la Maldad; y la echó dentro y echó masa de plomo en la boca del día 11 del 09 de 2001.
      Alcé luego mis ojos y miré y dos mujeres que salían y traían viento en sus alas y tenían alas como de cigüeña, y alzaron el vuelo entre la tierra y los cielos.
     Madre tenía la mano acalambrada de persignarse. Pedro,  sentado a su lado, gesticulaba, contra su costumbre, como si estuviera muy exaltado:
       —Y así, sin hablarnos, sentí que comprendieron que los habíamos entendido; pensé  seguro fue nuestro Señor que nos ayudó con ese  Concejo...   Luego volvimos todos los del pueblo, cristianos, monturas y perros, Zacarías y yo,  cada uno a su tarea”.
     Madre y Pedro hicieron silencio.
     Lo del rollo recuerdo haberlo leído —dijo Madre —parece ser la visión del profeta Zacarías; todo me suena conocido... ¿leíste la Biblia, alguna vez?  Parece ser una historia bíblica. ¿No querés hablar con el padre Ernesto?
    —No, no se ofenda, Madre, no concuerdo mucho con él. Aunque debo reconocer que Ernesto es inteligente y abierto, y sí, he  leído un poco la Biblia, pero no tengo presente...
    —Está bien, hijo,  y ¿ese dilema entre...?
    —Quédese tranquila, yo sé bien qué puerta voy a abrir. No tengo dudas, y en ningún momento he vacilado. Madre, vamos a visitar la gruta y llevarle unas flores a Nuestra Señora...
   Llegaron a un convenio tácito, esta charla sería un secreto entre los dos. Luego Pedro la llevó a visitar el lugar donde había bajado el Ovni, Madre se persignó y al levantar la cabeza al cielo desplegó sus alas y se elevó hasta más allá de la vista de Pedro.
                                                                  
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